18 millones de desnutridos en fase “crítica” Por imagen, los gobiernos del PRI manipularon las cifras del hambre

Guillermo Correa

Según el mapa de la nutrición en México, 65.9% de los municipios y  31% de la población se encuentra en situación de “riesgo crítico” y ésta “es una de las herencias que deja el PRI tras haber gobernado durante 71 años”, dice el doctor Abelardo Ávila, investigador del Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición “Salvador Zubirán”.
La realidad, califica, “es terrible” y lo peor es que “hemos encontrado absurdos, tales como el ocultamiento de la información, la destitución de investigadores de alto prestigio por atreverse a dar cifras y  otras acciones de represión que esperamos se acaben con el nuevo gobierno”.
En entrevista -fuera de las instalaciones del Instituto, pues se impidió la entrada al reportero-, el especialista afirma que el gran reto de Vicente Fox será ir a la raíz del problema.
Con los doctores Adolfo Chávez -de renombre internacional-, J. Antonio Roldán, Miriam Muñoz, Alejandra Álvarez y Ángel Ledezma, Ávila es coautor del estudio La desnutrición a nivel municipal en México,  producto de una labor iniciada desde hace casi 40 años por el primero de ellos.
De entrada, establecen que encontraron “cifras que ocultan la verdad”, debido a que lo real “se ha utilizado más como un argumento de disputa política que como un problema social prioritario a resolver en conjunto por la sociedad”.
El estudio es parte de un libro de 165 páginas, con mapas y estadísticas. Es la primera versión computarizada que existe sobre el tema y fue financiado por el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt). Su propósito primordial: definir la localización y extensión geográfica de la desnutrición, estimar la magnitud de la misma y llamar la atención de la comunidad científica y de la sociedad.
“Ahora, lo que haga Vicente Fox será  producto de la demanda que se presente, pues se debe cobrar conciencia de lo que somos, acabar con la insana crítica oportunista y con el discurso político, ya que tanto el PRD como el PAN han estado en condiciones de actuar desde los gobiernos que presiden y no lo han hecho, han caído solamente en lo electoral”, afirma el investigador.
El estudio destaca que los estados más críticos son Oaxaca, Chiapas, Puebla, Veracruz, Estado de México, Guerrero, Hidalgo, Yucatán, Michoacán y Guanajuato.
Se informa que los problemas de nutrición afectan a 4.5 millones de familias, de las cuales dos terceras partes, o sea 3 millones, están en las zonas críticas. El otro millón y medio se encuentra en áreas más dispersas, la mayoría en las zonas periféricas de las ciudades.
Si se considera que el promedio de miembros por familia es de seis, sobre todo en zonas rurales, existen alrededor de 18 millones de habitantes en las zonas más afectadas, y 9 millones más que padecen problemas importantes de nutrición.
El punto más serio para los investigadores es que esos 4.5 millones de familias siguen teniendo un hijo cada dos o tres años, los que posiblemente formen los hogares del 75 a 80% de los futuros mexicanos.
Dicen: “Atender su problema nutricional y de reproducción descontrolada no es tan difícil; muchos países como Sri Lanka, China, Costa Rica, Chile y Cuba, entre otros, han tenido buenos resultados con programas técnicamente dirigidos, de detección de la desnutrición y su atención; del enriquecimiento de alimentos básicos a bajo costo, de seguridad alimentaria familiar… y no se ve por qué no se pueda hacer en México, un país que tiene la economía número 17 del mundo, pero que ocupa el 55 con relación a la salud”.

