El titular de la Dirección General de Actividades Deportivas y Recreativas (DGADyR) de la UNAM, Severino Rubio, descartó presentar ante el rector José Narro las inconformidades del grupo de exjugadores y exentrenadores, pues considera que no se trata de asuntos graves, y asegura que él mismo las atenderá.
Acerca del dinero que reciben los jugadores, asegura que no se trata de salarios, sino de una “compensación” que se les da por el trabajo que desempeñan como monitores en la categoría infantil. Indica que, en promedio, los muchachos perciben entre mil 800 y 3 mil pesos sólo durante cinco meses del año. Aclara que el head coach Raúl Rivera gana 35 mil pesos –entre honorarios y su salario de académico B– y que el coach Édgar Zapata recibe 32 mil pesos mensuales.
Puntualiza: “Que no se confunda que a los jugadores se les paga por jugar. Eso va contra el reglamento de la ONEFA. No sé por qué lo toman a mal, no es un sueldo. En lugar de contratar a personas de fuera, ellos lo hacen y se preparan también para ser coaches. Tenemos a unos 30 de Liga Mayor como coaches y los demás son exjugadores.
“Desde hace cuatro años, los coaches tienen el respaldo de un nombramiento académico y lo que ganan (Zapata y Rivera) equivale a lo que devenga un investigador de alto nivel, y se les renueva el contrato cada seis meses según su desempeño. Antes tenían que trabajar en otros lados, aquí están de tiempo completo y no sólo entrenan, sino que hacen un trabajo en el programa de futbol americano.”
Reconoce que es una irregularidad que Rivera haya desempeñado labores administrativas –como la adquisición de uniformes y equipamiento deportivo–, pero aclara que eso sucedió porque esa área estuvo acéfala durante siete meses, e indica que desde febrero pasado dejó de hacerlo. Reconoce que en la auditoría que se realizó por el cambio de director de la DGADyR se hicieron observaciones al respecto, pero precisa que no hay ningún daño patrimonial.
El funcionario dice que desconocía que el coach Zapata es director de ventas de la firma Under Armor, y anuncia que a partir de este año Nike se encarga de proporcionar el vestuario a los Pumas CU.
“El head coach sugería y decía, ‘necesito esta calidad de uniformes o de equipo’”, comenta Rubio.
Por su parte, el coordinador del programa de futbol americano de la UNAM, Víctor Castañeda, reconoce: “Sí, fallamos un poco en el procedimiento”. En dicho programa se encuentran registrados mil 900 jugadores de todas las categorías.
Rubio comenta a Proceso que en la UNAM el futbol americano opera con 16 millones de pesos anuales, de los cuales ocho millones los aporta la institución y la otra mitad se obtiene de los recursos que produce la dirección a su cargo. De ese dinero, detalla, 8% se destina a la categoría juvenil; 12%, a la intermedia, y 28%, a la Liga Mayor. La infantil, indica, es autosuficiente por los 7 mil pesos que paga cada niño por una temporada.
Medidas preventivas
En lo que respecta al dopaje, ni Rubio ni Castañeda aceptan que este problema exista en los equipos de la UNAM, independientemente de que en la ONEFA no se realizan controles antidopaje. Destacan que a 25 jugadores se les realizó un control en la Conade, antes de participar en el Mundial de Austria en julio pasado, y todos salieron limpios.
Castañeda refiere que hace un par de años la UNAM propuso en un Congreso de la ONEFA que se realicen dichas pruebas; sin embargo, ninguna otra universidad aceptó la propuesta.
Por su parte, Rubio menciona que en marzo pasado firmaron un convenio con el Comité Olímpico Mexicano, órgano que ha realizado sesiones informativas con los jugadores para alertarlos sobre los efectos negativos a la salud que provoca el uso de sustancias prohibidas. También anuncia que en breve le planteará al director de la Conade que su laboratorio antidopaje realice controles.
“Hay que fijar los costos, porque tenemos mil 200 jugadores en equipos representativos y los exámenes son caros. Además, no todos los equipos de la liga tienen para pagarlos, pero le diría que es un asunto que ya hablamos con el rector y le preocupa, y vamos a empezar a atenderlo”, apunta.
Acerca de las críticas porque Pumas juega en la Conferencia del Centro –no enfrentan desde 2008 a los equipos del Tecnológico de Monterrey–, Castañeda refiere que esa decisión se tomó porque los tecnológicos se negaron a establecer la edad límite de los jugadores en 25 años. En cuanto acepten esta disposición, plantea, se volverá a unificar la ONEFA, pues los otros temas que provocaron la escisión (becas, reclutamiento y pirateo de jugadores) ya fueron solventados.
El titular de la DGADR destaca que los 73 jugadores del roster para la temporada 2011 son estudiantes. De los 65 que estudian la universidad (los otros ocho cursan bachillerato), 46 están matriculados en la UNAM, lo cual representa 72%, la cifra más alta que se ha tenido desde 2008, fecha en que menos de 50% de los Pumas eran alumnos de la Máxima Casa de Estudios.
Castañeda aclara que el comedor es sólo para los jugadores de Liga Mayor, pues sólo tiene capacidad para servir 50 desayunos y 90 comidas. Las que se ofrecen a los de intermedia son las que no se consumen, pues no todos comen ahí todos los días. Enfatiza que se les da prioridad a quienes más lo necesitan por su condición económica o nutricional.
Por último, Rubio sostiene que no considera como un acto de nepotismo que el hermano del head coach Rivera esté en el programa de futbol americano, aunque su especialidad sea la geriatría, pues también es internista y está aprendiendo sobre medicina del deporte.
“Si no tuviera una función sí lo vería como nepotismo. Ahora está aquí como el doctor Radamés Gaxiola en medicina del deporte, y si me dijera que no lo necesita, pues se va. Sí, pudieran tener razón; como que no cuadra que sea geriatra y esté aquí, pero está como internista. No sé si llegó por disposición del head coach, pero yo veo a quien tenemos y le asigno funciones”, remata.








