Manguel

Alberto Manguel (Buenos Aires, 1948) es escritor, crítico y editor. Las obras que le han dado fama son Diccionario de lugares imaginarios, escrito con Gianni Guadalupe, y Una historia de la lectura (Almadía; México, 2011. 508 p.) que en estos días aparece en librerías. El artículo indefinido en el título indica que su interpretación no es estricta. Así, a partir de sus experiencias, gustos, impresiones, hace un recorrido, en veintidós capítulos, del desarrollo de la lectura que ilustra con múltiples fotografías, grabados, pinturas, dibujos, esculturas.
Empieza con el carácter universal de la escritura y la lectura. Sigue con la formación de la destreza y el hábito de leer, luego con el surgimiento de la lectura en silencio. Después trata sobre cómo los libros preservan lo sucedido, las formas que han adquirido, desde el rollo hasta la versión electrónica, así como las interacciones entre imagen y texto que desembocan en el cómic. También aborda las lecturas prohibidas, los libros preferidos de varios autores, la formación de bibliotecas públicas y particulares, entre otros temas.
Para Manguel la lectura le da al sujeto una mayor capacidad. En la vida cotidiana sólo se percibe lo elemental, y el poeta, el ensayista, el dramaturgo, a través de sus palabras, muestran la esencia humana y la condición social que le proporcionan al lector los elementos necesarios para comprender y transformar la existencia. Escribe Manguel:
“… la lectura puede, en el mejor de los casos, convertir a dóciles ciudadanos en seres racionales capaces de oponerse a la injusticia, a la miseria, al abuso de quienes nos gobiernan…”. Y esto es así porque “…a partir de un texto (el lector) puede redefinir el universo y rebelarse contra sus injusticias. De estos milagros somos capaces, nosotros los lectores, y estos milagros podrán quizá rescatarnos de la abyección y la estupidez a las que parecemos condenados”.
La forma caprichosa a la que recurre Manguel para su exposición la hace reiterativa y contradictoria. También inconsistente en el sentido de que omite periodos y maneras. Sin embargo, la pasión con la que escribe permite recuperar el sentido subversivo de la lectura en todos los tiempos y en consecuencia de la creación literaria. Además el estilo anecdótico hace que la lectura fluya y entretenga.