La afición rayada lo quería. Si acaso no lo tuvo todo, al menos había conseguido vestir, así fuera por una sola vez, el uniforme de la Selección nacional en la Copa Oro 2002. Despedido del futbol profesional por casos comprobados de dopaje, el exportero de Rayados Omar El Gato Ortiz pareció no resignarse a la desgracia económica que eso supuso. Ahora está bajo arraigo, acusado de pertenecer a una banda de secuestradores: el gol más letal que recibió en su carrera…
MONTERREY, NL.- Omar El Gato Ortiz estaba desesperado.
Tenía casi dos años de estar fuera de las canchas profesionales desde que Rayados lo despidió al dar positivo en un control de dopaje para un juego del torneo Clausura 2010.
La Federación Mexicana de Futbol (Femexfut) lo había suspendido dos años por el uso de sustancias prohibidas, y él había anunciado que apelaría la decisión ante la Federación Internacional de Futbol Asociación (FIFA). Si lo hizo, el movimiento no prosperó.
Hacía meses que tenía problemas económicos. De acuerdo con una fuente del gobierno de Nuevo León, debía varias mensualidades de su amplia casa ubicada en San Nicolás. Tras la sanción, el guardameta planeaba iniciar un negocio de venta de artículos deportivos. Quería capitalizar su imagen e impartir clínicas para arqueros. Sabía que dos años de inactividad son muchos para un portero profesional, pero afirmaba que no tenía tiempo para lamentarse y que le urgía estabilizar su economía para mantener a su esposa y a sus seis hijos.
Ahora practicaba futbol rápido en la liga Casa Bella, de San Nicolás. En esa cancha jugó el 16 de julio de 2010 un “clásico del recuerdo” con futbolistas retirados de Tigres y Rayados para recaudar fondos a favor de los damnificados por la tormenta tropical Alex, que el día 1 de ese mes devastó la ciudad.
La misma fuente relata que la vida de Ortiz dio entonces un giro, pues fue contactado por un grupo delincuencial ligado al cártel del Golfo que lo invitó a participar en secuestros. Al principio Ortiz rechazó la propuesta; sin embargo –según el informante–, conservó el número telefónico de la persona que le hizo el ofrecimiento y al poco tiempo se comunicó con ella para decirle que sí aceptaba.
Su tarea consistiría, le explicaron, en señalar a individuos susceptibles de ser plagiados. De esta manera, el deportista de 36 años se involucró en el secuestro de dos personas, de acuerdo con las pesquisas que se siguen en torno al caso. Por la primera recibió 90 mil pesos y 100 mil por la segunda.
El sábado 7, la Procuraduría General de Justicia de Nuevo León lo presentó detenido junto con tres integrantes de la banda. El parte informativo difundido por la Agencia Estatal de Investigaciones (AEI) detalla que el arresto de Ortiz se efectuó en su domicilio de la calle Reino del Tajín, en la colonia Prival Anáhuac, en San Nicolás.
La fuente consultada, cercana a las investigaciones, comenta que entre los atenuantes que podrían favorecer a Ortiz se encuentra el hecho de que no tuvo participación directa en los secuestros, ni siquiera como vigilante. Su misión era únicamente indicar quiénes eran secuestrables.
Al momento de su presentación en los patios de la AEI, Ortiz estaba esposado y con un chaleco anaranjado. Llevaba el cabello teñido de rubio. Lo acompañaban sus presuntos cómplices Luis Alberto Tamez Hernández, Héctor Eduardo Treviño Urbano y César Acosta Canchola. Los cuatro están acusados de privación ilegal de la libertad.
Todos ellos fueron arraigados mientras el Ministerio Público realiza investigaciones en torno a unos 20 secuestros atribuidos a la organización delictiva.
Entre los plagios que habrían cometido figura el de Armando Gómez, esposo de la cantante Gloria Trevi, privado de su libertad el 7 de octubre de 2011 y liberado tres días después. Las autoridades estatales aclararon que en este ilícito no participó el portero.
Las autoridades dieron a conocer que el grupo de plagiarios operaba sobre todo en el sur del estado y que por cada persona secuestrada cobraba hasta 1 millón de pesos.
El procurador de Justicia de Nuevo León, Adrián de la Garza, precisó que aún había siete personas prófugas relacionadas con la pandilla, incluido su líder, identificado como Jorge Aníbal Treviño Hernández, El Pave, también narcodistribuidor. El funcionario aclaró que El Gato no estaba involucrado en el narcomenudeo, aunque precisó: “Según declaraciones de ellos (sus cómplices), sí consumía cocaína”.
La noticia del arresto de Ortiz incluso fue comentada por Felipe Calderón cuando se hallaba de gira por el estado. De visita en las instalaciones de la policía estatal el lunes 9 en Escobedo, expresó:
“Recientemente los medios daban todavía hoy y el fin de semana la noticia de un exportero del propio Monterrey, de los Rayados, que participaba poniendo víctimas. Obviamente las autoridades judiciales dirán si es culpable o no, pero las evidencias que se han recolectado son francamente preocupantes del grado de corrupción y decadencia a la que se llegó en esta sociedad y en estas instituciones.”