El mapa de la desnutrición

Abelardo Ávila afirma que poco se ha hecho, pese al conjunto de programas que desde hace 25 años han intentado el cambio. Señala que son las zonas netamente indígenas las que se encuentran en situación “dramática”.
Sobre todo en la zona norte de Puebla y Veracruz, la Montaña de Guerrero, sierras norte y sur de Oaxaca, los Altos de Chiapas y la península de Yucatán. Comenta, incluso, que algunas de ellas han ido hacia atrás.
En efecto, el estudio establece que si se analizan las tendencias de los 30 años anteriores se puede notar que la península de Yucatán estaba mal, mejoró durante un tiempo y ahora regresó a niveles críticos en muchos municipios, al extremo de que ocupa uno de los lugares con más desnutrición.
“Chiapas ha mejorado en la costa, la Cañada de Oaxaca sigue igual, Guerrero ha empeorado, el centro de México, al norte de la capital, está mejor, lo mismo que el Bajío, pero la sierra de Puebla y La Huasteca están peor. Los focos de riesgo alto en la zona norteña se han achicado, aunque persisten. En general, el problema se ha hecho más rural, más indígena y más de los municipios aislados, pequeños y marginales.
“En otras palabras, podemos hablar de una polarización cada vez mayor de las deficiencias.”
Ávila sostiene que, salvo en sitios aislados del país, la situación no llega a la hambruna, que es la privación total de alimentos. Lo que existe es “hambre crónica” que se agrava por momentos. Dice que son las mismas estrategias de sobrevivencia de la gente las que enfrentan el problema para que no llegue a una situación de mayor gravedad.
La paradoja, indica, es que México cuenta con una gran disponibilidad de alimentos por persona respecto del nivel mundial: casi 3 mil 200 calorías per cápita. Eso significa que sobran en el promedio nacional, pero en la Montaña de Guerrero, donde la situación se ha deteriorado mucho, la población emigra y busca alternativas para poder enfrentar técnicamente una “hambruna”, pues ya es casi imposible que la gente encuentre alimentos.
O sea que el problema obedece al crecimiento de la pobreza y a la mayor concentración de la riqueza. Pero no es lo único que determina la desnutrición, ya que hay un gasto del gobierno orientado a superar esa situación, principalmente a partir de los setenta, con el Sistema Alimentario Mexicano (SAM), los programas nacionales de Alimentación, de Nutrición, de Salud Materno Infantil, de Abasto Social, Diconsa, Liconsa, Solidaridad, en fin, hasta al actual Programa para la Educación, Salud y Alimentación (Progresa), cuyos presupuestos habrían sido suficientes.
Sin embargo, “si se separa a los dos Méxicos polarizados en materia de nutrición, el pobre está a niveles de los países más atrasados de América Latina, incluso por debajo de los centroamericanos o caribeños”.
Lo que pasa, explica el entrevistado, es que el problema de la alimentación se ha visto más como un mecanismo de imagen, de prestigio, para acreditar las acciones de los gobiernos del PRI y de parte de la oposición, más que como una reivindicación social. Se ha utilizado como un elemento para desacreditar.
Y hasta ahora, todo se ha centrado alrededor de batallas de cifras, en tanto que se descuidó el tener una información clara, al grado de que, por ejemplo, “nos prohibieron presentar el informe de la Encuesta del 97 y las cifras del Censo de Tallas de 1999, cuando es un instrumento fundamental para saber cómo está la población. Todo esto siempre con pretextos o acciones soterradas, porque decir que hay desnutrición en México inmediatamente se interpreta como ataque al gobierno, al sistema y a determinado funcionario”.
En este punto, el doctor Ávila denuncia que en los informes del Progresa no existe una sola cifra de desnutrición, a pesar de que tiene como objetivo la alimentación y la salud. No se dice qué había antes y qué después. Y hay estudios que no se dan a conocer, debido a que la sociedad no lo demanda.
Así, “Progresa parte de supuestos que no se cumplen, como decir que el sistema de salud está muy bien, y que el simple hecho de repartir alimentos hará que mejore la situación, cuando no es así, y prueba de ello es que se desconocen las evaluaciones encargadas por el propio Progresa, incluso las realizadas por el Banco Mundial.
“Esto es, se oculta la realidad. Lo peor es que no pasa nada porque la sociedad no lo reclama. ¿Quién sabe que hay un Censo de Talla, que no se da a conocer, y que es muy importante para la planeación, y que no aparece porque no lo consideran importante o es de mucho riesgo al ser un indicador de que la situación ha empeorado? Lo que sucede es que ningún gobierno se pone la soga al cuello.”

