MONTERREY, N.L.- En su obra El Libro de los desastres, Fernando Benítez se quejaba de la pérdida lamentable de las grandes bibliotecas de México, que se desintegraban o que terminaban en el extranjero. Para prevenir otro desastre, un grupo de empresarios regiomontanos adquirió el acervo cultural del fallecido periodista mexicano y creó la Biblioteca Fernando Benítez (BFB), ubicada en San Pedro, Nuevo León, a la que tendrán acceso, inicialmente, estudiosos y grupos de alumnos en visitas guiadas, interesados en su creación y colecciones.
La BFB es el patrimonio principal de la Fundación Dr. Ildefonso Vázquez Santos, Biblio-Red (FIVS), una asociación civil creada en febrero del 2011 con el propósito de conservar y valorar el patrimonio bibliográfico y documental del país.
Su primera acción fue la de asumir la custodia editorial y documental del legado del autor de Los indios de México.
La fundación es presidida por el empresario nuevoleonés Jorge Vázquez González, hijo de Ildefonso Vázquez Santos, junto con Tomás Milmo, presidente de la compañía Axtel y de Alberto Garza Santos, presidente de Promotora Ambiental (Pasa). En el manejo de la BFB participa también el bibliotecario regiomontano Reymundo (sic) Juárez. El director es el escritor Jorge Von Ziegler.
Los hombres de negocios contactaron entre finales del 2009 y principios del 2010 a la viuda de Benítez, la señora Georgina Conde, para adquirir el acervo.
De esta manera, los contenidos que atesoraba Benítez en su casa de Coyoacán, en la Ciudad de México, fueron trasladados a Nuevo León donde quedaron bajo custodia y resguardo de la FIVS.
Inaugurado el pasado 15 de diciembre, el recinto ubicado en un espacio residencial está integrado por unas 15 mil piezas, entre libros, figuras de arte prehispánico, y documentos y archivos personales de valor literario.
El corte de listón marcó formalmente el inicio de los festejos del centenario del natalicio del autor de La ruta de Hernán Cortés, que se celebrará el próximo lunes 16.
El área de 800 metros cuadrados es vigilada por un férreo dispositivo de seguridad que se observa con cerraduras personalizadas que abren mediante la lectura de la huella digital.
Por razones de seguridad, por ahora los propietarios se reservan la dirección del centro cultural, al que podrán acceder los interesados a través de un mecanismo (que se halla en la página www.fundacionvazquezsantos.org), pero abrirá la biblioteca próximamente, a mediano plazo, la FIVS proyecta digitalizar los libros para abrirlos por internet. Actualmente la página de la fundación ofrece únicamente información sobre la biblioteca, pero en los próximos seis meses esperan transformarla en un portal de contenidos, con la exhibición de libros para que sean hojeados en línea, página por página, documentos para su consulta y la presentación de fotografías de las piezas arqueológicas y documentos gráficos.
Los contenidos digitales obtenidos de estas colecciones serán almacenados en un centro de datos de la compañía telefónica Axtel.
La biblioteca está integrada por cinco salas: en la primera, dedicada a la antropología y etnografía mexicanas, se encuentran ediciones facsimilares de códices, así como piezas arqueológicas prehispánicas que son analizadas por especialistas para dictaminar, en su caso, su autenticidad, como señala Von Ziegler, quien fuera director nacional de bibliotecas del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes.
La segunda se refiere a la historia de México y es la más amplia e importante por el número de libros y enciclopedias, entre las que figuran las primeras ediciones de los clásicos de la historia mexicana, con volúmenes que abarcan desde la época precolombina hasta la contemporánea.
La tercera contiene la colección general, es decir, los tomos que el maestro Benítez consideraba de su mayor interés.
La sala cuarta muestra el archivo personal que contiene decenas de libertas con apuntes, un expediente de notas, así como graficas, folletines, textos manuscritos y mecanografiados, fotografías, diapositivas.También apuntes hemerográficos de notas publicadas por y sobre el periodista. Aquí se guardan, en un cuarto especialmente acondicionado, 600 libros con autografías de sus autores.
Y se exhiben cartas que le enviaron, entre otros, los artistas plásticos José Luis Cuevas, Vicente Rojo, Juan Soriano y el Dr, Atl.
