Novedades de Houellebecq y Taibo

Hace unas semanas apareció en librerías El mapa y el territorio (Ed. Anagrama. Col. Panorama de narrativas, núm. 783; Barcelona, 2011, 377 pp.) de Michel Houellebecq, el infante terrible de las letras francesas. La narración sorprende porque pule el estilo irónico y cortante de sus anteriores novelas como Las partículas elementales (1998) y Plataforma (2001), mitiga su feroz crítica a la sociedad moderna y opta por un esquema narrativo tradicional.
Quizás el aseo emprendido le valió el Premio Goncourt 2010.
En El mapa y el territorio Houellebecq hace un cuestionamiento al mundo creativo que se ciñe por la compraventa. En las artes plásticas, si el artista atiende la demanda del mercado, constriñe sus deseos. El resultado es un producto anodino carente de pasión. También la tiranía del comercio se extiende a otros ámbitos como el turístico, que para vender erige hoteles y parques repulsivos sin respetar a la ecología o la estética. Frente a esta perversión, el auténtico creador debe buscar que las realizaciones respondan a sus intenciones.
El mapa y el territorio es una narración que incluye diferentes temas a las que recurre el autor, a efecto de mantener la atención del lector, como el trabajo del artista, el dinero, el amor, la ambición… Sin embargo, el resultado es magro por la rapidez con los que los aborda. Sería deseable que Houellebecq volviera a su anterior manera cáustica y cautivante.
A su vez, recientemente también fue publicada la obra narrativa Persona normal (Ed. Destino. México, 2011, 212 pp.), de Benito Taibo, que versa sobre el papel de los libros en la adolescencia de Sebastián.
Cuando mueren sus padres en un accidente, Sebastián queda bajo la tutela de su tío Paco, quien le obsequia una biblioteca con obras de poetas, novelistas ensayistas y cuentistas. La intención es que éstos le ayuden a comprender la vida, así como a descubrir y vivir su deseo, para lo cual tiene que dejar lo normal y acceder a lo diferente.
El carácter didáctico de la novela forza la trama. Frente a cada suceso el novelista sugiere un libro, que supuestamente ilumina al protagonista. En algunos casos logra su objetivo con brillantez; en otros, violenta la narración y pierde espontaneidad.
No obstante, el gusto con el que escribe Taibo hace entretenida la lectura, además gracias al amplio registro cultural que realiza conforma un canon de libros y autores indispensables.