Perteneciente a la segunda generación de plusmarquistas, el atleta Aarón Gordián relata las vicisitudes de su infancia y adolescencia, cuando la poliomielitis que padece desde que tenía año y medio le impedía llegar a tiempo a su escuela. No obstante, dice, su padre fue –lo sigue siendo aún después de muerto– la figura que lo inspiró y a la que le dedica todo. A sus 47 años y después de incursionar en varias disciplinas y participar en siete Juegos Paralímpicos, con varias preseas en su haber y el Premio Nacional del Deporte 2009, Aarón ya piensa en el retiro… Aunque quién sabe.
De niño, Aarón Gordián vivía jornadas desfallecientes. De lunes a viernes, el día comenzaba a temprana hora y expresivamente intenso para él. Siempre batallaba por hacerse de un sitio en las combis del servicio de transporte en la ciudad. Con su frágil cuerpo apenas apoyado por un par de muletas carecía de libertad de movimientos. Muchas fueron las ocasiones en que llegó tarde a la escuela del Sistema Nacional para el Desarrollo Integral de la Familia (DIF).
“En ocasiones salía disparado para un lado porque todo mundo nos aventábamos para ganar un espacio en el transporte; nunca me importó. Me levantaba y algunas veces hasta llegaba a tomar un lugar, aunque por lo general siempre llegaba tarde al colegio. Sólo cuando corría con suerte en la pesera llegaba temprano”, cuenta.
Pero para los directores y maestros no había explicaciones del niño Aarón que valieran. En las calificaciones cada vez aparecía más la palabra “retardo”. Desde entonces sospechó que sus estudios de primaria, y luego de secundaria podrían quedar truncados en cualquier momento por cualquier contingencia.
“Y muy lejos que mis propios profesores o el director entendieran la situación, todo fue imposible”, insiste Aarón.
A los ocho años, cuando su discapacidad la derrochaba en imaginación y habilidades, él soñaba con graduarse como ingeniero en construcción. “Me gusta la arquitectura y todo lo relacionado con el diseño, pero fue complicado por el problema del transporte y la escuela”.
Aarón perdió la fuerza de las extremidades inferiores cuando tenía un año y medio, víctima de la poliomielitis. Fue su padre, Flavio Gordián Robles, quien le ayudó a definir sus proyectos de vida. El hijo aún tiene vivo el recuerdo: “Tú eres tu propio ingeniero, tu propio arquitecto, y únicamente tienes que construir tu propia vida, tu propio destino…”.
Rememora: “Con esas palabras he caminado para construir mi vida, pero también para construir la casa de mis padres; Y aunque mi papá ya no está en vida, de alguna manera platico con él todos los días y me encomiendo a él en todos mis esfuerzos, en todas mis oraciones y en todas mis competencias”.
Como consumado atleta de alto rendimiento para deportes con discapacidad, Aarón Gordián pasó de los estudios a los éxitos deportivos. Ha viajado por el mundo, participado en siete Juegos Paralímpicos –con dos medallas incluidas: bronce en Seúl 88 en 200 metros y plata en Atenas 2004 en 5 mil metros–. Ostenta un campeonato del mundo –en mil 500 metros en Edmonton 2001– y el Premio Nacional del Deporte 2009.
Ahora, a los 47 años, dice que va por su octava participación paralímpica y anuncia que se retirará de los Juegos Parapanamericanos tras su logro en Guadalajara y que desde ahora buscará hacerse de un lugar en la prueba de bicicleta de mano (handbike).
El reciente monarca parapanamericano en la prueba más extenuante de la competencia –el maratón– acostumbra intercalar sus participaciones en competencias internacionales, como el Maratón de Nueva York y el de Japón, con algunas carreras del país en la que exista una buena compensación monetaria.
La familia y el deporte
Gran parte del dinero producto de sus triunfos deportivos lo ha invertido en la edificación del hogar de sus padres, ya que para “darle una mejor calidad de vida opté por construirle su casa y ocupar todo el presupuesto que en premios económicos he recibido, aunque a veces me digan: ‘Aarón, tienes a tu familia, a tus hijos, ¿por qué no inviertes en ellos?’”.
