Es un golpe devastador

A mediados de diciembre la directora del IPN, Yoloxóchitl Bustamante, y el doctor Jacinto Licea, veterano entrenador de Águilas Blancas, tuvieron un ríspido encuentro tras el cual la institución anunció que Licea dejaba el equipo para asumir otra encomienda. Desconcertado aún por el anuncio –“es un golpe devastador”, dice–, el afectado relata que nunca se acordó eso y lamenta que a las autoridades les importe poco su trayectoria e ignoren a sus deportistas.

“El Politécnico no puede tener equipos perdedores”, espetó la directora general del Instituto Politécnico Nacional (IPN), Yoloxóchitl Bustamante, al doctor Jacinto Licea, head coach desde 1971 de las Águilas Blancas, uno de los equipos de futbol americano que representan a esa casa de estudios.
“Si se refiere a las Águilas Blancas, no es un equipo perdedor”, le contestó el entrenador.
“No han ganado un campeonato en 19 años”, reviró la funcionara.
“Eso es otra cosa. Los Tigres de la UANL ganaron un título después de 32 años y eso que tienen todas las facilidades del mundo”, se defendió Licea.
“Tu ciclo en Águilas Blancas ha terminado”, sentenció Bustamante.
El encuentro tuvo lugar la segunda semana de diciembre pasado. El día 16 de ese mes, en uno de sus espacios informativos, Canal Once difundió en un comunicado de prensa que Licea fue nombrado “asesor general en materia deportiva”.
En el documento se enumeraron algunos de sus éxitos y deportivos, y se anunció que Licea “ha decidido ampliar su aportación a su alma mater para incentivar a los jóvenes que practican otros deportes (…), por lo que a partir de enero del próximo año atenderá los temas relativos a la práctica deportiva institucional y dejará de ser el entrenador en jefe del equipo de futbol americano del IPN, Águilas Blancas. Como asesor de la dirección general del IPN, el doctor Jacinto Licea Mendoza aportará sus 67 años de experiencia en materia deportiva para formar hombres que se identifican con la filosofía de servicio a la patria que caracteriza a la institución politécnica”.
“Aquello parecía (un obituario) de Gayosso”, dice Jacinto Licea, quien desde 1945, cuando comenzó su carrera de entrenador en jefe, ha obtenido seis títulos nacionales: en 1960 con el Poli Guinda, y en 1973, 81, 82, 88 y 92 con Águilas Blancas.
Dice que todavía no sale de su asombro. E insiste en que el acuerdo al que llegó con la directora del IPN en aquel encuentro fue que él estudiaría la posibilidad de aceptar ese cargo, punto que discutirían en enero, al regresar de vacaciones. Licea insiste en que nunca se dio por destituido.
“Es un golpe de muerte”, estima Octavio Martínez, El Suly, tackle defensivo del equipo, jugador de quinto año. “No se vale. Uno está de acuerdo en que los cambios son pertinentes, en que los ciclos terminan, pero no puedes terminar a una figura tan grande de la manera como lo hicieron, tras bambalinas, sin decir nada a los jugadores, que somos la materia primordial. El doctor tiene fuerzas, está entero. Aún tiene mucho que dar”, refiere.
Licea no entendió

El director de desarrollo y fomento deportivo del IPN, Alejandro Romo, aclara a la reportera que a Licea no se le sacó por la puerta de atrás ni tuvo una despedida fría. Señala que fue el único que no entendió que en aquella reunión Bustamante lo destituyó de su cargo como head coach, pero reconoce que, aunque en el comunicado se anunció el nuevo puesto que ocupará, fue en enero cuando el doctor les dijo que no aceptaba. Dice que también se le ofreció un homenaje de despedida, pero Licea tampoco quiso que se realizara.
Jacinto Licea admite que nunca imaginó que se iría de esa forma de las Águilas Blancas, aun cuando ya estaba pensando en dejar el puesto. Confiesa que durante más de 12 años estuvo preparando a los coaches de su staff para que de ellos saliera su sustituto.
“Todavía puedo trabajar igual que cualquier persona relativamente joven. Me siento perfectamente bien para hacerlo. Sabía que pronto tenía que retirarme. Me estaba preparando para irme. ¿Por qué, para hacer un cambio así, las autoridades no tomaron en cuenta a los jugadores ni al staff? Por eso había mantenido este staff.
