Después de cuatro décadas de existencia, la organización separatista vasca ETA anunció el “cese definitivo de su acción armada”. Lo hizo sin conseguir su objetivo histórico –la independencia del País Vasco– y en condiciones de suma debilidad: asediada por la policía, con sus dirigentes presos, sus cuadros diezmados y con el franco rechazo de la sociedad debido a sus acciones, consideradas terroristas. Pese a que se dice dispuesta a negociar temas “pendientes” –entre ellos los presos etarras–, el hecho es definitivo: “ETA fue derrotada y punto”.
MADRID.- Prácticamente acorralada en el terreno policial y social, y sin haber conseguido por la vía armada sus históricas reivindicaciones de autodeterminación e independencia del País Vasco, la banda armada ETA (Euskadi Ta Askatasuna, que en euskera significa Patria Vasca y Libertad) anunció el “cese definitivo de su actividad armada” la tarde del jueves 20.
Una vez que el Ejército Republicano Irlandés (ERI) inició su largo proceso de disolución que inició con el alto al fuego anunciado en octubre de 2002, ETA era la última organización armada del viejo continente a la que la Unión Europea (UE) y Estados Unidos consideraban terrorista.
Aunque fundada en 1959, ETA cometió su primera acción violenta en julio de 1961, durante la dictadura franquista. En esa época contaba con un amplio respaldo de la sociedad vasca. Desde entonces a la fecha, ETA ha sido responsable de más de 850 muertes de políticos, empresarios, integrantes del poder judicial, policías y ciudadanos comunes. Además, 200 miembros de la banda armada murieron y casi 800 se encuentran en las cárceles españolas y francesas.
“La acción policial y el rechazo general de la población son las causas que debilitaron a la banda armada”, explica en entrevista Pedro Ibarra, catedrático de Ciencias Políticas de la Universidad del País Vasco, donde dirige el Instituto de Estudios sobre el Desarrollo y la Economía Internacional y encabeza el equipo que elabora el Anuario de Movimientos Sociales.
“Hay un momento en que las acciones violentas producen resultados distintos a los deseados –explica el experto–. La organización tuvo cada vez menos apoyo a sus propuestas de nacionalismo radical y se alejó del escenario que pretendía. Entonces vino la derrota policial, la política y social. Eso se sumó a una efectiva alianza para combatir a ETA que pusieron en operación los gobiernos español y francés, la gran pinza que acabó con la banda”.
No sólo con el gobierno socialista de José Luis Rodríguez Zapatero hubo esos avances en la lucha contra ETA y su entorno político. El gobierno de José María Aznar (1996-2004) impulsó en 2003 una reforma a la Ley de Partidos, que impidió que un partido pudiera apoyar políticamente la violencia y las actividades de organizaciones terroristas. Esta herramienta sirvió a jueces y policías para conseguir la ilegalización de Batasuna el 16 de enero de 2004, ya que proveía de fondos públicos y apoyo a ETA, a la cual nunca condenó por asesinar o atentar con artefactos explosivos.
El aislamiento
Julio Trujillo, periodista que en su juventud tuvo interlocución con dirigentes históricos de la organización clandestina, sostiene que “el atentado terrorista que ETA cometió en la Terminal 4 (T-4) del aeropuerto de Barajas, en Madrid, el 30 de diciembre de 2006, donde murieron dos ecuatorianos, fue el punto de inflexión en el que inició el final de ETA”, ya que no sólo “dinamitó el diálogo con el gobierno de Rodríguez Zapatero, sino que se quedó sin argumentos ante la sociedad vasca que antes le apoyaba y que ya no deseaba más muertos, sino un proceso de paz”.
El 6 de junio de 2007 la banda dio por terminada la tregua que había anunciado en marzo de 2006. Incluso los etarras presos –cuyas opiniones tienen influencia en la organización– eran consciente del fracaso de la lucha armada. Según una conversación interceptada por la policía española, uno de ellos aseguró: “El Estado ha derrotado a ETA policialmente, la ha aplastado, así de claro”.
También Arnaldo Otegi, líder de la ilegalizada Batasuna, brazo político de ETA, se refirió al distanciamiento que surgió entre la izquierda abertzale (el conjunto de partidos y de organizaciones de la izquierda vasca) y la banda armada tras el atentado de la T-4. Lo hizo el pasado 7 de julio, durante su alegato judicial en la Audiencia Nacional, que lo condenó a 10 años de prisión por “integración en organización terrorista” como parte del llamado juicio Bateragune.