Y se explaya: “Les respondo que mis padres fueron los que se encargaron de construirme, de formarme y, obviamente, primero tuve padres. Al año y seis meses de edad sufrí el contagio de la poliomielitis y mis padres se encargaron de resolver lo que estaba en sus manos como podían. Mis hijos tienen un lugar importante y gracias a Dios he aprendido a repartir esta felicidad y lo que he obtenido del deporte también va para ellos.
“Mucha gente piensa que mi padre –quien falleció en 2002– aún vive, porque con frecuencia lo menciono como si estuviera presente en ese momento. Así lo siento y así lo percibo. Siempre siento que él está en ese momento conmigo, en el instante más indicado y que de alguna manera es quien me ayuda a empujar la silla de ruedas.”
Dice que aun cuando puede moverse y deambular con muletas y aparatos ortopédicos, fue a través de la rehabilitación que se dio cuenta que también podía realizar deporte de calidad: “Me fascinó muchísimo porque entré por la puerta que efectivamente me gusta, el deporte, en específico el futbol”. Comenta que lo jugó durante su estancia en el Instituto Mexicano de Protección Infantil, antecesor del DIF.
Aarón también incursionó en la natación y el basquetbol, hasta que conoció el atletismo de silla sobre ruedas en 1984. Ese año logró su primera participación internacional en los Juegos Paralímpicos que se realizaron en Inglaterra, a diferencia de los convencionales, cuya sede fue en Los Ángeles, California.
Fueron años difíciles en la integración, ya que no se creaba una verdadera conciencia en la sociedad, de tal suerte que cuando abandonó la escuela de rehabilitación del DIF, dice, se enfrentó “a un mundo distinto, a muchas complicaciones”.
Expone Aarón: “No podía entender que primero un camión pasaba por mí a la casa para llevarme a la escuela primaria y después tuve que enfrentar a una sociedad con todos los riesgos, dificultades, carencias y toda la situación que presentaba una ciudad grandísima que carecía de lo que tiene ahora: espacios, vías, señalamientos y transporte para personas con discapacidad física, lo que originó que de alguna manera hubiese un trato de indiferencia y a veces de rechazo a mi persona, pero nunca me preocupó de ninguna forma; mucho menos me ofendió”.
En 2007 decidió anunciar su retiro de las competencias por una lesión en los bíceps, derivado de un accidente que sufrió en carretera mientras se dirigía con algunos compañeros a celebrar la conquista del maratón Fiestas de Octubre, de Guadalajara.
“El doctor me dijo que mis bíceps estaban incompletos porque de alguna manera me costaba mucho trabajo ejercitarlos, sacar el conejo. Tenían que hacerme una cirugía y me diagnosticaron que la rehabilitación sería de un año. Eran cosas que me preocupaban, máxime que ya empezaba a obtener resultados no muy positivos que digamos…”, resume.
A ello se le agregó una operación de peritonitis en 2001; “y como me quitaron 20 centímetros de intestino tenía muchas complicaciones para mantenerme delgado, por cuidar la dieta. Era como encontrar una media para que no pudiera sentir un síntoma de dolor”, dice.
A base de trabajo y rehabilitación mejoró su rendimiento para luego comunicar que daba marcha atrás a sus intenciones de dejar el deporte, hasta ahora que oficializó su retiro de los Juegos Parapanamericanos.
Aarón ingresó al deporte adaptado en 1978. Aún le tocó convivir y hasta competir contras las figuras nacionales de la primera generación de atletas con discapacidad. Él es uno de los pilares de la segunda generación y por azares del destino y de continuidad ya también recibió en los Juegos Parapanamericanos de Guadalajara a los que conforman la avanzada de la tercera etapa, la cual encabeza la revelación del certamen continental: la nadadora Vianney Trejo, de apenas 17 años.