Casos de dopaje
Antes de su detención, El Gato Ortiz protagonizó diversos incidentes y escándalos. Cuando debutó como profesional, el 13 de septiembre de 1997, Rayados cayó ante Tigres 3 a 2. El último tanto se debió a un error suyo, pues dejó pasar un balón fácil.
A la salida del estadio, según relataron entonces algunos testigos, un aficionado le reprochó el yerro, ante lo cual Omar se bajó de su coche e intercambió golpes con él.
El 11 de octubre de 2009 se vio inmiscuido en otra riña, pero esta vez en el estadio Robertson, de Houston, donde Rayados enfrentaba en juego amistoso al Dynamo local. Eddie Robertson, de los texanos, entró con rudeza sobre la espalda de Aldo de Nigris. El Gato, que había salido de cambio en el medio tiempo, saltó de la banca y recorrió todo el campo para golpear al agresor. El árbitro lo echó. Dynamo derrotó 2-1 a Rayados.
En un caso diferente, Ortiz relató que la madrugada del 25 de febrero de 2010, al finalizar un juego en el estadio Tecnológico contra el Nacional de Paraguay, cuando circulaba con su familia en San Nicolás a bordo de una camioneta, un grupo de hombres armados lo obligó a él, a su esposa y a sus dos hijos a bajar del vehículo. Del extraño incidente, que no pasó a mayores, ni él ni las autoridades dieron mayores explicaciones ni detalles. Por ese tiempo Omar ya tenía varios meses en la banca.
El 9 de abril de 2010 la Femexfut informó que Ortiz había dado positivo en un control antidopaje que le practicaron el 6 de marzo, en el marco del torneo Clausura de ese año. En el encuentro correspondiente a la jornada 9, Rayados derrotó 3-0 al Pachuca en el estadio Tecnológico. El Gato estuvo todo el tiempo como suplente.
Después de ese juego, viajó a Colombia para presentarse como segundo arquero de Rayados. El equipo iba a enfrentarse la siguiente semana al Once Caldas como parte de la tercera jornada de la Copa Libertadores de ese año. Ahí también pasó por la revisión.
En el instituto de Medicina del Deporte de La Habana, Cuba, que cuenta con un laboratorio autorizado por la Agencia Mundial Antidopaje (AMA), se analizó la muestra de orina del jugador tomada en México y se encontraron las siguientes sustancias: oximetholone y su metabolito 17a-methyl-5a-androstan-3a, 17B-diol y el metabolito de la dromostanolona (2a-methyl-5a-androstan-3a-ol-17-one).
De acuerdo con información proporcionada por especialistas, el oximetholone y la dromostanolona ayudan al crecimiento de la masa muscular.
El despido
En una entrevista con Proceso, Ortiz reveló entonces que se inyectó sostenol para aumentar su fuerza e ingirió hydroxycut para quemar grasa, pero no le avisó de ello al médico del equipo. De acuerdo con su versión, comenzó con el tratamiento indebido el 1 de marzo, cinco días antes de que lo sometieran a la prueba de dopaje.
También refirió que en el torneo Apertura 2009 ya era parte del equipo norteño y, aunque era sustituto, en ese torneo fue campeón y no tuvo problemas con sustancias prohibidas.
La Comisión Disciplinaria de la Femexfut lo inhabilitó desde el 8 de abril y le impuso un castigo de dos años, que estarían por cumplirse en el mismo mes del presente año.
Como jugador de casa que era, El Gato Ortiz era querido por la afición. Nacido en el barrio popular de la colonia Estrella, al poniente de Monterrey, había pasado con escasa fortuna por el Celaya, Jaguares, Necaxa y Atlante, hasta recalar de nuevo con La Pandilla, que en esta última etapa ya era dirigida por Víctor Manuel Vucetich.
Aún le quedaban dos años de contrato de los tres que había firmado, pero al estallar el escándalo del dopaje el club lo despidió el 12 de abril; para ello, el club hizo valer una cláusula que especifica que la relación laboral con el jugador se termina si éste incurre en actos que dañen la imagen de la institución. Éste fue el caso.
Aunque era un arquero solvente, nunca logró la consagración. Su único mérito fue que el entrenador Javier Aguirre lo convocara para representar a México en la Copa Oro 2002, que se celebró en Estados Unidos. Fue la única vez que vistió el uniforme tricolor.
Apegado siempre a la franquicia, vitoreado por la afición rayada, en los últimos años sólo era requerido para casos de emergencia. Coincidentemente, había comenzado a utilizar sustancias prohibidas en tanto esperaba una oportunidad para regresar al primer equipo.
En la citada entrevista con este semanario, luego de haber sido sorprendido cuando consumía estimulantes, envió un mensaje a sus seguidores: “A la afición le digo que me siento triste. Había regresado a Monterrey y, luego de un año, no me gusta irme de esta manera. Les agradezco el apoyo, pero voy a regresar con el que me dé la oportunidad de estar nuevamente en el futbol. Voy a cumplir 36 años, y aunque para muchos son demasiados, hay futbolistas de 40 que juegan. Quiero regresar, no me quiero ir así”.
Sin embargo, El Gato Ortiz tuvo que irse todavía de peor manera.








