Señor director:
En Proceso 1350, en la sección de Teatro, aparece un artículo del señor Rodolfo Obregón donde opina que “el Diplomado de Teatro del Cuerpo es la única instancia dentro de las artes escénicas del país que ofrece un entrenamiento profesional con una vocación específica”.
Para conocimiento del señor Obregón, aclaro lo siguiente:
Desde 1972, en la provincia mexicana existe una institución llamada Estudio Búsqueda de Pantomima-Teatro, A.C. (Ebpanteac). Es una escuela independiente que ofrece cursos intensivos de capacitación y retiros de seis a 12 semanas. Cada año ofrece cursos especializados de mimo moderno, clown teatral y teatro de movimiento, uno internacional durante el invierno y otro nacional durante la primavera, bajo el método de entrenamiento y creación original del suscrito, maestro Sigfrido Aguilar, quien también ha sido fundador y director artístico de los Encuentros Nacionales y Festivales Internacionales de Pantomima Contemporánea (Enyfip) de México.
Recomiendo al señor Obregón hacer un poquito de investigación sobre los Enyfip –entre los críticos y cronistas de esos encuentros el principal ha sido el señor Fernando de Ita, en los periódicos Uno más Uno y La Jornada--, nueve de los cuales se realizaron de 1978 a 1994 durante el mes de noviembre. De esta manera podrá deducir dónde están los orígenes del Encuentro Internacional de Teatro del Cuerpo.
Mientras tanto, le puedo adelantar lo siguiente: Por primera vez en la historia del teatro en México, el Ebpanteac dio a conocer la técnica Decroux, del maestro Etienne Decroux, por medio de espectáculos y talleres de los artistas invitados a los Enyfip. Y por el interés de los artistas nacionales –hay de 200 a 300 participantes anuales–, el Ebpanteac ofrece y ha ofrecido por temporadas, durante años, cursos intensivos de técnica Decroux con Thomas Leabhart, Daniel Stein, Yves Marc & Claire Heggen y Jean Asselin & Denise Boulanger.
Así mismo, en el tercer Enyfip, el Ebpanteac logró introducir en el país la técnica del maestro Jacques Lecoq con espectáculos y talleres a cargo de graduados de su escuela. Y ha sido por ese activismo artístico- cultural que en la actualidad existen varios festivales en el territorio mexicano, como el de Ciudad Victoria, Querétaro y Puebla, relacionados con la pantomima contemporánea y con el teatro físico o de movimiento.
El suscrito, Sigfrido Aguilar, ha sido y sigue siendo, desde 1969, el único maestro en México de teatro de movimiento, físico o corporal, que es contratado por las escuelas de teatro de las universidades y conservatorios de Estados Unidos, Canadá y Europa para realizar residencias anuales.
Para terminar, sólo queda en el aire de la energía creadora la pregunta: ¿Qué dicen de las opiniones del señor Obregón los maestros José Solé, Luis de Tavira y Fernando de Ita? Y para no pecar de desmemoriado –pues la cultura de la desmemoria es en México como la cultura de la basura–, Jorge A. Vargas fue mi alumno de mimo moderno, junto con el Mimus Teatro, para crear el espectáculo La Lotería en 1979, y después en un curso internacional de capacitación-retiro de Teatro Movimiento (que por cierto nunca me pagó).
Atentamente
Sigfrido Aguilar
Presidente de Estudio Búsqueda de Pantomima-Teatro, A.C.
Casa Arte Teatro Tanque La Valenciana
Guanajuato, Gto.
Respuesta de Rodolfo Obregón
Señor director:
Al hablar del III Encuentro Internacional de Teatro del Cuerpo (Proceso 1244), cité el trabajo de Mimus Teatro como un antecedente obvio de este acontecimiento. Por supuesto que conozco la trayectoria de Sigfrido Aguilar. Y sé también que cuando Jorge A. Vargas, quien en efecto fue su alumno, recibió el apoyo del Sistema Nacional de Creadores, Sigfrido Aguilar envió una virulenta carta en su contra a diversas instituciones y medios. El suyo es, pues, un pleito que nada tiene que ver conmigo, con Luis de Tavira, con José Solé o con mi amigo Fernando de Ita, quien hace casi 10 años dejó de colaborar con los medios mencionados.
Y éste es el problema central. Mi artículo está escrito en presente, mientras que todas las actividades enumeradas por él sucedieron hace casi 20 años. En ese período, he recorrido el país entero viendo teatro y no he topado aún con los trabajos del propio Aguilar ni con los egresados de su escuela. Desde luego, me gustaría conocer su actividad actual en una ciudad que, en virtud de su topografía y su intrincado trazo urbano, está poblada por fantasmas.
Finalmente, creo que alguien que “es contratado por las escuelas de teatro de las universidades y conservatorios de Estados Unidos, Canadá y Europa” (sic) podría tener la generosidad de perdonar a Vargas el pago de aquel curso.