El fracaso del proceso de diálogo como consecuencia del atentado en el aeropuerto madrileño profundizó el aislamiento internacional de ETA. Solamente en Venezuela sus integrantes han podido actuar con relativa tranquilidad y han utilizado ese país como trampolín o conexión con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), con las que comparten capacitación y apoyos (Proceso 1742). La Audiencia Nacional de España y la policía de este país identifican a Arturo Cubillas Fontán como un etarra clave en el vínculo con las FARC.
España también consiguió intensificar la colaboración con varios países en el combate a ETA. El 12 de junio de 2007 México entregó a España al etarra Antonio Aspiazu y el 30 de noviembre de 2010 capturó y entregó a Juan Carlos Recarte Gutiérrez, quien perteneció al comando Amaiur de la organización.
En la actualidad ETA sólo cuenta con 50 miembros armados en activo. Otros 400 han sido llevados a los tribunales desde que inició la colaboración de fuerzas policiales y de inteligencia de Francia y España. En un año, tras la ruptura de la tregua de junio de 2007, las fuerzas de seguridad lograron descabezar a cinco comandos de la organización.
El comunicado
A las 19:00 horas del jueves 13, las páginas web de los periódicos vascos Gara y Berria difundieron el comunicado de la organización con el encabezado: “ETA anuncia el cese definitivo de su actividad armada”.
En el texto, la banda hace un llamado a los gobiernos español y francés para “abrir un proceso de diálogo directo”. No menciona a las víctimas de las actividades de terrorismo que llevaron a cabo durante décadas.
La banda repitió en ese comunicado los puntos medulares de las conclusiones emitidas por el grupo de mediadores que se reunió en la Conferencia Internacional de Paz el lunes 17, en San Sebastián, y que firmaron el exsecretario general de Naciones Unidas, Kofi Annan; el dirigente de Sinn Fein, Gerry Adams; la exprimera ministra noruega Gro Harlem Bruntland; el exministro del Interior francés Pierre Joxe; Jonathan Powell, quien fue jefe de gabinete del exprimer ministro británico Tony Blair; y el exprimer ministro irlandés Bertie Ahem.
Ahí, los mediadores instaron a que ETA hiciera una declaración pública de cese definitivo de la violencia y emplazaron a los gobiernos español y francés a que trataran con la banda “exclusivamente” las consecuencias del conflicto tras esa declaración. Partidos políticos y asociaciones de víctimas del terrorismo criticaron este último punto, ya que según ellos no se trata de un conflicto, porque ETA tiene las pistolas y las víctimas los muertos.
En su anuncio, ETA califica su decisión como “histórica” y señala que representa su “compromiso claro, firme y definitivo” para “superar la confrontación armada”. Con ese propósito hace “un llamamiento a los gobiernos de España y Francia para abrir un proceso de diálogo directo” destinado a solucionar “las consecuencias del conflicto”, como se aprecia en el comunicado escrito y videograbado que se difundió en castellano, inglés y euskera.
La organización admite que el suyo “no ha sido un camino fácil” y que “la crudeza de la lucha se ha llevado para siempre a compañeras y compañeros”, pero apunta que “la lucha de largos años ha creado esta oportunidad”.
Advierte que “en adelante, el camino tampoco será fácil”, por lo cual pide la implicación de la sociedad vasca en el proceso político que sigue y anticipa su convicción de que “cada paso, cada logro será fruto del esfuerzo y de la lucha” de la ciudadanía.
Considera que “el reconocimiento de Euskal Herria (el País Vasco) y el respeto a la voluntad popular deben prevalecer sobre la imposición”. La “violencia y represión”, dice, deben dejar paso al “diálogo y acuerdo”. “Estamos ante una oportunidad histórica para dar la solución justa y democrática al secular conflicto político”, añade.
Tras un encuentro con miembros del comité que elaboró la Conferencia de San Sebastián, Julio Trujillo explica a Proceso que “entre los mediadores había posiciones distintas; unos defendieron que el comunicado debía considerar el término ‘desmantelamiento’ y otros el término ‘terrorismo’, pero Brian Currin, miembro de la Comisión de Verificación Internacional en el caso vasco, no quiso siquiera escuchar eso”.
