Cada temporada Tigres hacía la diferencia. Gastaba carretadas de dólares, contrataba a los técnicos con mejor historial y redondeaba una nómina de jugadores que en el papel se antojaba superior en calidad y cantidad pero que año tras año sólo sumaba fracasos de todo tipo, desde perder la final hasta salvarse del descenso. Fueron 29 años de ir dando tumbos. En ese largo invierno futbolero, un personaje aparece tres veces en la última década: Ricardo Tuca Ferretti. A este brasileño claridoso, mal encarado, talentoso, grosero, le atribuyen el mérito del título obtenido, y, por supuesto… a una chequera sin límites.
CIUDAD DE MÉXICO/MONTERREY, NL.- Por tercera vez en 10 años, el club Tigres de la Universidad Autónoma de Nuevo León (UANL) apostó por Ricardo Tuca Ferretti para acabar con el ayuno de tres décadas sin conseguir un título.
En esta ocasión la directiva fue paciente y dio continuidad al trabajo del director técnico que se hizo cargo del equipo cuando enfrentaba problemas de descenso y era penúltimo en la tabla de porcentajes. Al cabo de tres torneos la fórmula funcionó. Los días amargos de los felinos se volvieron dulces con Ferretti, quien puso un toque de azúcar brasileña refinada en México.
Desde que Sinergia Deportiva, empresa apoyada por Cemex, asumió el mando de los Tigres y éstos regresaron a la Primera División en 1997, un total de 17 entrenadores han pasado por el banquillo del equipo. También se contagiaron de inestabilidad quienes fungieron como presidentes. En ese mismo periodo estuvieron al frente del club 12 directivos.
Luego de 14 años, quienes manejan uno de los clubes mexicanos más poderosos económicamente echaron mano de la lógica: Ricardo Ferretti regresó a la dirección técnica. El factor Tuca le dio su tercer campeonato a Tigres, el primero en 29 años.
Alejandro Rodríguez Miechielsen, a quien todos apodan El Inge, ha sido presidente del equipo en dos momentos: de 2001 a 2004 y de 2010 a la fecha. En su primer periodo, en seis torneos, los felinos calificaron en tres ocasiones a la liguilla, llegaron a dos finales (Invierno 2001 y Apertura 2003) y a una semifinal (Clausura 2003), que perdieron ante Monterrey.
Ferretti ha dirigido a Tigres en tres ocasiones. La primera del torneo Invierno 2000 al Clausura 2003. En 2001 llevó al equipo neoleonés a su primera final en 19 años, pero perdió con Pachuca. Después de caer ante Rayados en aquella semifinal, fue cesado. Con la inercia que traía el equipo del Clausura 2003, en el Apertura 2003 Nery Pumpido los llevó al último partido de la temporada, pero sucumbió de nueva cuenta ante los Tuzos.
El Tuca regresó a Tigres para el Clausura 2006, cuando Fernando Urdiales era presidente del equipo. Al término del torneo fue cesado, pues el club no calificó a la liguilla. Fue entonces cuando comenzó el desfile de entrenadores: José Luis Trejo, Mario Carrillo, Américo Gallego, Manuel Lapuente, José Pekerman y Daniel Guzmán. Seis en ocho torneos. Sólo en uno, Apertura 2008, con Lapuente, el conjunto se calificó a la liguilla, donde en cuartos de final fue eliminado por el Atlante.
La “limpia”
Durante casi cuatro años Tigres se ubicó en los últimos cinco lugares de la tabla de porcentajes. Con Daniel Guzmán la crisis se agravó. En el Bicentenario 2010 los felinos terminaron en el lugar 15 de la tabla general con sólo 19 puntos de 51 disputados, producto de cinco triunfos, ocho derrotas y cuatro empates. Su defensiva fue la número 13 con 26 tantos recibidos.
El equipo se salvó del descenso gracias a que la actuación de Indios de Ciudad Juárez fue pésima. Sin dinero y con jugadores de poco nombre que no cobraban un mes y otro tampoco el cuadro fronterizo únicamente perdió un partido más que los regios.
Cemex llevó a cabo una limpia. El 17 de mayo le dio las gracias al presidente del club, Santiago Martínez de la Torre (duró tres torneos, de 2009 a 2010), y nombró otra vez a Alejandro Rodríguez Miechielsen. Con El Inge, también regresó quien fuera vicepresidente en 2001-2004, Miguel Ángel Garza Martínez, y de paso se anunció la destitución de Guzmán.
Durante la conferencia de prensa en que fue presentado, Rodríguez Miechielsen desbordaba emoción, pero no ocultó su decepción e incluso vergüenza por los resultados de años anteriores.
“La razón de ser de este club es la afición y la hemos golpeado. No voy a criticar los seis años (que pasaron desde que dejó la presidencia). Necesitaríamos unas botellitas de vino tinto y mucho tiempo para hablar de estos seis años”, soltó en tono serio.
