Guerra o negociación

Señor director:

Pocas veces se pueden reunir en una persona pública características tales como la entrega, la integridad moral y un valor desmesurado. Todo esto se encuentra sin duda en el subcomandante Marcos, y en ello han de convenir quienes simpatizan con su causa, como quienes la rechazan de una u otra forma.
Su propuesta inicialmente estuvo sustentada en el rechazo de una desigualdad social intolerable que se daba (y se sigue dando) en Chiapas, entre otros estados de la República. Su propuesta armada es válida porque la situación del México actual hiere a los campesinos chiapanecos, al igual que a los del resto del país en sus derechos más fundamentales.
En tal situación, Marcos podría declarar que no importa quién gobierne en Chiapas, con tal de que se satisfacieran cabalmente los mínimos requerimientos de justicia social que el pueblo necesita. Sin duda alguna, estos requerimientos podrán ser exigidos en última instancia con las armas, porque ello es justo. Y su postura beligerante seguiría siendo digna.
O bien, Marcos podrá decidir que sí importa quién gobierne, y en consecuencia su postura se convertiría en inminentemente política; si así fuera, bienvenido Marcos, porque su gran corazón y su admirable sinceridad tienen un sitio reconocido por el pueblo y necesitado como nunca en los círculos políticos de la nación, que por desgracia, no pueden presumir de abundancia de estos valores.
Pero lo que no puede hacer, ni debe, es tomar el camino de la política sin perder su calidad de combatiente. Esto es muy peligroso. Si quiere, él puede dejar a un lado el fusil y sentarse a la mesa de las negociaciones para contribuir, con su inteligencia y calidad humana, al mejoramiento sustancial del pueblo.
Política y fusil son una combinación de alto riesgo de la que no hace falta poner ejemplos. Alguien una vez dijo: muchas cosas se pueden hacer con las bayonetas, menos sentarse sobre ellas. Eso vale, incluso para un hombre como tú, Marcos.

Atentamente
José de Jesús Robles Rodríguez.