Silenciar la muerte

El investigador cuenta que algo que llamó mucho la atención de quienes se dedican a la epidemiología en México: el descenso espectacular de la mortalidad infantil. “Esto se logró con una combinación de acciones eficientes, como la vacunación, que fue muy importante, pero también con un aumento del subregistro de las muertes de niños. Es decir, las estadísticas vitales eran manipuladas. Así, se combinaba la realidad con la mentira.
“Muy notable fue el caso de Guerrero en 1993 -con Carlos Salinas de Gortari y el Pronasol-, que tuvo una tasa de mortalidad de niños de 4 por mil, y se supo, más nunca se creyó, que Japón, Suiza y Guerrero tenían la mortalidad infantil más baja del mundo.
“El asunto es que ahí hubo un subregistro de 90% de las muertes infantiles, lo que era escandaloso e inadmisible. Lo grave es que nunca provocó alguna reacción social muy airada, cuando esto quiere decir que no se estaban atendiendo las causas que llevaron a esas defunciones.”
No fue el único caso. El investigador asegura que el fenómeno se repitió en otros estados, pues con esas cifras, México presentaba su informe ante la Cumbre Mundial de la Infancia. “A nosotros se nos ordenó callar”.
Por esos antecedentes, considera que el Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI) debe ser un organismo autónomo y no estar subordinado al nuevo presidente, ya que sus acciones estarían en duda.
“El problema no es el Instituto, sino el sistema político al que perteneció. En el fondo de todo estaba un sistema autoritario, que imponía una imagen de la realidad de acuerdo con sus intereses de continuar en el poder.”
Según el estudio, “muchos de los indicadores de desnutrición como mortalidad infantil y mortalidad escolar no corresponden a la realidad, debido a que no se registran ni nacimientos ni muertes”.
Por otra parte, resalta que las regiones desnutridas de México son bien conocidas. A pesar de ello “cada nuevo programa gubernamental intenta, a veces sin experiencia, repetir las investigaciones, que parecen más dedicadas a ganar o realmente a perder tiempo que a saber más”.
Recuerda que el Coplamar gastó mucho tiempo, causó retardos en las acciones y, al final, publicó un mapa muy parecido al que realizó el Instituto Nacional de Nutrición (INN) con base en los estudios de campo de su grupo de investigación.

Las cifras del hambre

En el análisis que se hace por separado de los estados más afectados, se aprecia la gran desigualdad. Sólo algunos ejemplos:
En Oaxaca los datos revelan que 79.6% de la población se encuentra en la categoría de “alta prioridad” por su situación nutricional, cifra que es tres veces mayor al promedio nacional de 17.47%. En la contraparte, sólo 10% de la población oaxaqueña está exenta de estos problemas.
En Chiapas se repite la situación. Únicamente 9.6% de la población se encuentra fuera de los problemas graves de la desnutrición, mientras que  72.7% padece una situación “crítica”, cifra igualmente mucho mayor al promedio nacional.
En el estado de Guerrero 45.5% de su población se encuentra en situación “urgente” de desnutrición y sólo 11.5% está exento de la misma.
En Puebla, es la mitad de la población la que requiere de atención “urgente” y representa 2 millones 505 mil 782 personas; en Veracruz es 28.3%, que equivale a 2 millones 189 mil 126; en Hidalgo, 34.9%, que es la tercera parte de su población.
En el Estado de México, el porcentaje es relativamente bajo, apenas 13.9%. Sin embargo, representa a 1 millón 693 mil 631 mexiquenses.
Para el investigador Abelardo Ávila, en el medio rural “México está igual que hace 30 años. No hemos progresado y, por lo tanto, se ha retrocedido, nos encontramos peor. En el medio urbano, aunque la desnutrición es abundante, se da principalmente en los lugares adonde llegan los que emigran, esto es, las ciudades perdidas”.
Cita, por ejemplo, que en la zona metropolitana de la Ciudad de México hay tantos niños con desnutrición de alto riesgo como los que existen en Chiapas, sólo que allá es 30%  de la población y aquí 5%.
“Quizás el saldo de la democracia pueda tener sentido cuando se traduzca en bienestar de la población. Sin duda, el problema de la desnutrición infantil y todas las consecuencias que trae es el más grave nacionalmente, pues expresa de manera terrible la desigualdad social, y provoca una serie de círculos viciosos que dañan el desarrollo del país.”

