CALTANISSETTA, ITALIA.- Habiendo participado con la distinción, una vez más, como miembro del jurado del prestigiado Concurso Internacional Vincenzo Bellini, presento a ustedes una pequeña reseña de lo acontecido recientemente en Caltanissetta, Sicilia, Italia. Este concurso en su 42a Edición, se llevó a cabo del 14 al 20 de noviembre de este 2011.
Es importante resaltar y aplaudir el logro que la soprano mexicana, Ana Karina Pegueros alumna del Cencrem (Centro de Creación Musical) que dirige quien estas notas redacta y que, siendo ella la más joven de los participantes del “Vincenzo Bellini”, cantó “Una voce poco fa” del Barbero de Sevilla, de Rossini; el vals de Mussetta, de Puccini; “E strano… Sempre libera”, de La Traviata; y “Caro Nome”, de Rigoletto, obteniendo tercer lugar.
En los antecedentes de tan prestigiado certamen se destacan, que el tenor Ramón Arturo Vargas, obtuvo el primer lugar en 1987, situación que le ha proyectado como uno de los mejores a nivel internacional. Otras premiaciones ocurrieron en 1999, cuando se realizó en nuestro país la eliminatoria para llevar como semifinalistas en el área del canto y del piano, a 10 cantantes y a 10 pianistas, de los cuales obtuvimos premios en el segundo lugar con Grace Echauri y Felipe Martínez y con el tercero a Claudia López, por ex aequo.
Es la tercera oportunidad en la cual, talentos mexicanos que han participado en dicho certamen, obtienen distinciones, lo cual señala que el Bel Canto en nuestro país, sigue siendo una de las áreas de competitividad internacional. He planteado como miembro honorífico del jurado de dicho Concurso Internacional, desde 1998, la posibilidad de realizar un concurso más en México para 2012 o 2013, con una insólita proyección hacia toda nuestra América, potenciando el que, desde La Patagonia hasta Alaska, podamos interactuar en una competencia del Concurso Vincenzo Bellini, que podría proyectar los actuales niveles de nuestro continente, en el Bel Canto, que en mucho, superan ya a la Europa en su conjunto. Una iniciativa de tal naturaleza, es un estímulo de primer orden para todos aquellos que se desenvuelven en estos derroteros.
Habiendo participado como miembro del jurado del Concurso Internacional María Callas en 1997, en Parma, y desde 1998 en el Vincenzo Bellini de Sicilia, Italia, he podido constatar, los niveles que los distintos exponentes de todo el mundo, reflejan en estas contiendas, lo cual nos permite promocionar a nuestros talentos de México y de América, con un potencial superior al de los europeos.
Ello deriva de una técnica equivocada que han venido ostentando desde los años de 1960 hasta los de 1990 o del siglo pasado, que no aciertan a corregir los vibratos distorsionadores, de la colocación nasal de la máscara, desconociendo los resonadores del tórax, que no favorecen la afinación precisa y exacta de las alturas sonoras, y que no nos permiten apreciar la naturalidad de la voz, ni la justeza de la afinación. Casi todos desconocen ese potencial del resonador del tórax y de la boca, como único resonador movible-flexible. Todos quieren dar más voz de lo que su potencial natural ofrece y distorsionan su propia emisión.
Este es ya un enorme problema técnico-vocal que se ha generalizado, en los cantantes de todo el mundo, independientemente de su amplia preparación, en el fenómeno musical, en sus recientes y últimas visiones estético–técnicas, y que tiene como consecuencia que la vida media de la voz concluya prematuramente. Otra consecuencia de esta técnica es la pésima dicción que a todos los iguala, metiendo la voz en un tubo, simulando la voz cubierta. Estos problemas han impedido que, desde hace varios años, los concursantes no logren los primeros lugares o premios especiales como el Premio María Callas, que no se le ha otorgado a nadie, pues ningún cantante, de los que ha participado en este concurso, ha demostrado tener un nivel superior que lo proyecte como un cantante de la altura de María Callas, entre algunos más.
El canto ha sido la actividad que conecta a todas las culturas, pues es el instrumento natural por excelencia en cualquier civilización, universalmente hablando, por ello, la importancia de su vínculo con la expresión, tanto con el habla como con el canto, que son, y serán siempre lo mismo. De ahí el refrán popular que dice: el que habla canta, nos coloca en esa dimensión que nos transporta a la suspensión en el tiempo y en el espacio del canto, como la exaltación de la comunicación y expresión.
Se dice colateralmente también que el que canta ora dos veces y que también proyecta y saca su interioridad al descubierto.








