En la pantalla, Iniciativa México aparece como un reality show en el que participan miembros de agrupaciones civiles, militantes a favor de conservar el medio ambiente, creadores de proyectos de transporte, vialidad, pequeñas industrias y comercializadoras.
En el estudio coordinan la acción Carlos Loret de Mola de Televisa y Sergio Sarmiento de TVAzteca. Las presentaciones tienen tiempo fijo para convencer a un jurado, proveniente de los medios, de la validez, utilidad e importancia social de su proyecto o actividad. Poco a poco, a partir del mismo sistema de por ejemplo Big Brother, los concursantes van saliendo de cuadro. Hay dos tipos de voto: el desinformado de los comunicadores habilitados como jueces de asuntos que no entienden y el del público general, todavía menos capacitado para conocer de la pertinencia y viabilidad del asunto presentado; éste se manifiesta a través de llamadas telefónicas de elevado costo o por medio de internet.
Igual a todo programa mercantilizado, Iniciativa México produce beneficios a las televisoras mediante la usual venta de publicidad. Hasta aquí no hay ninguna novedad, las emisiones televisivas modernas operan así, mejorando hoy el ingreso de los productores mediante las estrategias agregadas de participación del público, las llamadas telefónicas y los patrocinios gubernamentales. Además no es original, es copia de Leading India (India en la vanguardia), una propuesta hindú, involucrando medios y propiciado por la fundación Ashoka creada en 1981 en Washington por un estadunidense, Bill Drayton.
Iniciativa México no es un reality más, detrás de su fachada televisiva se esconde un negocio con tintes políticos y de alcances singulares. La tal iniciativa nació hace un año con una bolsa de 60 millones de pesos, en 2011 ese monto subió a 180 millones. El significativo aumento se produjo debido a que el Estado aporta 120 millones e Iniciativa México los mismos 60 de 2010. Se presenta como un concurso por obtener los fondos para desarrollar los proyectos filantrópico-empresariales ganadores. También son premiadas las mejores ideas. Los ámbitos se refieren a salud, servicio a la comunidad, medio ambiente, educación. Serán las televisoras las encargadas de apropiarse de los derechos de toda solicitud hecha. Una vez que el proyecto ha sido registrado en la página de internet esmas.com, el uso del mismo pasa a manos del consorcio televisivo, y el autor pierde todo derecho a su obra con o sin premio.
El número de proyectos registrados en 2010 ascendió a 47,049, este año bajó a 41,600, de aquí 29,628 ideas pasaron el filtro tecnológico al cumplir con la clave del cuestionario y 4,747 proyectos. Pese a lo que se diga, las televisoras ganan dinero en lugar de donarlo. Sesenta millones se recuperan por medio de la venta de tiempo.
El que los medios comerciales e instituciones privadas como Ashoka, liderados por Televisa, articulen proyectos de supuesto beneficio colectivo, con dinero del erario y el prestigio de instituciones como la UNAM y el IPN, habla de un deterioro del sector público que cede sus prerrogativas al sector privado y reniega de sus obligaciones sociales.
Otro ejemplo similar es el Teletón. La cultura de la dádiva selectiva toma el sitio del derecho ciudadano al bienestar sostenido por los impuestos.








