Entre muchos fenómenos preocupantes que provocaron el aumento de la percepción de inseguridad en 129% durante 2011, hay dos delitos relativamente nuevos que afectan a Guadalajara: los robos de aparatos electrónicos portátiles y de joyas, y el asalto a mujeres para despojarlas de su cabellera.
Apesar de la campaña Ciudad Segura que presume el ayuntamiento tapatío, en Guadalajara está aumentando la actividad de las bandas dedicadas exclusivamente al robo de aparatos de última tecnología en la zona rosa, y sobre todo en la avenida Chapultepec.
Proceso Jalisco ha comprobado que este delito se comete incluso a menos de 70 metros de un modulo de la Policía de Guadalajara, ya que por ahí pasean muchas personas que llevan teléfonos inteligentes como Blackberry e Iphone, así como computadoras portátiles, ya sea Tablet o laptop.
Aunque la Policía Municipal ha informado que cuenta con 100 cámaras de vigilancia y ha detenido a casi un centenar de estos ladrones, conocidos como “tumbadores”, los integrantes de la corporación lamentan que todos los que han remitido al Ministerio Público salen libres horas después por falta de denuncias formales.
Un martes a las 2:30 de la tarde una joven caminaba confiada con su celular en mano por ese rumbo. No se percató de que la acechaban dos hombres en un vehículo compacto.
Ya sobre la esquina de López Cotilla y Chapultepec, uno de los sujetos interceptó a la joven y le arrebató el teléfono. Enseguida huyó con el apoyo de su cómplice, que lo esperaba en el auto, hacia Libertad y Progreso. Cerca de ahí está el Consulado de Estados Unidos y otro módulo policiaco.
Los gritos de la víctima no causaron ninguna reacción entre la gente que pasaba por ahí ni entre los comerciantes, aunque la asaltada corrió tras los rateros. Un vendedor de periódicos dice que escenas como esa ya son normales ahí; agrega que esta semana le ha tocado ver tres asaltos parecidos.
Otros testigos dicen que los responsables son jóvenes provenientes de las colonias populares o de la periferia de la ciudad. Forman bandas de seis o siete que utilizan varias motocicletas en sus atracos. Describen su forma de actuar:
“Son chavos de 18 o 25 años. Antes de atacar dan varios paseos por la zona hasta que ubican a alguien portando algún aparato que les interesa y al puro pasar le arrebatan el botín para escapar en motocicletas. Últimamente hemos visto una de colores rojo y blanco, tipo Biwis, de la marca Yamaha”, dice un vendedor.
Estos delincuentes rondan especialmente los comercios y plazas donde se ofrece el servicio gratuito de internet (Wi-Fi). Ahí se reúnen a diario decenas de usuarios de aparatos con tecnología de última generación, que una vez robados suelen acabar a la venta en el mercado San Juan de Dios y en locales de la Plaza de la Tecnología, todos a mitad de precio aunque muchos no se pueden ser craquear o desbloquear.
Los focos rojos están encendidos entre las avenidas Chapultepec, al poniente, y Enrique Díaz de León, al oriente. De sur a norte, entre las avenidas Niños Héroes e Hidalgo.
Pero también debe mencionarse el primer cuadro, cerca de los palacios Municipal y de Gobierno, así como las inmediaciones del Congreso del estado. Pese a que esta área tiene vigilancia de policías y cámaras de video, abundan los atracos a peatones a manos de “cadeneros”, que arrancan de golpe collares, gargantillas, aretes, anillos, esclavas y otras joyas.
Por lo general los cadeneros andan a pie, en bicicleta o en motocicleta. Por lo común traen dos playeras para cambiárselas tan pronto cometen un asalto y así evitar que los atrapen por la descripción inmediata de la víctima. Las joyas robadas las colocan en negocios establecidos que compran oro y plata cerca de ahí, en las calles de Madero, López Cotilla y Prisciliano Sánchez, entre 16 de Septiembre y la Calzada Independencia.
En entrevista, agentes policiacos de Guadalajara señalan que para detener a los ladrones es necesario encontrarlos en flagrancia. Admiten, no obstante, que los módulos de Seguridad Ciudadana a veces responden “con baja efectividad” a los llamados de auxilio y aun con el riesgo de que los propios policías sean víctimas de los delincuentes:
“Si nosotros nos salimos por ir a agarrar al ladrón y a nosotros también nos roban la computadora o las bocinas del aparato, eso nos lo cobran y nuestro sueldo no alcanzaría”, explica un policía recién egresado de la academia.
Eduardo Morfín, un residente de la colonia Americana, está convencido de que los robos de autopartes, computadoras, celulares y hasta de bicicletas se ha incrementado como nunca en la actual administración municipal. Agrega que desde hace dos años la inseguridad ha crecido desmesuradamente en la Zona Rosa y recuerda que hace un año, en López Cotilla y Robles Gil, dos tipos asaltaron a su hijo y le arrebataron su celular, pero antes le fracturaron la mandíbula.
