BERLÍN.- “Había un estado de ánimo impulsado por el gobierno del káiser, de ganas de partir en dirección a la victoria”, dice frente a la cámara el anciano Karl Holzamer. Se refiere al clima que reinaba en Alemania en agosto de 1914, al declararse la Primera Guerra Mundial. “También cuando se embarcaron las primeras tropas, que fueron llevadas en trenes, la conciencia que imperaba era que al otro día se iba a estar de nuevo en casa”, rememora Holzamer, por entonces un niño de ocho años de edad.
“Tenemos que sobreponernos a esto, tenemos que vencerlos y entonces vamos a estar de nuevo en casa”, recuerda haber oído. “El despertar vino más tarde –dice– sobre todo cuando la guerra en el oeste se produjo en las trincheras y no fue más de una tropa contra otra, sino incrustados debajo de la tierra”.
El fragmento de esta entrevista de estudio puede verse en el portal de internet Memoria de la Nación (www.gedaechnis-der-nation.de) un archivo digital que alberga los recuerdos de mil 800 personas sobre los sucesos más importantes de la historia alemana de los últimos 100 años.
Se trata de una plataforma multimedia cuyo propósito es recoger las voces de los protagonistas y testigos de cada época. Las entrevistas capturadas en video plasman una especie de memoria cultural de los alemanes. El objetivo del proyecto es crear una imagen abarcadora de la historia del país, que también pueda ser usada didácticamente en las escuelas y las universidades.
“Tenemos una historiografía que viene desde arriba: los historiadores escriben la historia, que a su vez es abstracta y no aglutina muchas voces”, dice a Proceso Simone Gebel, redactora de este proyecto a cargo del segundo canal de la televisión pública germana, ZDF, y de la revista Stern.
“La idea aquí es recolectar una historia vivida, la historia desde abajo, de los testigos de época, de la propia población”, explica Gebel. “De esta manera pueden encontrarse historias en la memoria de la nación, historias cotidianas, que no son en absoluto usuales y no suelen aparecer en la historiografía oficial”.
La plataforma está disponible para todos y su consulta no requiere de registros ni cuotas. Su fuente de inspiración es el archivo de historia oral del Holocausto de la Fundación Shoah, iniciado por Steven Spielberg en 1994, cuando rodaba la película La lista de Schindler. El cineasta recolectó entonces el testimonio visual de más de 50 mil sobrevivientes y testigos del holocausto y subió el material a la red para multiplicar su difusión.
También la plataforma alemana espera algún día alcanzar semejante cifra. Por ahora cuenta con unos mil 800 testimonios provenientes del archivo del canal ZDF, como la entrevista con Karl Holzamer, que data de 2001. El proyecto se complementa con el canal de YouTube Nuestra historia. Aquí los testigos de un acontecimiento histórico pueden grabar su testimonio y subirlo a la plataforma.
El canal de YouTube y las posibilidades técnicas de la página web son responsabilidad del buscador Google. En el financiamiento también participan la automotriz Daimler, el consorcio de medios Bertelsmann y la Fundación Robert Bosch. La plataforma cuenta además con el patrocinio del presidente federal de Alemania, Christian Wulff. Los dos millones de euros recolectados por los organizadores aseguran el funcionamiento de la iniciativa durante cuatro años.
Hitos
“Ya en el auto las mujeres chillaban; porque éramos cuatro, tres mujeres y yo, y ellas gritaban y chillaban. Creo que de repente se dieron cuenta de que íbamos al oeste y que eso que durante décadas había sido imposible se había vuelto posible en cuestión de minutos. ¡Íbamos camino al oeste!”, relata Georg Patzer, conteniendo el entusiasmo frente a la cámara.
El oeste –como solía llamarse a Alemania Occidental en la República Democrática Alemana– no era otra cosa que la otra mitad de Berlín, del otro lado del Muro. “Atravesamos la frontera con las ventanillas abajo, con gritos”, sigue Patzer. “Y fue un recibimiento como el que en Nueva York se dio a los astronautas que llegaron de la Luna. Yo conducía y en la calle toda esa gente festejaba, esa era la atmósfera que reinaba, era algo indescriptible”.