Hambre, delincuencia y guerrilla

El investigador explica que si se analiza el antecedente de nutrición y pobreza de la delincuencia callejera, resulta que es practicada por adolescentes o adultos jóvenes que fueron niños desnutridos.
De esta forma se producen el bajo rendimiento escolar, la violencia, el resentimiento social y la imposibilidad de formar valores, con la secuela del escape mediante el alcoholismo y la droga, la violencia contra las mujeres…
El doctor Ávila sostiene que desde el punto de vista estrictamente técnico, México cuenta con capacidad para resolver el problema, por lo tanto, “el nuevo gobierno sí puede pensar en erradicar la situación a corto plazo, porque llevamos años gastando en malos programas y acciones mal orientadas, al grado de que la ayuda llega adonde no se necesita: a poblaciones urbanas donde no hay desnutrición. Lo que hace falta es despolitizar las acciones. Se gasta más en la escenografía para tomarse la foto, en la publicidad, que en los hechos”.
Recalca: “Sabemos dónde está el problema, su dimensión, y tenemos los recursos, entonces, no hay razón para no hacerlo”.
Considera que “el cambio de gobierno da la posibilidad al poder de romper las inercias, sólo falta una sociedad más vigilante y exigente. Tenemos que borrar las manchas negras del mapa. Hay que acabar con la demagogia y el dispendio”.
Hace hincapié en que los programas de alimentación sean encabezados por expertos, ya que durante la etapa política que está por concluir lo hacían exdirigentes del PRI, como Jorge de la Vega Domínguez y Pedro Ojeda Paullada, quienes “maquillaban todo para demostrar que no había problemas, al grado de que a los investigadores serios se les catalogara como enemigos del régimen, se les limitara su libertad de expresión, los recursos, y se les hostilizara”.
Por ejemplo, según datos obtenidos por el reportero, el doctor Adolfo Chávez, discípulo del doctor Salvador Zubirán y pionero de las investigaciones sobre nutrición, hace tres años fue destituido como director del INN y se le nombró jefe de departamento, a pesar de ser el investigador mexicano de mayor prestigio, con premios en el extranjero y actual presidente de la Sociedad Latinoamericana de Nutrición.
Abelardo Ávila considera que es urgente la ruptura de las inercias del sistema priísta. Y ante la versión de que con Vicente Fox pueden desaparecer los programas sociales, asegura:
“El asunto lo hemos analizado a fondo y vemos que el combate a la pobreza ha dejado de ser exclusivamente una demanda social y se ha convertido en una necesidad del mismo modelo económico. Es decir, que actualmente el Banco Mundial presiona para evitar esos desequilibrios tan grandes como los que tenemos en México, porque es un riesgo para ellos mismos.”
Recuerda que los programas de nutrición en Chile se sostuvieron, incluso, con la dictadura de Augusto Pinochet: “Eso nunca se interrumpió, siguió la misma forma de operar y con la misma gente. Fue una prioridad social de los sesenta, se legisló, fincándose responsabilidades cuando un niño muere, y se implantaron medidas oportunas.
“Pero aquí la muerte de 15 mil niños al año, debido a la desnutrición, no provoca nada. Existe indiferencia y todo queda resuelto con una responsabilidad colectiva.”
Insiste en que hay responsables de todo lo que no se hizo, como se demuestra con el estudio:
“El 27.8% de los municipios fue clasificado con desnutrición ‘severa’ y 22.2% con desnutrición ‘importante’, pero sólo tienen 18.3% de la población, lo que parece bajo, pero son más de 18 millones de personas en una situación de máxima prioridad, que están muy bien identificadas. No debemos olvidar tampoco los casi 13 millones ubicados en el rango de desnutrición ‘moderada’, que demandan también una atención urgente.”
Los autores de la investigación dicen, en las conclusiones, que para combatir eficientemente la desnutrición, sólo se requiere subsidiar una harina de maíz enriquecida, que dé lugar a una tortilla limpia y nutritiva destinada a las áreas críticas. Se requiere, además, vigilar la nutrición y la salud primaria de todos los menores de cinco años que viven en esos lugares. Aseguran que hacer esto es fácil y poco costoso.
Al doctor Abelardo Ávila se le pregunta qué tanto tiene que ver la violencia con la falta de alimentos. La respuesta es inmediata: “Es una acción muy desesperada. Ya el historiador Carlos Montemayor, al analizar la Encuesta de Alimentación del 96, identificó que los problemas mayores de desnutrición se dan en las zonas guerrilleras. La relación es muy clara, tanto la desesperación de la gente como el ambiente para actos de violencia política y cotidiana están engendrados por el hambre crónica y son producto del resentimiento social”.