“Yo los veía como mis sucesores. Tienen todo el derecho del mundo. ¿Tenían más derecho El Troni (Héctor López Magaña, el nuevo head coach) y su gente que los entrenadores que tienen años trabajando ahí? Se cometieron muchas fallas al tomar esta decisión”, sostiene el entrevistado.
–¿Cómo se siente fuera de este deporte, después de haber pasado más de 60 años en los campos de futbol americano?
–Como si te cambiaran de la Tierra a Venus.
–Es un golpe devastador…
–Sí, pero no van a lograr acabar conmigo. Afortunadamente toda la vida he tenido que luchar. Sé pelar, sé trabajar. Me adapto a cualquier tipo de trabajo que tenga que realizar. Estoy dispuesto a salir adelante. Por el momento me voy a dar clases en la sección de graduados de la Escuela Superior de Medicina a la coordinación de Medicina del Deporte. Hay bastante trabajo ahí.
–¿Ya se acabó su vida de head coach o se ve en otro equipo?
–No sé.
–¿Qué quiere usted?
–Leí en internet una oferta de Marco Martos, el head coach de la Universidad Anáhuac de Cancún, en la que habla muy bien de mí y me ofrece su puesto. Dice que se sentiría honrado de ser mi ayudante. Es un gesto muy noble. Me impresionó mucho.
–¿Considera injusta su destitución? ¿La ve como una falta de respeto?
–Sí. Con todo el derecho que tienen ellos de tomarla. Es de una calidad que no corresponde con lo que es el Politécnico.
–¿Es un desprecio a los años que le entregó al deporte emblemático del IPN?
–Sí, pero no estoy decepcionado del Politécnico. El IPN es una cosa y sus autoridades otra.
–¿Se ve fuera del IPN?
–No.
–¿Se va a morir aquí trabajando?
–No me gusta hacer esas declaraciones porque el futbol es adictivo para los entrenadores. No vaya a ser el diablo y me vaya a trabajar en otro equipo. No creo que me voy a morir aquí.
–¿Tiene esperanzas de que el IPN revoque la decisión y pueda usted regresar?
–Ojalá que se dé. Y si no, me hago a un lado. No quiero estorbar al desarrollo del equipo, pero sí tengo esperanzas de que se revierta, de que lo piensen mejor. A la doctora Bustamante le vendieron esa idea. Esto lo fraguaron Ernesto Mercado (secretario de servicios educativos) y Alejandro Romo. Por eso se ha puesto tan difícil la situación. Ellos son sus consejeros en el tema de futbol americano.
–¿Tiene algún problema de tipo personal con esos señores?
–Mercado nos confesó que es fanático de Burros Blancos, pero no creo que el fanatismo llegue al grado de cerrar los ojos. En más de 20 años Zacatenco (Burros Blancos) sólo le ha ganado un juego al Casco de Santo Tomás (Águilas Blancas). Fue en 2011. Nosotros no hacemos campaña en contra del otro equipo, pero desgraciadamente tenemos que hacer ese tipo de comparaciones.
–¿Piensa que la intención es que desaparezcan las Águilas Blancas y que el IPN se quede con un solo equipo, los Burros Blancos?
–Veo difícil, no imposible, que la intención sea esa. Espero equivocarme porque eso crearía problemas serios dentro del instituto y tendría una repercusión muy grande porque hasta gente que no es de extracción politécnica estaría protestando por una situación de esa naturaleza.
“No está demás echarse para atrás. No es de cobardes”, dice Iván Escobar, halfback del equipo Águilas Blancas. “Creemos que siempre hay una segunda oportunidad. Se ha cometido una injusticia. El doctor es un gran ser humano que le ha dedicado el IPN más de la mitad de su vida. Ha llevado a miles de jugadores al éxito en lo laboral, en lo personal, en la familia. Es un ejemplo de vida”, destaca.
Las razones del entrenador

Jacinto Licea señala que hay muchas razones por las cuales Águilas Blancas no han conseguido un campeonato desde 1992, entre ellas la falta de recursos económicos e infraestructura, comida, complementos alimenticios, medicamentos, seguros de gastos médicos para los jugadores, a quienes ni siquiera apoyan para que un maestro les cambie la fecha de un examen o realicen una permuta de plantel o carrera.
