México fue Estado fundador de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO, por sus siglas en inglés), creada con el objeto de contribuir a mantener la paz y la seguridad mundiales, estrechando la colaboración entre las naciones por medio de la educación, la ciencia, la cultura y la comunicación, para asegurar el respeto universal hacia la justicia, la ley, los derechos del Hombre y las libertades fundamentales para todos, sin distinción de raza, sexo, lengua o religión…
El poeta mexicano Jaime Torres Bodet fue su director, entre 1948 y 1952; y otro gran mexicano, Rufino Tamayo, pintó un mural en su sede en París.
Estados Unidos, también fundador de la UNESCO, participó con alrededor de 20% del presupuesto de la institución hasta que, el 1º de enero de 1985 dejó la organización por considerar que su director general, el senegalés Amadou-Mahtar ‘Bow, “se desviaba hacia el comunismo”, y luego que su sucesor, el español Federico Mayor, adoptaba una política cultural favorable al tercermundismo y en particular hacia América Latina.
Estados Unidos ha ratificado convenciones de la UNESCO como las que aluden a los derechos de autor, entre otras, pero es notable que no hayan ratificado otras como las que se refieren a la no discriminación en materia educativa o las que reconocen diplomas de países como el nuestro o protegen la diversidad de expresiones culturales.
En 1999 fue elegido director general el japonés Koichiro Matsuura, quien se dedicó a buscar la reintegración de Estados Unidos en la UNESCO, lográndolo en 2003 gracias a una política que incluyó el despido de personal subalterno, la supresión de la revista Le Courrier de l‘Unesco o el abandono del proyecto de información abierta por internet, con lo que redujo el presupuesto de la institución y aumentó los derechos de los Estados miembros proporcionalmente al monto de sus aportes. Además aceptó financiamiento del sector privado, como Microsoft y l‘Oreal, otorgándoles el derecho –aunque no explícito– a dirigir programas relativos a educación, ciencias exactas y naturales, ciencias sociales y humanas, cultura, comunicación e información.
La Convención para la Salvaguarda del Patrimonio Cultural Inmaterial (PCI) se realizó en 2003 cuando Estados Unidos se reintegra a la UNESCO, pero ese país no la firmó por no reconocer que posee algo llamado patrimonio cultural inmaterial en su territorio, aun cuando se reservó el derecho de “observar”, lo cual hacen los 137 Estados miembros del PCI, habiendo pugnado por la transformación de este concepto, que significa cultura producida y reproducida ancestralmente por los pueblos vivos, en un objeto mercantil destinado exclusivamente al sector turístico, para lo que promueve que se fijen las manifestaciones en soportes tecnológicos, previendo la inminente desaparición de los sujetos productores.
¿Cómo sorprendernos de que, una vez más, Estados Unidos castigue al mundo civilizado retirando los fondos que ha extraído de cada uno de sus rincones, porque un heroico pueblo de cultura ancestral sea reconocido de pleno derecho por la comunidad internacional? Aunque algunos voceros de gobiernos sometidos crean que “no es el momento para reconocer el lugar de Palestina en el mundo”. l
* Ya enviado este artículo, se informó que la directora general actual de la UNESCO, Irina Bokova, anunció que ante el retiro de Estados Unidos se suspenden las actividades de noviembre y diciembre, con el fin de ahorrar 65 millones de dólares.








