BEIRUT.- En términos de seguridad interna y de las crecientes tensiones políticas, la agitación siria empieza a cobrar su cuota en Líbano, donde han surgido temores de una posible confrontación armada en un país que siempre se ha visto afectado por los acontecimientos y las decisiones tomadas en su más grande y poderoso vecino.
En las últimas semanas operativos transfronterizos de militares sirios y varios incidentes armados en el sur de Líbano, además de las crecientes diferencias entre el movimiento Hezbolá, aliado de Siria, y los partidos de oposición libaneses, incrementaron en esta capital el miedo a que se desborden los choques entre las fuerzas leales al presidente sirio Bashar al Assad y los manifestantes de ese país que quieren que deje el poder. Según las Naciones Unidas, esos choques han costado ya la vida a por lo menos 5 mil personas.
De hecho han ocurrido varios incidentes en la frontera entre Siria y Líbano, con crecientes reportes de asaltos transfronterizos realizados por fuerzas de Damasco contra aldeas libanesas que han acogido a sirios que huyen de la violencia en su país. Según fuentes locales, el más reciente incidente ocurrió el 14 de diciembre cuando un grupo de soldados sirios hirió a dos pastores libaneses en la localidad de Khirbat Daoud, en el este del valle de Bekaa.
Según medios libaneses, en noviembre pasado las fuerzas sirias llegaron al grado de secuestrar a dos hombres de la localidad de Khodor, a quienes llevaron al otro lado de la frontera.
Desde octubre, cuando tres sirios fueron muertos en los poblados de Qaa y Aarsal durante un asalto, decenas de civiles han resultados heridos en este tipo de operativos que las fuerzas de Damasco llevan a cabo cada semana en un intento por capturar a los opositores, frenar el contrabando de armas y detener el flujo de refugiados que huyen del país.
Para esto el ejército sirio supuestamente sembró minas en muchos de los pasos fronterizos informales entre los dos países. Ello ha obligando a cerrar los mercados, a paralizar las actividades económicas y a incrementar entre la población civil los temores de una posible confrontación militar en una región donde se ha dado cobijo a miles de refugiados sirios.
Estos acontecimientos hicieron que Estados Unidos ofreciera a Líbano asistencia para asegurar su frontera, en un intento por aminorar la tensión e impedir que los sucesos en Siria desestabilicen a su mucho más débil vecino.
Hezbolá, su aliado
Líbano –considerado el “punto blando” de Medio Oriente y donde comunidades cristianas, drusas, chiitas, sunitas y refugiados palestinos viven en una precaria paz tras la guerra civil que devastó al país entre 1975 y 1990– ha sido invadido varias veces en los últimos 36 años por tropas israelíes y sirias, siendo las segundas obligadas a salir apenas en 2005, cuando el asesinato del entonces primer ministro Rafik Hariri, en Beirut, desencadenó la Revolución de los Cedros.
Aunque las tropas de Assad ya no están en el país, Siria ha sido capaz de influir en la política interna de Líbano en más de una ocasión en los años recientes. Hezbolá, el movimiento de resistencia creado en los ochenta para combatir la ocupación israelí en el sur de Líbano y devenido después partido político, tiene actualmente la mayoría en el gabinete, es un aliado incondicional de Assad y proclama su apoyo al régimen sirio, acusando a los opositores de ser agentes de gobiernos extranjeros.
En noviembre varios cohetes fueron lanzados desde el sur de Líbano hacia Israel (el primer incidente de este tipo en los últimos dos años), en tanto que el 9 de diciembre cinco cascos azules de la UNIFIL –la misión de la ONU encargada de monitorear la frontera entre Líbano e Israel– fueron heridos por una bomba colocada al borde de la carretera en los alrededores de la ciudad de Tiro.
Aunque Hezbolá no ha reivindicado su responsabilidad en estos ataques y ha negado cualquier involucramiento en el bombazo contra la UNIFIL, el jefe de las fuerzas armadas libanesas, Samir Geagea, afirmó en una conferencia de prensa que “Hezbolá es directa o indirectamente responsable de las operaciones que se realizan contra las fuerzas internacionales, dado que en el sur la autoridad real le pertenece y la seguridad real en esta zona está en manos de sus fuerzas”.
El ministro francés de Exteriores, Alain Juppé, se sumó a la lista de quienes acusaron a Siria de estar detrás de la operación, utilizando a Hezbolá como su “brazo armado” para advertir a Occidente que no se meta en sus asuntos internos.
Profundamente divididas en bandos políticos y sectarios, las autoridades libanesas han sido incapaces de contener la tensión. Acalorados debates políticos, sobre todo entre representantes de Hezbolá y políticos de la oposición, estallan prácticamente cada día en el gobierno y el parlamento libanés, alimentando la sensación de que la creciente tensión en Siria está afectando en forma severa la política interna de ese país.
Reconocido por muchos libaneses por haber enfrentado a las fuerzas israelíes durante el bombardeo y la invasión del sur de Líbano en 2006, Hezbolá desde entonces ha incrementado su apoyo popular en Líbano y en todo el mundo árabe.
Pero los acontecimientos recientes en Siria podrían convertirse en un búmerang para este grupo, que ya ha sido acusado en los medios de sacrificar la voluntad del pueblo sirio en función de sus cálculos políticos.
Algunos políticos van más allá y cuestionan el derecho de Hezbolá de conservar su rama armada, cuando todos los demás grupos libaneses beligerantes fueron obligados a desarmarse luego de los acuerdos de paz que dieron fin a la guerra civil.
El movimiento chiita, encabezado por el jeque Hassan Nasrallah, siempre ha justificado ese derecho con la necesidad de continuar la resistencia contra Israel (que aún ocupa una pequeña porción de suelo libanés), algo que las débiles fuerzas armadas libanesas son incapaces de hacer. Sin embargo, a la luz de los recientes acontecimientos en Siria, la oposición política ya no está dispuesta a conceder este cheque en blanco a Hezbolá. (Traducción: Lucía Luna)