“En concreto, Jesús Eguiguren –líder del Partido Socialista de Euskadi– se dirigió a Kofi Annan diciéndole que tenía que pedirle a Currin que transmitiera a ETA que tenía que ser muy clara en su comunicado para anunciar el fin de la acción armada. Y creo que el comunicado lo es, pese a que Kofi Annan parecía tener poca idea de los pormenores del caso vasco”, comenta Trujillo.
Una hora después de que se difundiera la decisión de ETA, a las 20:00 horas el presidente Rodríguez Zapatero leyó una declaración. “La nuestra será una democracia sin terrorismo, pero no sin memoria”, dijo, y agregó: “Con la contención que obliga la historia vivamos la satisfacción por la victoria de la democracia, la ley y la razón”.
Alfredo Pérez Rubalcaba –aspirante a la presidencia por el PSOE y quien como anterior ministro de Interior de Zapatero fue quizá el que más logros obtuvo en el asedio a ETA– señaló que era un día “para celebrar la gran victoria de la democracia”.
El líder del Partido Popular (PP), Mariano Rajoy, señaló que la felicidad por el final de ETA “sólo será completa cuando se produzca su disolución y su total desmantelamiento”.
Compensación indirecta
El catedrático Pedro Ibarra, de la Universidad del País Vasco, puntualiza que se debe revisar con cautela la dialéctica utilizada por ETA en su comunicado, porque “una cosa es lo que dicen y quieren, y otra muy distinta lo que son los hechos. Históricamente no ha habido un solo grupo violento que haya decidido dar por terminada su actividad armada, sin previamente decir que eso lo hacen por razones políticas.
“Para anunciar este esperado cese definitivo de su lucha armada, ETA requirió el apoyo de una conferencia internacional que les dio la ruta, vistió su final. Pero la realidad es que este grupo deja la lucha violenta porque prácticamente está derrotado y porque su grupo de apoyo político les ha puesto un alto. Tan sencillo como eso.
“Hay una parte retórica del comunicado, que es habitual y entendible, porque ETA tiene que justificarse ante su gente, en su entorno, poniendo exigencias a los gobiernos de España y Francia para el diálogo. Sus dirigentes pueden considerar que es conveniente, pero fueron derrotados y punto”.
–¿ETA se va con las manos vacías respecto de sus reivindicaciones de autodeterminación e independencia del País Vasco?
–Efectivamente, esa es una interpretación, que en cuatro décadas lo hecho no ha servido para nada. O bien, la que ETA y su entorno ahora podrán resaltar que dejan su lucha violenta, pero la izquierda nacionalista vasca podrá salir fortalecida en las próximas elecciones en el País Vasco. Es decir, ellos pueden decir: ‘renuncié, pero servirá para tener un mayor peso electoral’ (de la izquierda nacionalista vasca), lo cual puede ser interpretado como una compensación indirecta”.
No obstante, Ibarra niega que esta decisión vaya a tener impacto en el resultado de las elecciones generales: “El efecto sería en el País Vasco. Quizá esto refuerce las posiciones de la izquierda nacionalista, pero no significaría un salto espectacular, se sumaría con ellos aquella gente que hasta ahora tenía la dificultad de apoyar al nacionalismo radical por la sombra de ETA, y este anuncio puede animarlos a apoyarles”.
Julio Trujillo coincide en esto. “No hay duda” de que ETA “fue derrotada”, dice. “Mi opinión es que se ha montado un proceso de rendición con la intención de que no lo parezca. No van a admitir que fracasaron”. Pero él también advierte que puede tener un efecto electoral favorable a los partidos del entorno etarra que se fueron alejando de la violencia armada.
“ETA se va con las manos vacías respecto de sus históricas reivindicaciones, pero quizá puedan conseguir más poder político en la calle. Como movimiento vasco de liberación nacional, como se conoce ese entramado de organizaciones y partidos de su entorno, podrán posicionarse en lo político-electoral. Hay que recordar que en el pasado el tope máximo de votación del brazo político de ETA ha sido de 150 mil votos. Y en la última elección municipal, de 2011, la coalición Bildu obtuvo 138 mil votos (la población del País Vasco es de alrededor de 2 millones)”.
Esa fuerza les permitirá negociar la liberación de los presos de ETA, concluye.