La caída del Muro de Berlín el 9 de noviembre de 1989 es uno de los temas de la historia reciente de Alemania que más se refleja en la plataforma. También hay testimonios sobre la introducción del euro, el 1 de enero de 2002 o a la asunción de Joseph Ratzinger como Benedicto XVI, el 19 de abril de 2005.
La búsqueda en este gigantesco museo digital de la memoria puede realizarse temática o cronológicamente. Las referencias abarcan la caída del káiser Guillermo II en 1918, la República de Weimar, el nazismo, la Segunda Guerra Mundial, la división alemana de posguerra, el Muro de Berlín en 1961, las revueltas estudiantiles del 68, los atentados de la RAF en 1977 o la reunificación alemana en 1990.
Uno de los temas de mayor relieve es el Holocausto: “En ese campo de concentración siempre se me mantuvo escondida”, dice Elza Biermann frente a la cámara, sin poder precisar el nombre del lugar al que llegó de niña con su padre y donde muchas veces tuvo que valerse por sí misma.
“Mi padre me escondía una y otra vez detrás del armario; no quería que yo estuviera en la lista de los niños registrados ya que éstos eran los primeros que se llevaban en los transportes”, dice Biermann. “Siempre había selecciones en el campo de concentración: los débiles, los niños, los viejos, todos esos eran asesinados a tiros o transportados, yo no sabía qué ni dónde ni quién, pero así era”.
Historias
Una de las facetas más interesantes del proyecto es el Autobús del Siglo, un estudio de grabación itinerante que, tras una estadía en Berlín, se desplaza a lo largo del país para recabar entrevistas. “La primera gira dura ocho semanas y pasa por unas 15 ciudades, a lo largo de la antigua frontera entre ambas Alemanias”, cuenta Gebel a este semanario. Se busca reconstruir en paralelo la vida cotidiana en los dos Estados.
El equipo de redactores que lleva a cabo las entrevistas ha entrado en contacto con los testigos de la historia por medio de recomendaciones de los periódicos regionales. “A través del contacto telefónico hemos aclarado el tema sobre el que quieren hablar, para garantizar la calidad de la entrevista, y también ganar la confianza de los entrevistados”, sostiene Gebel.
Con las entrevistas previas los redactores comprueban la veracidad histórica de los hechos mencionados. Ningún video es puesto en la red sin este control previo. Esto también vale para los participantes del canal de YouTube Nuestra historia, donde cada testigo de época puede grabar su historia y subirla a la red.
Los relatos de hechos contados por sus protagonistas suelen ser poco confiables para los historiadores. Aducen que no se trata de una ciencia exacta, sino de recuerdos que pueden ser engañosos. Esta desconfianza surge de estudios que sostienen que la memoria retoca los acontecimientos que ocurrieron hace mucho tiempo, dándoles a veces nueva forma o cambiando su significado.
“La historia es fría, analítica; la memoria es caliente, emocional“, dice al respecto el documentalista Guido Knopp, uno de los responsables del proyecto.
Para Peter Lautzas, presidente de la Asociación Alemana de Profesores de Historia, que colabora con la plataforma, las historias no reflejan la historia, sino que, como cualquier otra fuente, tienen que ser contrastadas en profundidad. Los testigos les permiten a los historiadores recobrar el sentimiento vital, la percepción de una época, para descifrar el pasado y valorar las decisiones políticas tomadas en dicho momento.
–¿Cómo se evalúan los testimonios de los testigos en el caso de temas controvertidos? –se le pregunta a Gebel.
–Una de las palabras clave es la multiplicidad de perspectivas; es decir que en lo posible se permitan muchos puntos de vista sobre cada tema, porque está claro que no hay una verdad universal y por eso es importante dejar hablar a muchas personas. Ahora mismo algunos testimonios no coinciden totalmente con la historiografía oficial. Sin embargo, son historias muy interesantes.
“Igualmente tenemos cuidado –advierte–, porque hay temas de la historia contemporánea alemana, como el Holocausto… si alguien niega su existencia, no podemos aceptarlo en el banco de datos.”