Luego, habló de regresarle la pasión al equipo y lanzó una advertencia para los jugadores del plantel:
“Si no entienden que ponerse esta camiseta implica algo especial, por más estrellas que sean, por más consentidos, no van a durar en el club. El perfil Tigres es entrega, conciencia de que salir a representar los colores de la universidad no es ninguna broma. No es un trabajo, es un sentimiento. Que tengan capacidad y habilidad de jugar futbol no individual, sino colectivo; que cumplan con la afición para que esté dispuesta a pagar un boleto para verlos. Ese es nuestro compromiso.”
En una entrevista de televisión, Rodríguez Miechielsen declaró que la directiva buscaba a un director técnico con la capacidad de hacerse cargo de un equipo que estaba en “terreno peligroso”, refiriéndose al descenso. Tres días después, Ricardo Tuca Ferretti se convirtió en el nuevo entrenador de Tigres.
Ferretti volvió a Tigres más acreditado que cuando se fue. En ese 2010, cumplió 19 años dirigiendo en la Primera División en forma ininterrumpida. Durante ese tiempo trabajó para Pumas (campeón en el Clausura 2009, 3-2 en el global ante Pachuca), Morelia, Tigres, Toluca y Chivas (campeón en el Verano 97, 7-2 en el global frente a Toros Neza).
También con Chivas y Pumas llegó a las finales del Invierno 98 y Apertura 2007, que perdió ante Necaxa y Atlante, respectivamente. La solidez de su trabajo ha evitado que lo cesen antes de que concluya un torneo. Y también se ganó fama de apaga fuegos cuando salvó a los Pumas del descenso.
En su presentación, El Tuca utilizó un cliché –“la tercera es la vencida”– para anticipar que ahora sí Tigres sería campeón. Consciente de que la afición está cansada de promesas y que “le tiren rollos”, declaró que regresaba para conseguir el título que se le había negado. Destacó que su permanencia en el equipo dependería del resultado de cada encuentro.
“El contrato de un entrenador, después de 19 años lo tengo muy claro, es por una semana. Si gano obtengo una semana más; si empato me dan media y si pierdo a lo mejor me corren”, dice.
De menos a más
En el Apertura 2010, Ferretti entregó resultados medianos con seis ganados, igual número de empates y cinco derrotas. Fue noveno de la tabla con 24 puntos. No calificó a la liguilla, pero sacó al club de la zona de descenso. En el Clausura 2011 cambió el rostro a los Tigres, que fue súper líder con 10 triunfos, cinco empates y apenas dos derrotas; sin embargo, en los cuartos de final las Chivas los eliminaron con marcador global de 4-2.
En el Apertura 2011, la escuadra auriazil ganó y empató en siete ocasiones. Sólo perdió tres partidos. Avanzó a la liguilla como tercero de la tabla. Fue el equipo menos goleado con 13 tantos y marcó 22, con lo que se ubicó como la ofensiva número 16.
A lo largo de 17 jornadas, Ferretti impuso orden entre sus jugadores. Insistió en que debían tocar el balón y no jugar al pelotazo. Por su estilo fue etiquetado como defensivo, pero logró equilibrio en su conjunto. Por otra parte, sus detractores le reclamaban que no se la jugara con jóvenes ni echara mano de la cantera.
Fue acusado de rácano (conformista), al que le da lo mismo ganar por un gol que por 10. Ni siquiera se inmutó cuando Tigres goleó 5-0 al Pachuca. “No es nada del otro mundo”, dijo. Y se aferró a otro lugar común: “más vale paso que dure y no trote que canse”.
En los cuartos de final, los felinos echaron al Pachuca; en la semifinal dieron cuenta del Querétaro y en el partido final se impusieron 4-1 al Santos Laguna.
En el recuento de los aciertos, Rodríguez Miechielsen resalta la labor de quienes llama sus dos piezas angulares: Ricardo Ferretti y Miguel Ángel Garza.
Y no duda en atribuirle el éxito de esta etapa al Tuca.
“El trabajo lo relaciona con el éxito. Él tiene bien fijo ser constantes y perseverantes. Les da la oportunidad a los jugadores de alcanzar niveles de excelencia que ni ellos mismos sueñan. Ricardo ve los detalles y eso en el futbol es todo”, dice en entrevista con Proceso.
Reconoce al estratega brasileño como un hombre sensible que “se muere en la raya por sus jugadores y que cumple sus objetivos”. Ya instalado en la sinceridad, El Inge no necesitó de “las botellitas de vino” para aceptar que lo que le ha faltado a Tigres es continuidad en todos los sentidos.
“Todos los que siguieron de mí (los presidentes) tenían la mejor intención, el mejor propósito de ser lo máximo y no se les dio. Hubo presidentes, directores técnicos, pero faltó la continuidad. Es importante aclarar que hay que dar continuidad a proyectos que dan resultados. Es como una escalera, en algunos casos das un salto grande o chico, pero siempre hacia arriba: Los resultados demuestran lo que pasa adentro del equipo”, afirma.
También aclara que cuando asumió otra vez el cargo le puso una condición a Lorenzo Zambrano, dueño de Cemex: que lo dejara trabajar con la fórmula del cocinero solitario, la misma que usó cuando se unió al equipo por vez primera en los años setenta.
