Señor director:
Tengo la mente obstinada en que sus páginas no me nieguen un lugarcito, de suerte que mi queja-grito no se vuelva de humo y se me escape entre las manos.
Laboré más de 18 años como secretaria en una secundaria federal de Ciudad Lerdo, Durango. Debido a una terrible enfermedad de columna y lupus eritematoso me pensionaron en febrero de este año.
En abril de 1990 había contratado un seguro de vida individual con la Aseguradora Hidalgo por 20 mil pesos. En mayo de 1993 (¡ay de mí!) lo incrementé a 70 mil pesos a instancias del agente de esa compañía que, como “gancho”, ofrecía la cobertura de indemnización por invalidez. Varias compañeras y yo aceptamos. Me entregó el recibo correspondiente y posteriormente la póliza. Mi descuento quincenal resultó ser superior al que me había indicado.
Cuando el ISSSTE me incapacitó, reclamé la contraprestación a la Aseguradora Hidalgo. Me dijeron que la póliza no incluía esa cobertura. La causa: que el agente José María Blanco Pinedo no la reportó.
A pesar de que yo tengo los comprobantes de la solicitud y de los pagos realizados, la aseguradora desconoció la representación y responsabilidad de su promotor. Protesté por el atropello, pero me di cuenta de que a los funcionarios les vale.
Presenté entonces mi queja ante la Condusef en Torreón, a la que pido una pronta solución y, mientras tanto, advierto a los asegurados cautivos de la Federación que tengan mucho cuidado, mucho ojo con esa compañía. Espero que, en los nuevos tiempos, esas sombras descaradas no sigan ya bailando sobre nuestras personas. (Carta resumida.)
Atentamente
Antonia Gutiérrez Uviña
Cactus 3827
Fraccionamiento Los Álamos
Gómez Palacio, Durango








