Luis Calderón Vega Ni sus hijos lo honran

Quienes conocieron a Luis Calderón Vega, el político y cronista del PAN, suelen referirse a él con respeto; incluso lo califican de intelectual, demócrata y hombre probo. Entrevistados por Proceso con motivo de la inminente aparición del libro La mancha azul, escrito por su mejor amigo Jorge Eugenio Ortiz Gallegos, los expanistas Jesús González Schmal y Bernardo Bátiz Vázquez aclaran que el padre del presidente Felipe Calderón no renunció al PAN, sino que lo expulsaron cuando se negó a pagar las cuotas al partido. Pero sobre todo se lanzan contra los hijos de Luis –Felipe y Luisa María–, quienes, dicen, no han sabido honrarlo.

Los expanistas Jesús González Schmal y Bernardo Bátiz Vázquez, quienes conocieron al padre de Felipe Calderón Hinojosa, Luis Calderón Vega, aseguran que él era un intelectual, un demócrata y un humanista probo, características que, sin embargo, sus hijos no poseen.
Hombre de amplias inquietudes, Calderón Vega se formó como militante del PAN a la sombra de Manuel Gómez Morín, a quien se aproximó en tiempos de la consecución de la autonomía por parte de la Universidad Nacional en las postrimerías de la década de los veinte del siglo pasado.
Paisano de Calderón Vega y considerado como su mejor amigo, Jorge Eugenio Ortiz Gallegos militó en Acción Nacional entre 1945-1991. Antes de morir en mayo de 2010, Ortiz plasmó algunos de sus recuerdos sobre el vástago de Calderón Vega en el libro La mancha azul. Del PAN al Neopan y al Priopan, que comenzará a circular en los próximos días bajo el sello de Grijalbo.
En el volumen, Ortiz califica a Felipe Calderón –El Pildo, como lo apodaba desde su infancia– como neopanista: “Ha pasado a la historia como uno de los dirigentes (del PAN) más pragmáticos, influenciado y dirigido por grupos empresariales asociados a los gobernantes del partido oficial. Desmemoriado o falsificador, jamás invocó siquiera el pensamiento de su padre”, escribe.
El autor alude a una reunión del comité nacional panista en la que Fernando Canales Clariond, José González Torres y el propio Ortiz Gallegos proponían un homenaje a Calderón Vega. Ahí estaba Felipe, quien golpeó la mesa en dos ocasiones para manifestar su rechazo a la propuesta. El homenaje nunca se realizó.
Jesús González Schmal y Bernardo Bátiz Vázquez, quienes a pesar de ser más jóvenes coincidieron en las filas del PAN con Ortiz Gallegos y Calderón Vega, comentan a Proceso que ni Felipe ni su hermana Luisa María, Cocoa, candidata del partido al gobierno de Michoacán, honran la vocación demócrata de su padre.
Ambos coinciden en que Calderón Vega se formó a la sombra de Gómez Morín durante el proceso de autonomía universitaria, lo que le impidió concluir sus estudios profesionales, y lo siguió hasta su muerte. Él, dicen, era un idealista; incluso durante su vida de militante de la vieja oposición hizo innumerables sacrificios y tuvo diversas ocupaciones intelectuales. Venía de dirigir la Unión de Estudiantes Católicos cuando se fundó Acción Nacional.
“Además de (escribir) la historia del PAN, tenía varios libros, uno de ellos sobre ética, otro de sociología… era un hombre culto. Me tocó viajar con él cuando dábamos juntos los cursos de capacitación e inducción al PAN a los nuevos miembros. Él solía hablar de los principios e historia del PAN”, resume Bátiz, quien renunció al partido en 1992.
Los antiguos compañeros de Calderón Vega insisten: los hermanos Calderón Hinojosa no honran a su padre, en especial Felipe, quien – recalca Bátiz– “no honra la tradición demócrata de don Luis”.
Y expone: “Felipe se negó a contar los votos que dudosamente había obtenido en (los comicios presidenciales de) 2006. Al correr de los años se ha demostrado –por las declaraciones de Vicente Fox, de Elba Esther Gordillo, del obispo retirado Juan Sandoval Íñiguez–, la ilegalidad de esos comicios y de la falla ética de Felipe al aceptar una presidencia cuestionada por su renuencia a aceptar el conteo de los votos”.

