Los votos de la crisis

El Partido Socialista Obrero Español se encamina a la derrota en las elecciones de este domingo 20. Paga así los costos de la crisis económica que sufre España y de las medidas que para enfrentarla tomó el presidente José Luis Rodríguez Zapatero. Los “votos de castigo” al PSOE beneficiarían a Mariano Rajoy, candidato del Partido Popular y quien según las encuestas es amplio favorito para ganar la presidencia. Pero las exigencias de la Unión Europea le dejan poco margen de maniobra: con una recesión en puerta y un desempleo que afecta a 5 millones de españoles, se verá forzado a aplicar medidas de ajuste económico aun más dolorosas.

MADRID.- España vive días difíciles. El desempleo golpea casi a 5 millones de personas (21.52% de la población económicamente activa) y se estima que otras 400 mil perderán su trabajo en el primer trimestre de 2012. El país se asoma a una nueva recesión y las promesas gubernamentales para controlar el déficit público serán difíciles de cumplir a finales de este año, lo que complica el escenario para la llegada del nuevo gobierno que surja de los comicios generales de este domingo 20.
Por eso no sorprende ver esta escena callejera: el miércoles 16, cientos de personas se forman desde muy temprano a la entrada de Doña Manolita, un histórico expendio de billetes de lotería en el centro de esta capital. La espera de horas sólo se compensa con la ilusión de ser beneficiado hasta con 400 mil euros por décimo adquirido del premio mayor. Esta estampa refleja el ánimo de muchos españoles: invierten sus pocos ahorros en una esperanza.
Rafael y José Luis avanzan lentamente en la fila que se extiende a lo largo de dos calles, hasta llegar a la céntrica plaza de Callao. Tienen “la ilusión de pegarle al gordo”, dice el primero. “Porque la cosa está muy mal en este país, estamos con el agua al cuello”, añade. Rafael, septuagenario, dice que con su jubilación difícilmente cubre sus gastos y los de su esposa.
José Luis señala sus prioridades en estos días: “Comprar lotería y votar este domingo por otro partido que no sea el de los socialistas”. El joven de corbata y traje es empleado bancario. “Votaré por el PP”, confiesa con cierto enfado.
La escena tuvo lugar cuatro días antes de este domingo 20, cuando se elegirá un nuevo presidente. Casi todos los sondeos dan como ganador a Mariano Rajoy, líder del Partido Popular (PP), frente a su más cercano adversario, el socialista Alfredo Pérez Rubalcaba, exvicepresidente primero y ministro del Interior del gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero.
Algunas encuestas, como la del periódico El Mundo, dan hasta 17.8% de ventaja a Rajoy, que va en su tercer intento por llegar al palacio de La Moncloa luego de ser derrotado en 2004 y 2008. Otro sondeo, el levantado por Metroscopía para el periódico El País (publicado el domingo 13) arroja que el PP obtendría 45.4% de la votación frente a 30.9% del Partido Socialista Obrero Español (PSOE).
La encuesta del gubernamental Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), hecha pública el lunes 14, apunta que Rubalcaba se quedaría a 16.7 puntos de Rajoy y agrega que el PP obtendría entre 190 y 195 asientos en el Congreso de los Diputados. El PSOE alcanzaría de 116 a 121. Si esto se cumple, el PSOE perdería alrededor de 50 curules y el PP tendría la segunda mayoría absoluta más holgada en la historia de la democracia española, después de los 202 que consiguió el socialista Felipe González en 1996.
Luego de gobernar dos legislaturas seguidas (2004-2011), el PSOE está a un paso de la debacle. Paga las consecuencias de que España esté al borde de un rescate financiero derivado de sus problemas internos y arrastrada por la inestabilidad de otras naciones de la Unión Europea (UE), como Grecia e Italia.
“Estoy de acuerdo en que es una campaña atípica, rara, distinta, cuyo tema toral ha sido la crisis económica. Me atrevería a decir que sobraba hacer campaña, porque parece que todo está decidido de antemano”, dice José Luis Lobo, analista político y director adjunto del diario digital El Confidencial.
En entrevista con Proceso el miércoles 16, Lobo sostiene: “De que va a ganar el PP, no hay duda; que va a obtener mayoría absoluta (tendría que pasar de 176 diputados), casi está fuera de cualquier duda. La gran incógnita es qué tan aplastante será la derrota del PSOE y si será una derrota digna o indigna para este partido”.
Añade: “Lo planteo porque a partir de los últimos contactos que he tenido con dirigentes socialistas, estoy convencido de que si el PSOE obtiene menos de 125 escaños, que fueron los que obtuvo Joaquín Almunia en el año 2000, Rubalcaba tendrá que irse a su casa como entonces lo anunció Almunia, la misma noche de aquella jornada electoral. No podrá gestionar o articular una oposición al gobierno del PP, se tendría que ir no sólo por dignidad sino porque no le permitirían en el partido encabezar la oposición”.
Por otro lado, el hecho de casi tener seguro el triunfo no exime a Rajoy de su falta de claridad y de pretender generar un ambiente de “confianza” sin ofrecer detalles de qué y cómo hará las cosas, afirma.
Sostiene que esa “falta de claridad” de Rajoy de su programa electoral es “con el fin de no asustar al votante”. Pero le reprocha: “No se atreve a arriesgar nada”.
“Rajoy y sus estrategas han concluido: ‘Para qué nos vamos a arriesgar anunciando lo que vamos a tener que hacer una vez ganadas las elecciones (dolorosos ajustes en la economía) si eso efectivamente puede asustar a los electores’, cuando juega con una marcada ventaja. Entonces han hecho un programa muy plano, muy lineal, con muy pocas ofertas concretas. Pero eso no significa que una vez que el PP gane las elecciones, como ya nadie lo discute, tendrá que seguir aplicando unas políticas muy duras de ajuste.”
Pero el no decirlo ahora “se me hace poco honesto”. “Si los ciudadanos se molestaran en leer el programa electoral del PP se darían cuenta de que hay muy pocas propuestas concretas, son sólo vaguedades y declaraciones de buenas intenciones”, dice Lobo.
–¿Rajoy profundizará las medidas de choque iniciadas por Zapatero?
–Sin duda. Rajoy afirma en su campaña que representa “el cambio”. Pero de ello nada habrá. No va a tener autonomía plena para aplicar las políticas que él quisiera, va a aplicar una política que le impongan los mercados y la UE. Pero es evidente que seguirá con los recortes.
“No tendrá más remedio –abunda–, porque la situación está todavía muy disparada, pese a que ya dijo que no recortará las prestaciones básicas de sanidad y educación, está por verse; es verdad que ha dicho que va a meter la tijera a los gastos de las administraciones públicas, pero con eso no le da suficiente para cumplir con los compromisos con la UE. Hay ciertas alternativas aún no conocidas en su plan.”