Hay correspondencia que intercambió con Carlos Fuentes, durante más de 40 años, de Carlos Monsiváis, Octavio Paz, José Emilio Pacheco, Elena Poniatowska, Alfonso Reyes, y Mario Vargas Llosa, entre muchos otros; que son exhibidas en vitrinas especialmente acondicionadas.
En esta parte se puede observar un recorrido de la vida profesional desde 1935 hasta el 2000, año de su muerte.
La sala quinta es un espacio de descanso con libros de temas variados para la lectura informal.
Hay en total 200 metros lineales de estanterías con libros.
La espaciosa mansión contiene instalaciones amplias y cómodas para hospedar visitas. Existe el plan de programar breves internados de escritores e investigadores para que permanezcan durante días en la casona y estudien a Benítez, o reciban cursos sobre su obra.
Artistas plásticos y fotógrafos pueden también hacer exposiciones en espacios acondicionados.
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En entrevista, Von Ziegler explica que el objetivo de la fundación fue cumplir con uno de los anhelos del antropólogo: conservar en México las bibliotecas con valor patrimonial.
“Y ese deseo del maestro Benítez no era sólo por su biblioteca, sino por todas las que tuvieran esas características. Lo que quería era que se mantuvieran en México íntegras, sin dispersarse. Quería que tuvieran un destino social, más allá del personal que tuvieron en su momento.”
El director de la FIVS informa que a lo largo del recorrido pueden apreciarse en total 151 piezas y lotes de piezas arqueológicas que actualmente son investigadas para su catalogación. La colección es de una representatividad total de las culturas de Mesoamérica, al abarcar prácticamente las principales, desde el preclásico al clásico tardío.
En las paredes del recinto pueden apreciarse obras de la Colección Vázquez Guzmán, de orden personal, en la que hay una pintura de David Alfaro Siqueiros, un grabado de Rufino Tamayo, y dibujos de Leopoldo Méndez. Una de cuyas series fue usada para la portada del libro Caballo y Dios, de Benítez, publicado en 1945.
A corto y mediano plazos hay también el proyecto de crear publicaciones a través de la fundación. Asimismo, el acervo puede ser prestado para su exposición en universidades y bibliotecas públicas y privadas, y organizaciones culturales del estado.
Señala Von Ziegler:
“La intención es que la Biblioteca Fernando Benítez se integre al paisaje de bibliotecas de Nuevo León, no sólo en el sentido particular y de uso privado, sino como una colección que vaya eliminando paulatinamente las limitaciones que actualmente tiene, para que se amplíen las facilidades de acceso.”
La apertura ya comenzó con una exposición parcial de los tesoros de Fernando Benítez en el Palacio de Bellas Artes, en la Ciudad de México. Esperan establecer en breve un calendario para llevar la colección a otros puntos del país. Pero por lo pronto, se traslada a Monterrey
La fundación espera pronto consolidar una red de bibliotecas, la primera de las cuáles sería ésta de quien fuera Premio Nacional de Lingüistica y Literatura 1978.
Al referirse a la motivación de Jorge Vázquez González para crear la biblioteca, Von Ziegler alude a motivos personales del empresario:
“Con esta biblioteca, Jorge Vázquez salda una deuda de orden sentimental y personal con los libros, que viene desde su infancia y primera juventud, cuando él empezó a leer por gusto y posteriormente por la obligación que tenía de hacerlo como vendedor de libros, ocupación que desempeñó en alguna época de su vida.”
En El Libro de los desastres, uno de sus últimos trabajos, Benítez explica en un capítulo cómo se han esfumado del país colecciones culturales.
“Cuenta Benítez en ese libro cómo a lo largo de la historia de México se han perdido las grandes bibliotecas formadas por mexicanos destacados, recordando muchas del Siglo XIX que se dispersaron, no se supieron cuidar o se perdieron en el extranjero y salieron del país. Muchos de esos acervos están en Estados Unidos y Europa y muchos allá se perdieron porque se vendieron por partes”, dice.
Motivo de inspiración de Benítez para esta reflexión fue el libro Los grandes tesoros bibliográficos de México en los Estados Unidos, volumen contendido en la BFB.








