Aborto y modernidad

La primera derrota política del PAN después de las elecciones del 2 de julio ha venido de Guanajuato, la tierra de donde vino también su primer presidente electo, Vicente Fox. El Congreso local guanajuatense, de mayoría panista, aprobó una reforma al Código Penal del estado para prohibir el aborto cuando el embarazo es producto de una violación, causal, hasta entonces permitida.
La iniciativa coaguló en la opinión pública el viejo recelo ante las posiciones conservadoras del panismo. La impresión fue que los congresistas guanajuatenses aprovechaban la ola del triunfo nacional de su candidato para filtrar una reforma que traduce a leyes y reglamentos, posiciones tajantes de la Iglesia católica, en materia de costumbres privadas y moral pública.
Tales posiciones, respetables como parte de la fe religiosa y la moral privada, son opresivas cuando se vuelven obligación pública general por la sencilla razón de que limitan otras creencias y otros códigos de moral privada.
Lo notable de la reacción en contra es que no fue una protesta minoritaria, confinada a cierta franja de la izquierda y de los movimientos feministas, como solía ser en el pasado. Al igual que en el reciente caso de Paulina, muchacha menor de edad a quien autoridades panistas de Baja California impidieron ejercer su derecho al aborto, luego de haber sido violada, el caso de los legisladores guanajuatenses adquirió pronto las dimensiones de un escándalo nacional.
El rechazo vino de todos los frentes, salvo de la Iglesia católica y las organizaciones afines, que en este caso resultaron minoritarias. El rechazo vino, para empezar, del propio PAN nacional y del propio presidente electo, Vicente Fox. Ambos se deslindaron de la iniciativa de sus correligionarios de Guanajuato.
El asunto fue un escándalo en los medios, particularmente en la televisión, donde la reforma tuvo también un rechazo mayoritario. Dos sondeos hechos por el noticiario nocturno de Televisa mostraron una franja de sensibilidad en el público inesperada para muchos.
El primer sondeo preguntó si la violación debía ser causa legal de aborto. Más de 60% respondió que sí. El segundo sondeo preguntó quién debía decidir en materia de aborto. Más de 80% respondió que la mujer.
Los sondeos no tienen el valor de una encuesta, no representan un universo más amplio que el de los que responden. Su significado no puede extenderse a la opinión general del país. No obstante, algo indican. Puestos junto al oleaje de la opinión pública que objetó la reforma del Congreso guanajuatense, permiten al menos aventurar una hipótesis sobre significados poco visibles del 2 de julio.
Vicente Fox ganó la Presidencia con la votación mayoritaria del México moderno. El voto del México urbano, joven y educado hizo la diferencia a su favor. Esa misma sensibilidad del México moderno que votó por Fox se volteó contra los legisladores de Guanajuato cuando quisieron desmodernizar un poco su código penal.
Moderno quiere decir aquí sensibilidad laica, contraria o ajena al fundamentalismo que sostiene en estos temas la jerarquía católica. En suma, una sensibilidad liberal.
Conviene a los panistas y al público en general tomar nota de que la votación por Fox no fue por el conservadurismo que caracteriza una franja del PAN -una franja que no es su tendencia central, al menos en este caso, como quedó claro en el rechazo de sus dirigentes al Congreso de Guanajuato- sino por el cambio.
El cambio mayor que cruza México acaso sea el de la sensibilidad, el gusto y las costumbres del nuevo pueblo que ha nacido de la modernización del país tanto como de sus crisis, el nuevo pueblo urbano, joven, educado que acaba de modernizar a fondo su sistema político votando por la alternancia en la persona de Vicente Fox.