Oposición en la calle

Lobo sostiene que el PSOE utiliza sin éxito el recurso del miedo al afirmar que la derecha en el gobierno representará la eliminación de los derechos sociales. El candidato socialista ha desplegado esa idea, argumentando que el PP tiene un “programa oculto” de fuertes recortes en gasto social que por “cálculo político” no se atreve a develar.
Prosigue: “Lo que sí será un hecho es que una vez que Rajoy llegue a La Moncloa las medidas duras van a generar una gran respuesta en la calle (…) Durante años los sindicatos, siempre aliados de Rodríguez Zapatero, no salieron a la calle; pero con las medidas que ponga en marcha el PP tendrán elementos suficientes para convocar las protestas”.
El martes 15, en un acto de campaña en Ceuta, la secretaria general del PP y presidenta de la junta de Castilla-La Mancha, María Dolores de Cospedal, dejó entrever que habrá protestas en la calle cuando el eventual gobierno de su partido ponga en marcha nuevas medidas de choque. “Algunos, los que no se han quejado hasta ahora, van a protestar mucho cuando el gobierno diga todo lo que hay que hacer para sacar el país adelante”, confesó.
“Tenemos credibilidad y legitimidad para decir lo que hay que hacer, que es apretarse el cinturón”, añadió ante los militantes de su partido.
El caso de Cospedal, quien en los comicios de mayo pasado arrebató al PSOE el gobierno de la comunidad autónoma de Castilla-La Mancha, es la muestra palpable de cómo hasta ahora el PP actúa ante las dificultades de la economía. El pasado 31 de agosto, Cospedal anunció las principales medidas de su plan de recortes, que le permitirá al gobierno de esta región ahorrar mil 815 millones de euros entre 2011 y 2012.
La iniciativa implicará que el presupuesto de esa comunidad –de por si austero– se reducirá 20% para descender a casi 7 mil millones de euros, una cifra que vuelve a los niveles de 2005.
Según ella esta medida es la “vacuna” para que se puedan mantener los servicios sociales. Pero en un comunicado, el PSOE de esa comunidad calificó la medida de ataque sin precedentes a la educación, la salud pública y la economía productiva, porque podría traducirse en la pérdida de unos 15 mil empleos, de los cuales 4 mil 500 serán profesores y otros 4 mil serán médicos, enfermeras y auxiliares.
“Vamos a dar un ejemplo a toda España y lo vamos a hacer todos los ciudadanos de Castilla-La Mancha”, argumentó Cospedal.
A su llegada a la junta de Castilla-La Mancha, Cospedal abrió dos frentes. Primero dejó de pagar a las farmacias el costo de las recetas que sufragaba el sector de la salud pública. Los farmacéuticos amagaron con cerrar sus establecimientos. Ante ello, el gobierno de esta comunidad inició negociaciones. El problema sigue sin solución. El otro frente: en agosto más de 30 mil viudas no habían recibido el pago semestral de 200 euros que complementa su pensión. Esta medida fue creada por el gobierno del socialista José María Barreda.

