En el centro geográfico del país y a más de 2 mil 500 metros de altura, el monumento a Cristo Rey del Cerro del Cubilete ha sido siempre un símbolo de la lucha de la jerarquía católica por recuperar los espacios y privilegios que le arrebató el Estado laico mexicano.
El del Cubilete es considerado el tercer santuario más visitado del país –sólo lo superan la Basílica de Guadalupe y el santuario de San Juan de los Lagos– y hoy empieza a acaparar la atención internacional porque el próximo 25 de marzo Benedicto XVI presidirá ahí el principal acto religioso de su visita a México, al que se calcula que asistirán más de 700 mil feligreses.
“¡Viva Cristo Rey!” era el grito de los peregrinos que a principios de los veinte escalaban la montaña para venerar un primer monumento que se construía en la cima del Cubilete. Ese peregrinaje era mal visto por los gobiernos laicos de la Revolución.
El 11 de enero de 1923 el entonces delegado apostólico Ernesto Filippi colocó la primera piedra del monumento. Lo acompañaba el obispo de León, Emeterio Valverde y Téllez –“montado en una cabalgadura que luce una mantilla color carmesí y llevada por palafreneros”– mientras la multitud entonaba himnos religiosos y llevaba sombreros con la inscripción “Viva Cristo Rey”, según relata el historiador Alfonso Taracena en su libro La verdadera Revolución Mexicana.
La ceremonia fue vista como un acto de rebeldía por parte del gobierno de Álvaro Obregón, cuyo secretario de Gobernación era entonces Plutarco Elías Calles. Obregón expulsó del país a Filippi con el argumento de que participó en un acto de culto público, con lo que violaba la Constitución.
Los jerarcas católicos mexicanos quedaron consternados con la expulsión de Filippi, lo mismo que el movimiento fascista italiano, que consideró la expulsión como una afrenta. Benito Mussolini, primer ministro de Italia, gestionó la restitución de su paisano.
Cuenta Taracena que Mussolini “envió instrucciones al embajador italiano en los Estados Unidos y al ministro en ésta, conde Nani de Mocenigo, para que hagan gestiones encaminadas a obtener respeto tanto para las ideas católicas como para las fascistas”.
En 1926 se inició la revuelta cristera, que enfrentó a la jerarquía con el gobierno. Y el grito de lucha de los combatientes cristeros fue “¡Viva Cristo Rey!”, tomado de los peregrinos que frecuentaban el incipiente centro de culto del Bajío, muy incómodo para el gobierno callista.
El 30 de enero de 1928, durante la Cristiada, el monumento fue dinamitado “por manos anónimas”, según la versión que Antonio Rius Facius da en su libro Méjico cristero. Cuenta ahí que “el día 30 de enero en la tarde se hicieron explotar dos bombas de dinamita al pie del monumento provisional, que sostenía una imagen de Jesucristo”.
Cristo en “art decó”
Concluyó la guerra cristera y el centro de culto fue teniendo más adeptos. Se convirtió en símbolo de su lucha contra el gobierno. En 1942 el arquitecto Nicolás Mariscal Piña diseñó el proyecto Monumento Nacional a Cristo Rey, que es el que conocemos ahora.
En febrero de 1943 el Episcopado Mexicano aprobó el proyecto de Mariscal, que empezó a construirse a finales de 1944.
La estatua –de 20 metros y 80 toneladas– fue elaborada en bronce por el escultor mexicano Fidias Elizondo. La flanquean dos ángeles, uno levanta una corona de espinas y otro una corona real. A los pies del monumento está el santuario, un conjunto arquitectónico art decó.
En los setenta el santuario del Cubilete fue escenario de sangrientas pugnas entre los grupos laicos de ultraderecha. El 22 de noviembre de 1975 fueron asesinados ahí Juan Bosco Rosillo y Fernando Calvillo, militantes de la Asociación Católica de la Juventud Mexicana. El crimen nunca se aclaró. Se dijo que fueron golpeados, martirizados y balaceados por Los Tecos, aunque otra versión señala al Movimiento Universitario de Renovadora Orientación (MURO).
El movimiento Testimonio y Esperanza, integrado sobre todo por jóvenes católicos, organiza anualmente una de las peregrinaciones más nutridas al santuario, a la que también concurren militantes de muchas otras organizaciones de laicos.
A principios de los noventa, con la llegada del PAN al gobierno de Guanajuato, el centro de culto empezó a perder su carácter contestatario y a ser aprovechado políticamente por el blanquiazul. Esto prácticamente se oficializó el 25 de enero de 1992. Ese día el gobernador Carlos Medina Plascencia lanzó una arenga política durante una misa masiva en el Cubilete, dejando en claro la alianza de su gobierno con la jerarquía católica.
Ahora el gobernador Juan Manuel Oliva hizo construir en las faldas del Cubilete el Parque Bicentenario, una aparatosa obra de relumbrón por la que su gobierno desembolsó más de mil 600 millones de pesos. Será precisamente ahí donde Benedicto XVI encabezará el más concurrido acto de su gira, bajo el enorme Cristo Rey con los brazos en cruz.








