Parece que nada le sale bien a Barack Obama y está quedando mal con todos: los latinos le reclaman la falta de una reforma migratoria, los afroamericanos critican que no haya acabado con la violencia callejera y los jóvenes exigen empleos; la popularidad del presidente está por los suelos… y pretende reelegirse. De remate los republicanos se oponen sistemáticamente a las propuestas económicas del mandatario demócrata. Y la economía estadunidense, cuya recuperación pasa por consideraciones políticas de la ultraderecha, amenaza con llevar al mundo a otra crisis.
SAN DIEGO, CALIFORNIA.- Por más que el presidente de Estados Unidos Barack Obama intenta negociar con el Congreso y lograr un acuerdo que lleve a la recuperación económica, todos sus esfuerzos chocan con una pared republicana que no está dispuesta a negociar nada.
La estrategia de los republicanos es clara: si la economía mejora, las probabilidades de que Obama logre la reelección aumentan. Pero si la tasa de desempleo permanece arriba de 8%, sus posibilidades son casi nulas. Esa ha sido la apuesta desde que Obama llegó a la Casa Blanca.
Por eso y ya metido en la campaña de reelección, Obama recorrió el Medio Oeste –una de las zonas más golpeadas por el desempleo– donde se comprometió a enviar un paquete de recuperación de empleo con inversiones en reparación de infraestructura, extensión de los beneficios del desempleo y la extensión a un año de la reducción de impuestos a las nóminas.
“Reto al Congreso a que rechace esta propuesta”, dijo en Iowa el lunes 15. “Ya está claro que los republicanos obstaculizan la recuperación económica por fines partidistas; no les interesa el bienestar del país”, afirmó.
Esa parece ser la apuesta republicana desde que Obama asumió el poder, pero se intensificó después de las elecciones intermedias del 2 de noviembre de 2010, cuando los republicanos arrollaron en todo el país.
Pero ante la opinión pública y hasta entre sus propios seguidores el mandatario estadunidense se ve derrotado por carecer de liderazgo para lograr consenso.
Después de cuatro años y seis meses, la familia Graham, de San Diego, decidió retirar de su casa un enorme mural de Obama y su esposa Michelle. No lo quitaron cuando un grupo supremacista vandalizó su casa a principios de 2008 ni cuando simpatizantes del ultraconservador Partido del Té le lanzaron botes de pintura roja en marzo del 2010.
“Estoy decepcionado”, dice a Proceso Richard Graham, afroamericano de 45 años, desempleado desde hace 18 meses y simpatizante de toda la vida del Partido Demócrata. “Estaba convencido de que con él las cosas cambiarían, pero no ha sido así”, dice mientras quita los últimos clavos que sostenían el mural que él mismo pintó.
Su estado de ánimo es compartido por un número cada vez mayor de estadunidenses de diferentes entornos políticos, económicos e ideológicos.
Las dudas sobre la actuación de Obama se han multiplicado. Lo mismo lo critican sus compañeros de partido que los latinos, los negros, los republicanos, los militantes del Partido del Té, los independientes y ahora, hasta los mercados financieros que lo castigan con las peores caídas desde la quiebra de Lehman Brothers el 15 de septiembre de 2008.
De acuerdo con una encuesta de Gallup dada a conocer el pasado 29 de julio, la aprobación del presidente tuvo una pérdida de 10 puntos entre el 7 de junio y el 26 de julio, ubicándose en 40%. Es decir que seis de cada 10 estadunidenses desaprueban su forma de conducir el país.
Nadie lo quiere
A casi tres años de iniciada su gestión todos tienen algo que reclamarle a Obama. Entre la minoría latina el reclamo fundamental es que no cumplió su promesa de promover una reforma migratoria integral y en cambio durante su administración se batieron todos los récords de deportaciones, por encima de los del gobierno de Bush con todo y su retórica antiinmigrante. En el primer año de Obama deportaron a más de 400 mil personas, 25% más que en 2007.
Entre los afroamericanos el reclamo es similar. El presidente se comprometió a terminar con la violencia en las calles y a promover más y mejores oportunidades educativas y empleos, pero nada de eso se ha cumplido. Por el contrario, la tasa de desempleo entre ese sector en algunas zonas urbanas supera 20% y el impacto de la recesión lo ha golpeado con más fuerza que a cualquier otro grupo.
Durante su convención, hace dos semanas en Boston, la Liga Nacional Urbana dio a conocer un reporte que revela que la recesión anuló los avances económicos de los afroamericanos y latinos en los últimos 30 años.
Entre los jóvenes, que fueron uno de los pilares en el triunfo de Obama en 2008, la percepción no es mejor: con una tasa de desempleo superior a 21.5% sus posibilidades de estudiar y obtener financiamiento también se han reducido.