Un PSOE desfondado

Alfredo Pérez Rubalcaba es un político ampliamente reconocido por su trayectoria y sus capacidades políticas. Sin embargo, José Luis Lobo advierte que la campaña del socialista ha sido “muy complicada” por errores propios del candidato y otros no atribuibles a él. Señala uno: se empecinó en que se adelantaran las elecciones para este 20 de noviembre. Rodríguez Zapatero aceptó, a pesar de que anteriormente había expresado su deseo de completar el periodo de la legislatura, que debía terminar en marzo de 2012.
El pasado 29 de julio, Rodríguez Zapatero anunció que adelantaba las elecciones. Dijo que lo hacía para favorecer el “interés general”. Afirmó que era una decisión madurada y la consideró “natural y razonable” una vez aprobadas sus reformas económicas. Incluso expresó que el calendario electoral permitiría al nuevo gobierno “asumir plenamente los poderes el 1 de enero” y “hacerse cargo de todo el ejercicio económico correspondiente a 2012”. Eso “será bueno para la economía”, argumentó.
Lobo sostiene que Rubalcaba se equivocó. Explica: “El anterior sondeo del CIS, difundido en julio pasado, lo colocaba siete puntos por debajo de Rajoy. Ello confundió a Rubalcaba. Pensó que se debían adelantar las elecciones porque después el deterioro sería mayor y porque aún tenía posibilidades de estar en la pelea”.
Luego el candidato socialista sufrió un golpe en la columna vertebral de su campaña. Rodríguez Zapatero acordó con Rajoy –sin tomar en cuenta a Ruvalcaba– la reforma constitucional que prevé limitar el déficit público, como lo demandó Alemania el pasado 19 de agosto.
Rubalcaba –que se oponía a la reforma– se vio obligado a acatarla. Ésta se aprobó el 27 de septiembre en medio de las duras críticas de otros partidos y de los indignados del movimiento 15-M.
El compromiso español implica reducir a 3% el déficit público en 2013, algo que parece imposible pues para este año el gobierno se comprometió a una reducción de 6%, aunque las estimaciones más halagüeñas la sitúan en casi 7%.
No ayudan a cambiar el panorama los otros indicadores. Por ejemplo, la UE estima que España crecerá 0.7% en 2012, lo cual podría provocar un aumento de impuestos y un nuevo recorte del gasto público.
Peor aún, en diciembre España deberá desembolsar 65 mil millones de euros por gastos en salud pública y otros 30 mil millones en subsidios por desempleo.
Estas cifras resultan descomunales en comparación con los resultados de las primeras medidas que tomó Rodríguez Zapatero en mayo de 2010, cuando congeló las pensiones (un ahorro de mil 500 millones de euros) y rebajó los sueldos de los funcionarios (un ahorro de 4 mil millones de euros entre 2010 y 2011).
El jefe del gobierno español tomó otra medida que tampoco benefició a su candidato: el 5 de octubre, en Bruselas anunció que la base militar de Rota formaría parte del escudo antimisiles defendido por el presidente de Estados Unidos, Barack Obama. La decisión, nuevamente, sólo fue consultada con Rajoy. Las cortes (el Senado y el Congreso de los Diputados) no estaban reunidas y no hubo debate al respecto.
Desde entonces, Rubalcaba ha caído en picada en las encuestas y el PP acrecienta su ventaja.
Lobo recuerda que en gobiernos anteriores, como los de Felipe González o José María Aznar, las derrotas de los partidos en el poder se debieron más a sus propios errores que a los méritos de la oposición. Pero enfatiza que en esta ocasión la derrota socialista será la más demoledora desde la llegada de la democracia, si se cumplen los vaticinios de las encuestas.
Estima que “habrá una atomización del voto que abandone al PSOE” y que ello beneficiará a varios partidos pequeños. “A los clásicos de siempre, como Izquierda Unida, se sumaran Equo (formación ecologista), Compromis de Valencia y el Foro de Asturias, que encabeza el expopular Francisco Álvarez Cascos”.
Por otra parte, el anuncio de ETA de deponer las armas es el único factor que podría beneficiar a Rubalcaba, quien como ministro del Interior desempeñó un papel relevante en el combate a esa organización. Pero ese tema no tuvo gran influencia en el proceso electoral.