Del desdén al orgullo: Ya cuidan el acervo artístico de la Cancillería

El desdén, desconocimiento o impasibilidad con que llegó a mirarse, y tratarse, el vasto acervo de la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE) parece haber llegado a su fin con la creación del Museo de la Cancillería, inaugurado por Patricia Espinosa Cantellano el pasado 16 de diciembre en el Antiguo Oratorio de San Felipe Neri El Viejo, ubicado en el Centro Histórico.

Y no es que las más de 6 mil obras artísticas, alrededor de 2 mil de “artistas relevantes” y valuadas en 18 millones de dólares, vayan a llenar el inmueble construido en 1684 por el arquitecto Cristóbal de Medina Vargas Machuca. No cabrían, y además, buena parte de ellas se encuentra dispersa en las embajadas, consulados y demás representaciones de México en el extranjero, así como en las propias oficinas de la Cancillería en el país.

Pero ahora se planearán exposiciones en torno a este acervo catalogado y resguardado administrativamente por la Coordinación del Patrimonio Artístico, dependencia que tras un peregrinar por distintas oficinas (desde la Unidad o Dirección de Asuntos Culturales, hasta la Oficialía Mayor e incluso la de Bienes Inmuebles y Recursos Materiales, como si de computadoras o escritorios se tratara, denunció en su momento la funcionaria Nuria Armengol) quedó adscrita directamente de las oficinas de la canciller Espinosa.

Mientras la exsecretaria Rosario Green consideró en su gestión que el acervo contaba con “importantes muestras” de arte de los siglos XVIII, XIX y XX, el extitular de Asuntos Culturales, Gerardo Estrada, desestimó su valía al considerar que sólo algunas “son muy buenas” y sirven para “decorar nuestras embajadas… no sé qué otra palabra usar”, dijo en una entrevista con este semanario.

Al ser removida de su cargo al frente de la Coordinación del Acervo Artístico en agosto de 2005, Armengol narró en entrevista que el exsecretario Luis Ernesto Derbez tampoco la valoró. Ella le había preparado una presentación para darla a conocer a los medios, pero Derbez le mandó decir que cómo iba él a dar una conferencia de prensa sobre el acervo, y no lo hizo.

El nuevo coordinador de Patrimonio Artístico, Xavier Gurza, exagregado cultural en Hungría y Canadá, y exasesor de la Unidad de Asuntos Culturales, asegura a Proceso que al llegar el 2008 encontró el acervo en buenas condiciones. Y que se ha avanzado en su catalogación y conservación.

Fue él quien concibió la creación del Museo de la Cancillería, idea que planteó a Espinosa Cantellano. Confiesa que al inicio algunos funcionarios pusieron en duda la pertinencia del proyecto, pero finalmente los convenció de que sería parte de los instrumentos de la diplomacia cultural y una forma de contrastar la imagen del México violento que impera en el mundo.

Junto con José Luis Viesca Rivas, director del Museo, Gurza relata que –tras formalizarse la creación con un acuerdo publicado el 18 de diciembre de 2009 en el Diario Oficial de la Federación– pensó en ir de “pedinche” con diversos artistas a ver si donaban obra para el nuevo recinto. Se enteró entonces de la existencia del Programa Pago en Especie (PPE) del Sistema de Administración Tributaria, mediante el cual los artistas saldan sus impuestos entregando al Estado obras de arte.

Así se hicieron de la colección de 68 obras de igual número de artistas, que integran la exposición Naturaleza Fragmentada, con la cual se inauguró el museo, localizado en República de El Salvador 47, a un costado de la Biblioteca Lerdo de Tejada y cuyos muros interiores fueron pintados por Vlady. Cabe señalar que la entrada es libre y que ahí mismo se localiza el Instituto Matías Romero.

Entre los artistas donantes se encuentran la fallecida Leonora Carrington, los hermanos Castro Leñero, Arnaldo Coen, Manuel Felguérez, Joy Laville, Manuel Marín, Damián Ortega, Irma Palacios, Raymundo Sesma, Boris Viskin, Roger von Gunten y Jorge Yázpik. Algunos de ellos enviaron una carta a este semanario la semana pasada para reconocer la labor de Arturo Muñoz como coordinador general del PPE en la recaudación de las obra.

Los artistas, coinciden Gurza y Viesca, se esmeraron en entregar obras “de muy buena calidad”, pues se entusiasmaron con el proyecto y con la idea de que será una colección que viaje por el mundo. Se planea asimismo que otros países presenten exposiciones en el espacio de 900 metros cuadrados destinados a la exhibición.

Entre los futuros planes para el recinto destacan la exposición 200 años de Diplomacia Mexicana, proyectada para septiembre de este año. Además, una revisión del fondo fotográfico del Acervo Histórico Diplomático, donde hay 25 mil imágenes impresas, entre ellas fotografías de la campaña presidencial de Venustiano Carranza, álbumes familiares de embajadores y testimonios del exilio español. Se buscará enriquecerlo este año con obra de fotógrafos contemporáneos también mediante donativos del SAT.

Gurza dice que se creará igualmente un patronato para contribuir a sostener el museo, así como un comité curatorial para evitar que “si la esposa de algún embajador pinta florecitas” se les imponga una exposición de flores. Plantea además la posibilidad de rotar algunas obras de las embajadas para que se conozcan en otros países. Su objetivo, concluye, es ir revisando y enriqueciendo la colección, y quizá hasta se instaure una bienal para “formar un mosaico más comprensivo de las artes mexicanas”.