Por su lado los demócratas aseguran que Obama ha cedido demasiado ante las presiones de la ultraderecha y afirman que no cumplió su promesa de campaña de eliminar la exención de impuestos a los más ricos y en cambio accedió a hacer profundos recortes en los programas de seguridad social.
Entre los republicanos se le acusa de gastar demasiado en programas sociales, de aumentar de manera peligrosa el déficit del gobierno federal y de querer aumentar impuestos a los sectores de mayores ingresos. Los independientes lo consideran tibio y sin congruencia entre sus promesas de campaña y su actuación como mandatario.
La economía no mejora
A la oleada de críticas hay que agregarle que el panorama económico simplemente no le es favorable. La recuperación económica tras la recesión –que terminó oficialmente en junio de 2008– es extremadamente débil, la tasa de desempleo sigue elevada, la bolsa de valores está tan volátil como en los días previos a la recesión y la población cada vez se ve más pesimista.
En el noveno reporte How We’re Doing del Departamento de Estudios Económicos de la Brookings Institution –en el que un grupo de académicos revisa periódicamente los últimos cinco cuatrimestres para evaluar las condiciones económicas y políticas del país– se presenta un panorama cada día más complejo con una recesión en puerta, tres conflictos militares y el arranque de la carrera electoral de 2012.
“El crecimiento del Producto Interno Bruto apenas fue por encima de 1% en el segundo cuatrimestre de 2011, mientras que en el primer cuatrimestre fue sólo de 0.4%. Este débil ritmo de crecimiento no es suficiente para recuperar los más de nueve millones de empleos perdidos durante la recesión”, indica el informe.
“Después de alcanzar 10.1% en octubre de 2009, la tasa de desempleo se mantiene por encima de 9% además de que el tiempo de desempleo también permanece por encima de las 36 semanas”, agrega.
El sector de la vivienda, que había encabezado el proceso de recuperación económica luego de otras recesiones, tampoco ha respondido. Los precios de las casas siguieron cayendo todo el año pasado, principalmente en las zonas metropolitanas de Nevada, Florida y California donde millones de familias ya han perdido sus hogares. Por otro lado el nivel de confianza de los consumidores llegó en julio a su nivel más bajo desde principios de 2009.
Pero no a todos les ha ido mal. El comercio de artículos de lujo ha crecido extraordinariamente. Esta rama ha tenido incrementos en sus ventas durante 10 meses continuos, indica el departamento de análisis de MasterCard Advisors Spending Pulse. En julio el segmento de artículos de lujo tuvo un aumento de 11.6%.
Tiffany, por ejemplo, reportó un incremento en sus ventas de 20%. La semana pasada LVMH, propietaria de marcas como Louis Vuitton y Givenchy, reportó un alza en sus ventas en el primer semestre de 2011 de 14 mil 900 millones de dólares. También la semana antepasada PPR, propietaria de Gucci, Yves Saint Laurent y otras marcas, informó que su segmento de lujo aumentó 23% en ese periodo.
La BMW informó que sus ganancias aumentaron 16.6%; Porsche, 59% y Mercedes Benz dijo que las ventas de su modelo S-Class, que cuesta más de 200 mil dólares, aumentaron 14%.
Rehenes de la ultraderecha
Tradicionalmente el proceso de incremento del límite de endeudamiento del gobierno de Estados Unidos era un trámite casi automático que no llegaba a los titulares.
Este año fue diferente. Conscientes de que el miércoles 3 era la fecha límite para alcanzar un acuerdo que evitara la paralización del gobierno y la suspensión de pagos de las obligaciones crediticias, los 465 congresistas republicanos decidieron apegarse a la agenda de su corriente más conservadora, el Partido del Té, y propusieron que a cambio de incrementar el techo de la deuda del gobierno se hicieran recortes en los principales programas sociales y no se crearan nuevos impuestos.
Las negociaciones se prolongaron semanas y ante la imposibilidad de llegar a un acuerdo el ala ultraconservadora del Congreso logró poner en jaque no sólo a su propio partido sino también a los demócratas, a la Casa Blanca y a la economía mundial. Los ultraconservadores estiraron la liga al máximo y el acuerdo entre los representantes de los dos partidos llegó horas antes de que se cumpliera el plazo.
Pero se impuso la agenda conservadora:
Primero: el límite de la deuda se incrementó 2.4 billones de dólares. Segundo: se autorizó al gobierno federal pedir prestados 400 mil millones de dólares de inmediato y otros 500 mil millones en un lapso de siete meses. Tercero: se reducirá el gasto público en 917 mil millones de dólares en los próximos 10 años, particularmente en las fuerzas armadas y el Medicare (el programa de salud destinado a mayores de 65 años). Cuarto: se acordó que un comité bipartidista de 12 miembros (seis por bando) decida a más tardar a fines de noviembre qué otros sectores de la economía deberán ser reducidos o eliminados. Si este comité no se pone de acuerdo, recortes por 1.2 billones de dólares se harán automáticamente.
