Alrededor de Proceso, fuera de los Panamericanos

Señor director:

Con relación a la nota publicada en la página 90 del número 1823 de su prestigiada revista, y que lleva por título Proceso, fuera de los Panamericanos, permítame hacer la siguiente reflexión:
Es más que evidente que la discriminación al periodismo crítico y veraz –que a ustedes los ha caracterizado desde su fundación– seguirá sufriendo el embate de políticos, funcionarios públicos de todo orden y, en este caso, de dirigentes deportivos, quienes a través de sus responsables de comunicación social esgrimen argumentos necios para negarles el derecho a ejercer libremente su labor informativa en beneficio de una amplia comunidad a lo largo y ancho de nuestro país.
Si poner en la palestra los vicios, errores e injusticias que caracterizan a nuestra mal llamada vida democrática, significa que su revista sea señalada como enemigo público del país, me pregunto: ¿En dónde queda la tan fanfarroneada “libertad de expresión” que pregonan estos individuos?
Ya estamos hartos de que ante una expresión de autenticidad surja la respuesta injuriosa, descalificadora y fuera de toda ética, con el único propósito de amparar la inocuidad de los que se sienten afectados por esas denuncias.
Todo lo que ocurre en este país –dicen ellos y sus voceros– está bien, y pregonan con bombo y platillo que se están teniendo logros que han permitido erradicar vicios de administraciones anteriores, cuando la realidad es tan irrebatible que los exhibe como lo que son: ineficaces, ineptos, corruptos, intolerantes, embusteros y, por qué no, traidores a la nación por no dedicar su vida pública a tener logros que permitan a México ser un país democrático, soberano y libre.
Sigamos siendo cómplices de estos personajes nefastos para la vida pública que pululan en nuestro entorno, y permitamos que la manipulación y restricción a la información sea el pan de cada día de aquellos líderes de opinión e interlocutores a quienes lo único que interesa es quedar bien con el jefe, sin medir las consecuencias de sus actos, salvo las de sus propios intereses.

Atentamente
Santiago Ibáñez Maldonado