“Tiene que haber un solo cocinero, si hay varios no jala. Porque unos le echan más sal; otros, más pimienta, y otros, más comino. El guisado no sale bien. Tiene que venir un solo cocinero y a lo mejor el guisado sale mal, pero por lo menos hay un responsable y ese también puede mejorar, pero si varios meten mano al mismo tiempo el guiso no sale bien”, dice.
Manirrotos
Al club Tigres se le ha acusado reiteradamente de adquirir jugadores de moda para mantener viva la expectativa de su fiel afición, considerada la mejor de México.
Rodríguez Miechielsen sostiene que en su momento cada nueva contratación ha sido justificada con el propósito de reforzar el equipo y niega que la franquicia, propiedad de Cemex, la tercera cementera más grande del mundo, cuente con un presupuesto ilimitado, como muchos suponen.
Plantea que por lo menos en esta nueva etapa al frente del club, que inició con su llegada a mediados de 2010, la directiva no ha recurrido a desembolsar grandes sumas para adquirir buenos jugadores.
“Nos podemos estar un buen rato nombrando a la cantidad de jugadores que vinieron prestados, opcionados o comprados, o en alguna etapa de su vida deportiva que no era la óptima. A nivel nacional hay personas que han dicho que Tigres tiene la cartera abierta y eso no es cierto”, dice el directivo de 71 años.
Bajo la administración de la empresa Sinergia Deportiva han desfilado por Tigres jugadores franquicia que resultaron sonados fracasos: el chileno Sebastián Chamagol González, los mexicanos Francisco Kikín Fonseca y Omar Bravo, el charrúa Sebastián Loco Abreu.
Antes estuvieron sin dejar huella los estelares mexicanos Jorge Campos en el arco y Luis Hernández, en el ataque, así como el volante Ramón Ramírez; el carioca Osmar Donizette, el búlgaro Emil Kostadinov y el estadunidense Tab Ramos. Ninguno reportó dividendos al equipo.
“Todos los que han pasado por Tigres llegaron por decisiones tomadas para reforzar el equipo y darle gusto a la afición. Hay que preguntarle a los que estaban. Creo que Kikín, por ejemplo, venía de un Mundial, estaba en Portugal. Se dieron las cosas y apareció por acá. Todas esas decisiones se tomaron con la mentalidad de darle a la afición lo que esperaba, era su aliciente.
“Si las contrataciones fueron buenas o no les toca a ustedes decirlo, pues tienen una mejor perspectiva para dar su visión informada y justa. Considero que no es correcto criticar a los que me antecedieron. Lo que sí veo es buena voluntad para lograr buenas cosas para el equipo. No se les dio y a nosotros sí”, dice.
Everton Cardoso, un brasileño que llegó en la época del entrenador Daniel Guzmán, ha sido, de acuerdo con versiones no desmentidas, la contratación más cara en la historia del balompié mexicano. Tigres desembolsó por él casi 6 millones de dólares. Ni siquiera marcó un gol.
La contratación del atacante confirmó que el club universitario era dispendioso y no reparaba en gastos. El entonces presidente Santiago Martínez de la Torre lo adquirió y lo dejó en el equipo cuando fue destituido junto con Daniel Guzmán. Al Inge le correspondió tratar con el carioca durante el Apertura 2010.
“Cuando llegamos –dice Rodríguez Miechielsen– estaba lesionado. Luego, durante un juego contra Cruz Azul, se rompió la clavícula y ya no jugó. Ya teníamos a Damián (Álvarez) y contemplábamos ponerlo por el lado izquierdo con Everton, pero nunca jugó. Luego se quería regresar por nostalgia y ahora juega con Botafogo.”
Itamar Batista también estuvo una temporada con El Inge. Fue otro de los grandes fichajes intrascendentes.
“Siempre tuvo una lejanía con el equipo. No se involucraba con sus compañeros, aunque era una buena persona. Luego los medios lo acusaron de fiestero. Llegó conmigo en diciembre pasado a llorar a mi casa y me dijo: ‘Me quiero ir, no aguanto la presión, aquí me inventan cosas’. Y yo le dije: ‘Mira, Itamar, si te inventan es porque algunas cosas has de hacer tú también’. Ya no quería quedarse.”
Ante el desencanto que generan algunos jugadores carentes de compromiso, Rodríguez Miechielsen considera indispensable la formación de jugadores desde la cantera, para no andar haciendo adquisiciones innecesarias. En todo caso, afirma, hay que traer profesionales probados, y pone como ejemplo a Hugo Ayala y Jorge Torres Nilo, jóvenes procedentes de Atlas que gozaron este campeonato y se han consolidado en la zaga del 11 titular.
“Este equipo siempre creyó en una forma de jugar y la respetó. Fuimos criticados y elogiados, pero nada nos distrajo. Supimos entender que ningún jugador es más importante que el equipo ni que la institución. La humildad con la que vivimos el día a día sin creernos más de lo que somos nos llevó adelante. Además de la confianza y el convencimiento de todos para saber que teníamos equipo para ser campeones”, sentenció Damián Álvarez, en el terreno de juego, con ojos llorosos y las palabras entrecortadas por la emoción.