A pesar de todo el acuerdo no logró borrar el nerviosismo en los mercados; en el fondo lo que aprobó Estados Unidos fue endeudarse más. Aunque van a recortar gastos a lo largo de 10 años, el incremento de la deuda es inmediato. Para entender la gravedad del problema basta decir que Estados Unidos debe el equivalente de su producción total de un año.
El problema es de tiempos. De cara a las elecciones presidenciales que vendrán en 2012, está por verse cuál político les dirá a los estadunidenses que, al igual que el resto del mundo, les ha llegado la hora de apretarse el cinturón.
Pero además hay un gran dilema: La mayoría de los analistas económicos coinciden en que un ajuste inmediato a la economía estadunidense provocaría una disminución en el consumo que a su vez llevaría a una desaceleración económica mundial. Pero si no se hace de inmediato, sólo se empeorará la situación.
Para Stephany Griffith-Jones, directora de Investigación Financiera de la Iniciativa de Diálogo Político de la Universidad de Columbia en Nueva York, lo más grave es que la situación fiscal de Estados Unidos se agudiza por el enfrentamiento político alimentado por la fuerte división en el Congreso. “Los dos principales partidos difieren diametralmente en la forma en que hay que reducir el déficit”, dice a Proceso.
La tensión fue castigada de inmediato por los mercados. El jueves 4 fue un día negro para las bolsas. El Dow Jones registró una caída de 4.3%, la más pronunciada desde octubre de 2008; las bolsas europeas perdieron en promedio 4% de su valor; Tokio y Singapur tuvieron pérdidas de 3.5% mientras que en China la caída fue de 4.3%. En los siguientes días la recuperación fue parcial.
El comportamiento en las bolsas tiene origen en el temor de que la economía mundial esté a punto de entrar en una nueva recesión por la desaceleración económica estadunidense y la crisis de deuda en los países de la Unión Europea.
“El acuerdo en Estados Unidos fue eminentemente político, no económico”, afirma a este semanario Rubén Olguín, experto en economía de la Universidad del Sur de California. “En este momento en lugar de recortar se deben inyectar recursos a la economía; de lo contrario seguirá la desaceleración y entraremos en el temido double dip”. Este término se usa cuando a una recesión sigue otra de inmediato, como ocurrió en Estados Unidos en 1980, 1981 y 1982, precisa Olguín.
La enconada negociación entre republicanos y demócratas no pasó inadvertida y la calificadora de riesgos crediticios Standar & Poor’s decidió, el viernes 5, darle un golpe más a la ya maltrecha imagen de Obama al rebajar la confianza en la deuda estadunidense de AAA a AA+.
Ya con ese golpe a la economía, el martes 16 Fitch Ratings, considerada la menos estadunidense de las tres grandes agencias calificadoras de deuda, consideró solvente la economía de Estados Unidos y mantuvo su calificación AAA, una semana después de que Obama se refiriera a su país como “triple A”.
Según David Beers, del Departamento de Evaluaciones Mundiales de Standard & Poor’s, la prolongada confrontación en Washington para elevar el techo de la deuda y recortar el gasto federal puso en evidencia que en el país hay “un ambiente político sumamente incierto y que los legisladores no fueron lo suficientemente efectivos como se requería para abordar los retos de la actual situación económica”.
Aunque en la práctica la reducción no tiene un efecto mayor, a Obama le toca pasar a la historia como el primer presidente en 70 años al que le descalifican la deuda.
Todos pierden
El debate dejó maltrechos a todos. Al Partido del Té porque dejó en evidencia que en su radicalismo no duda en poner en riesgo las finanzas de Estados Unidos y del mundo si es necesario para imponer su agenda política.
También los congresistas resultaron con su imagen dañada ya que el acuerdo no dejó satisfecho a nadie, por lo que en la base de los respectivos partidos políticos es considerado como una claudicación de principios.
Para Obama la debilidad fue más evidente. El lunes 8, en un intento por tranquilizar la volatilidad de los mercados, emitió un mensaje por televisión. La respuesta fue una caída de 635 puntos del índice industrial Dow Jones. De esos, 200 cayeron inmediatamente después del mensaje presidencial.
La pregunta ahora es si este contexto contribuirá a la derrota de Obama en las elecciones presidenciales que tendrán lugar dentro de 15 meses. Parecería que sí, de no ser porque aún no hay ningún republicano que logre aglutinar las corrientes, cada vez más antagónicas, de ese partido.
Lo cierto es que ningún presidente estadunidense ha podido reelegirse con una tasa de desempleo superior a 8%. Si Barack Obama no se enfoca en la creación de empleos, probablemente él mismo tendrá que buscarse uno nuevo.








