Canal 22 ha puesto al aire una serie de cápsulas de cinco minutos que llevan por título 30 lecciones de democracia. El profesor es el italiano Giovanni Sartori. Introduce cada lección el politólogo de la UNAM Jorge Islas.
El formato resulta novedoso en su vínculo con el contenido. Tal brevedad ha sido utilizada en spots, en propaganda, en comerciales y video-clips, ocasionalmente para expresar ideas, argumentos o explicaciones teóricas. La entrada nos presenta a un profesor que llega en Metro, se baja en una parada cercana y camina hasta la Universidad de Columbia, en Nueva York. Sube a su oficina y se coloca tras su escritorio. Su ayudante ya se encuentra ahí y lo apoya en el uso del pizarrón para asentar en éste la frase del día, para darle pie con preguntas, a su exposición. Se trata de la periodista Lorenza Foschini. Pese a su avanzada edad, Sartori se muestra vigoroso cuando expone sus puntos de vista sobre la democracia y también autoritario, pues no hay nadie en el recinto para cuestionarlo o estar en desacuerdo con él.
Hace algunos años el escritor se hizo famoso por un libro polémico: Homo videns. Ahí planteaba que el hombre tiene primero contacto con las imágenes de la televisión y mucho después con las letras. Ello propiciaría una especie de analfabetismo, de incapacidad para abstraer y, por tanto, para ejercer el pensamiento reflexivo. Estaría así el mundo lleno de “hombres que ven” sin pensar. Se le criticó por exagerar y otorgarle a los medios un poder que no tienen. La cultura hegemónica actual pasa sin duda por lo mediático, pero los adeptos a lo televisual, al entretenimiento, a la banalidad, no son así debido a la existencia de los medios; por el contrario, ha sido la educación de mala calidad, el inequitativo reparto de la riqueza, la oferta homogénea y global la base para hacernos seres que no piensan. Y especialmente la industria de la cultura resultaría la base material para crear audiencias incapaces de interpretar el mundo en el cual viven.
La teoría de Sartori es coherente, su visión de los medios coincide con su concepto de democracia. Para el autor de ¿Qué es la democracia? hay separación entre lo económico y lo político. En la esfera productiva la joya de la corona es el mercado espontáneo regulador de los precios. El valor surge de ahí y no, como planteaba Marx, del trabajo socialmente necesario. Y la democracia corre por otros senderos, señala Sartori. Sin embargo, es también muy claro al plantear que en el socialismo no puede existir la democracia; como corolario, ésta sería privativa de las repúblicas liberales.
Los planteamientos de Sartori pueden ser atractivos, incluso espectaculares (hace algunos años TV Azteca lo invitó a impartir conferencias en México), pero al analizarlos aparece el subjetivo deseo de justificar el orden capitalista, así sea criticando de manera aparentemente demoledora un fenómeno, el de la televisión. Se dejan en la oscuridad las razones profundas de la existencia de dicho medio y de todos los desarrollos tecnológicos posteriores. Éstos no cambian a la sociedad, existen porque el capital los necesita, están ahí porque la sociedad ha cambiado.