Morfín argumenta que de poco sirven las videocámaras de seguridad reguladas por la Secretaría de Seguridad Ciudadana del municipio, ya que los índices de delincuencia no han disminuido. Aun con los uniformados presentes, dice, “aquí ya no importa la hora: los robos se dan desde las 2 de la tarde hasta las 2 de a madrugada y los policías se hacen de la vista gorda. A mí en menos de tres meses me robaron el estéreo de mi coche y poco después hasta el medidor de agua de mi casa, lo que jamás me había pasado en mis más de 50 años”.
Números rojos
En entrevista con este semanario, el especialista en seguridad pública Dante Haro Reyes indica que, según el Instituto Ciudadano de Estudios Sobre Inseguridad (ICESI), siete de cada diez habitantes de Guadalajara dicen sentirse inseguros en las calles.
Esta situación, agrega, refleja un deterioro social, la falta de oportunidades de empleo y la falta de espacios en las universidades. En 2011 los robos a transeúntes aumentaron en 129% sólo en el municipio de Guadalajara, en comparación con el año anterior, de acuerdo con los últimos datos de la procuraduría estatal.
Recuerda que nada más el 20% de los casos se denuncian y no se sabe con precisión el número total de afectados, pero advierte que el robo hormiga a transeúntes se ha extendido de tal forma que, en la zona metropolitana, quienes no han sido víctimas directas tienen al menos a un familiar cercano que ya lo vivió.
“En Jalisco tenemos el récord histórico en asaltos bancarios. Además se registran más de tres ejecuciones diarias, lo que equivale a más de una por hora. Y súmale que casi la mitad de los jóvenes que buscan estudiar son rechazados por las universidades. Esto se convierte en un caldo de cultivo para la formación de delincuentes”, explica Haro.
A decir del investigador, es urgente trabajar más en la prevención del delito y en la depuración de las corporaciones policiacas, pues “existe la sospecha de que hay grupos de agentes que pueden estar involucrados, dado el incremento evidente de delitos y la falta de resultados en materia de seguridad”.
Por su parte, el vocero de la Policía de Guadalajara, Carlos Alberto Amaral, revela que existe toda una industria del robo que opera de manera regular y fragmentada en diferentes partes de la zona metropolitana, la cual es difícil controlar porque no se le da seguimiento a cada uno de estos robos.
Como ejemplo cita el caso de la banda de Los Pelones, que tiene su base por el Cuartel Colorado, en el sector Libertad: “Operan en diferentes zonas y usan motos rentadas para no ser detectados”.
Aunque sostiene que de enero de 2011 al mismo mes de este año la corporación ha detenido a 70 tumbadores y cadeneros, que pone a disposición de la PGJ. Pero se queja de que los sospechosos son liberados en menos de 72 horas por falta de denuncias, con lo que se desvanece el trabajo efectivo de la policía municipal. Dice también que uno de cada cuatro de esos detenidos se dedica también a la venta de droga.
Tusadores
En Guadalajara, igual que en algunas ciudades de Brasil, Venezuela y Colombia, desde hace más de tres años se ha reportado el incremento de un tipo particular de delito: asaltos a mano armada contra jóvenes mujeres para cortarles el cabello.
Las cabelleras se cotizan bien en el mercado local por la escasez de este material en estéticas y salones de belleza. Estos establecimientos llegan a ofrecer hasta mil pesos por un par de mechones, con los que elaboran extensiones o cortinas de cabello natural que alcanzan un precio de entre 2 mil y 9 mil pesos, dependiendo de la longitud y el tipo de cabello.
La moda de comprar cabello no es nueva, pero comienza a extenderse en todos los estratos sociales:
“Antes era común que nos llegaran a ofrecer el cabello de las llamadas Marías, casi siempre robado –dice el encargado de una estética–; pero ahora llegan a ofrecernos cabello virgen de diferentes tonos y tipos. Como ahorita hay una escasez de cabello, pues nosotros los estilistas lo compramos para después revenderlo como extensiones. De hecho, hace rato vino una chava a vender su cabello porque a su amiga se lo habían cortado (robado) en la calle y tenía miedo que le sucediera lo mismo. Le dimos 700 pesos”.
El 15 de diciembre, una mujer de 23 años caminaba por la avenida Revolución hacia la Calzada Independencia, por el barrio San Juan de Dios, cuando fue amenazada por desconocidos con un arma blanca y le cortaron el cabello por la fuerza y en plena vía publica.
Una semana después, en la colonia Polanco, varios medios de comunicación informaron sobre un asalto similar en la avenida 8 de Julio. Por desgracia, la mayoría de esos ataques no son denunciados formalmente en una agencia del Ministerio Público, principalmente porque las víctimas desconocen si este delito está tipificado en el Código de Procedimientos Penales de Jalisco.








