Sin duda es el más famoso ballet de todos los tiempos. El Cascanueces (1892) fue una de las últimas obras del genial compositor ruso, Piotr IlichTchaikovsky (1840-1893). Las razones de su enorme popularidad son su música maravillosa y lo ameno del cuento que se ha convertido desde 1960 en un clásico de la temporada navideña en la Ciudad de México.
La historia proviene de uno de los cuentos de E.T.A. Hoffmann, El Cascanueces y el rey de los ratones, publicado en 1816, que más tarde Alexandre Dumas padre (1802-1870) tradujo al francés, y esa es la versión que se conoció en aquellos días en Rusia; el director de los Teatros Imperiales, Iván Vsevolozhski, encarga a Tchaikovsky que componga la música de El Cascanueces, cuyo argumento se desarrolla en la fiesta de Nochebuena en la casa de Clarita y Fritz, hijos de una familia acomodada. Clarita recibe de su tío un regalo que consiste en un aparato para abrir las nueces, con forma de soldadito de juguete; ella y Fritz forcejean con el muñeco y éste lo rompe. El tío repara el muñeco con un vendaje, y al irse a dormir Clarita sueña que lo salva en su lucha contra el horrible rey ratón. Como recompensa, su cascanueces, convertido ya en apuesto príncipe, la lleva de viaje al País de la Fantasía donde se detienen en el palacio del Hada del Azúcar, y ahí bailan en honor de ellos una serie de danzas encantadoras que representan cada una a un país y su golosina distintiva: el chocolate a España, el café a Arabia, etcétera. Al final Clarita se despierta y se da cuenta de que todo fue un sueño (aunque en otras versiones, como la de Barysnikov, el final se produce aún dentro del sueño).
Desde hace 31 años la Compañía Nacional de Danza (CND) del Instituto Nacional de Bellas Artes presenta durante diciembre una breve temporada de este ballet. Hace años las funciones eran en la Sala Principal del Palacio de las Bellas Artes. Hoy en día, para poder atender la enorme demanda de boletos, las funciones se efectúan en el Auditorio Nacional. Lo malo es que el enorme edificio es muy frío, el escenario está demasiado lejos de los últimos lugares y necesariamente se tiene que microfonear a la orquesta, entonces ya no la oímos sino a través de las bocinas que difunden los sonidos distorsionados.
El espectáculo es muy grato, algo light en ocasiones; el vestuario, la escenografía, el nivel técnico de la compañía, memorable: 140 bailarines en escena entre adultos y niños, 85 músicos, un centenar de staffs tras bambalinas se necesitan para realizarlo. Segura y eficiente la batuta del polaco Tadeuz Wojciechowski; estupendos Elisa Ramos, como Clarita, y su partner Alan Ramírez (finalista del programa Ópera Prima en movimiento) de muy buen nivel. Curiosamente aunque Clarita es la protagonista, a nivel danza es mucho más importante el papel del Hada del Azúcar, que tiene un bellísimo solo además de un muy lucidor dúo (pas de deux) con su compañero.
Otra razón por la que el Cascanueces resulta inolvidable es la participación de niños, alumnos de la Academia de Danza. Y por supuesto las danzas inolvidables de Tchaikovsky, como la Trepak o Danza Rusa que se usa frecuentemente en cine o televisión para evocar la Navidad (Mi pobre angelito) o la mágica Danza del Hada del Azúcar, la Marcha, el Vals de las flores. En el filme Fantasía, de Disney (1940), hay toda una sección dedicada a la Suite de El Cascanueces, es decir, una colección de danzas, y Tchaikovsky, desconfiando de su ballet y del éxito que éste pudiera tener, la arregló y la estrenó en marzo de 1892, antes de lanzar mundialmente la obra completa en diciembre de ese año. Así, El Cascanueces, con el tiempo, se convirtió en el más representado y exitoso ballet del mundo. No nos explicamos por qué no se transmite por televisión a toda la República Mexicana y sí nos ofrecen las de otros países.