La expulsión

En su campaña presidencial de 2006, Felipe Calderón tomó como himno el corrido El hijo desobediente. La canción habla de un joven pendenciero llamado Felipe, quien se niega a escuchar a su padre cuando le pide que no se pelee con otro mancebo.
Además, Felipe Calderón bautizó su autobús de campaña y publicó un libro de memorias, experiencias de campaña y propuestas con el mismo nombre. En el volumen también alude a su padre en varias ocasiones, algunas en un tono neutral.
Narra, por ejemplo, las prolongadas ausencias de su padre, así como algunas glorias familiares; pero sobre todo menciona las penurias económicas por las que atravesó su madre cuando quedó a cargo de la familia. Felipe relata que en algún momento, cuando tenía 15 años, pudo construir una relación con su padre; también escribe que Luis Calderón jamás lo registró como militante del PAN.
Y así fue. En 1980 Felipe se afilió al PAN. Al año siguiente, Luis Calderón quedó fuera del partido que había ayudado a construir. Felipe abrevó más en personajes como Luis H. Álvarez y Carlos Castillo Peraza, ambos colocados al otro extremo de la línea de pensamiento de su padre, quien comentó a Ortiz Gallegos su temor a publicar su libro sobre el partido para no perjudicar a sus hijos Felipe y Luisa María, quien ingresó al PAN en 1976.
Lo que Felipe y Luisa María zCalderón sí han acentuado es su vena panista. Ambos recuerdan incluso que desde niños se acostumbraron a ver a los personajes de la política michoacana que llegaban a su casa a ofrecer candidaturas a su padre; los dos hermanos recuerdan incluso que en algunas campañas pintaron bardas, repartieron volantes y colocaron propaganda panista.
Fundador del PAN en 1939, Calderón Vega militó en el PAN durante cuatro décadas. En 1979 fue electo diputado federal por la vía plurinominal en la LI Legislatura. Dos años después fue expulsado del partido, luego de que se negó a pagar sus cuotas estatutarias.
Sumido en la precariedad presupuestal, por esas fechas la dirigencia del PAN –partido de leal oposición– había establecido una regla: sus militantes con empleo, cargo o comisión gubernamental tenían que aportar la tercera parte de sus ingresos para la causa partidaria… Calderón Vega y su correligionario David Alarcón Zaragoza se negaron.
Ese capítulo lo conocen Jesús González Schmal, quien participó en aquella legislatura, y Bernardo Bátiz, entonces integrante del Comité Ejecutivo Nacional panista.
“Calderón y Alarcón Zaragoza adujeron motivos fuera de cauce. El presidente del partido era Abel Vicencio Tovar, quien se mantenía en una línea muy clara. Para entonces habíamos podido rechazar las acometidas de grupos de ultraderecha y librarnos de la infiltración con que nos acosaban”, recuerda González Schmal.
Dice que, para convencerlo de que pagara las cuotas, José González Torres, Abel Vicencio y Alonso Ituarte, entre otros, hablaron con él y le propusieron que él mismo estipulara el porcentaje. “Luis no aceptó. Les respondió que había una interpretación conservadora de los principios, lo cual era falso”, según González Schmal.
Bátiz agrega que a Vicencio se le criticaba porque provenía de Acción Católica y encabezaba un grupo de panistas que se habían formado en ese organismo. Y aclara: “La razón de la expulsión de Luis, no hay duda de ello, fue porque no pagaba la cuota de 33% que estipulaban los estatutos”.
Tanto él como González Schmal insisten: Luis Calderón Vega fue un intelectual, demócrata y humanista… visión que no tienen sus hijos.
–¿Tampoco Cocoa? –se les pregunta.
–Cocoa se describe como indigenista, pero en mi experiencia en la Comisión para la Concordia y Pacificación de Chiapas, que presidí, siempre fue reacia a nuestra propuesta de retirar al Ejército –asegura González Schmal.
Y agrega: “La tragedia de las comunidades asediadas por el Ejército consistía en soportar los excesos, las violaciones de mujeres y niñas, y hasta un daño en sus economías, dado que los soldados tenían mayor poder adquisitivo.
“La intención era pedirle al secretario de Gobernación, Carlos Abascal, que se retirara a las tropas porque no había emergencia ni violencia. Cocoa siempre se negó a apoyar la propuesta. Es el retrato de que Felipe y ella, en sus afanes militaristas, carecen del humanismo de su padre; ellos de ninguna manera honran su vocación demócrata”.
Una década después de que Calderón Vega fuera expulsado del PAN por negarse a pagar sus cuotas, González Schmal y Bátiz renunciaron a su militancia y se integraron al Foro Democrático y Doctrinario. Los dos aseguran que lo hicieron porque ya no podían estar en un partido que había sido tomado por una élite empresarial y por grupos de ultraderecha integrados como neopanistas, en los que ubican también a Felipe Calderón.