“En otras escuelas públicas han invertido una cantidad muy grande de dinero para mejorar. Nadie va a regalar gimnasios, utilería, campos excelentes. La diferencia fundamental ha sido esa. El IPN se rezagó económicamente. Es muy difícil que haya resultados así. Aquí a un jugador lo único que se le ofrece es el orgullo de pertenecer a uno de los equipos más queridos del futbol americano. Nada más.
“En todos lados les dan becas, hay talentos que quieren venir y no podemos ofrecerles nada. Ni posponerles un examen. ¡Por favor! Eso no puede ser. Hasta ese tipo de apoyos nos han negado. Nos dejan en desventaja por muchos lados. Para la semifinal 2010 no quisieron pagar 15 mil pesos para llevar a Monterrey una planilla neutral de árbitros. Nos robaron el juego y no pasamos a la final. No le pidas peras al olmo. Dame lo mínimo que necesito para funcionar bien y después pídeme lo que quieras”, explica Licea.
Dice que nunca ha tenido un salario por desempeñar ese puesto ya que está comisionado por la Escuela Superior de Medicina, donde tiene asignada una plaza de académico por la que recibe menos de 30 mil pesos mensuales. Los integrantes de su staff apenas desde hace tres años tienen salarios de entre 10 mil y 12 mil pesos al mes que al menos cobran puntualmente porque antes pasaban hasta seis u ocho meses sin recibir.
En representación del equipo de Liga Mayor, El Suly, el linebacker Aldo Saldívar, e Iván Escobar piden a las autoridades del IPN que dejen a Licea en su puesto por lo menos un año más con el presupuesto y todos los apoyos que anunciaron que canalizarán para el equipo a partir de este año.
“Si tuviéramos lo que requerimos, el doctor sería la primera persona en renunciar si no diera los resultados. Hace muchos años habría entregado su renuncia Su ética es muy grande como para seguir aferrado. Lo que él más quiere es al IPN y quiere ver a las Águilas Blancas campeonas. Todo ese apoyo que ya quieren dar lo vemos como un chantaje. Nos tratan de comprar. Lo tomamos como un ‘tú calladito, tranquilo, ahorita va a haber esto’, y así convencer a los jugadores”, dice Saldívar.
El Suly se queja de que Héctor López Mercado fue presentado en el casillero de las Águilas Blancas el miércoles 18 cuando los jugadores de Liga Mayor no entrenaron, por lo que al nuevo head coach sólo lo conocieron los de la categoría intermedia. De entrada, dicen que ni a él ni a nadie lo reconocerán como entrenador en jefe y que el equipo está pensando si van a disputar o no la temporada 2012.
“Estamos en una disyuntiva muy grande. Tenemos que valorar que somos jugadores de quinto año, que hemos crecido aquí y cómo vamos a dejar al equipo y no defender los colores del instituto, pero quedarnos es validar lo que están haciendo”, apunta.
“La postura de varios es jugar en otro lado –tercia Aldo Saldívar–. No lo hemos definido porque queremos terminar nuestra elegibilidad donde empezamos. Tenemos aquí muchos años, pero tampoco queremos estar donde no estemos a gusto. Es nuestra casa, el equipo que amamos, pero es muy difícil trabajar en un lugar donde no puedes ver con respeto a tus superiores por saber que usurparon un cargo que no les corresponde. El doctor nos ha enseñado que no somos dueños del equipo, pero tampoco está bien lo que están haciendo. Aún es una incógnita lo que vamos a hacer.”
Octavio Martínez señala que algo más importante que los campeonatos es la formación integral que Jacinto Licea ha dado a los jugadores a quienes ha enseñado a ser respetuosos, disciplinados, comprometidos con el IPN y con la sociedad, que ha formado hombres de bien y buenos ciudadanos que lo han tomado como ejemplo, pues es capaz de pagar de su propio dinero la comida, las medicinas o las cirugías de los jugadores.
“No estamos peleando por la leyenda ni porque el viejo sea eterno. Tenemos la convicción de que se quede por lo que ha dado en lo moral, más allá de lo deportivo. Eso es algo que no tiene El Troni. Todos tenemos cola que nos pisen, pero búsquensela al doctor. Él no tiene. Esa es la gran labor. Más allá de los campeonatos están los hombres de bien que él ha formado. Hay cosas más importantes que los títulos y eso no lo ve el instituto. El IPN se formó con la finalidad de apoyar a los hijos de obreros y campesinos. La persona que más enarbola los ideales del IPN es el doctor. ¿Cómo es que una institución dentro de una institución puede ser sacada así tan vilmente”, remata El Suly.