Vicencio evalúa la problemática informativa en el asunto del Palacio

Directora del Instituto Nacional de Bellas Artes desde el 15 de abril de 2009, la licenciada Teresa Vicencio sopesa su trabajo, enfocado básicamente, dice, al área de educación artística. Pero es inevitable el tema del Palacio de Bellas Artes, cuya “rehabilitación”, como le llama, desencadenó el rechazo de ciertos especialistas. Y aun cuando lo admite, califica la controversia de “más mediática que técnica”, si bien acepta la probabilidad de no haber sido lo suficientemente eficiente en la manera de trasmitir el asunto. Finalmente, habla de cómo llegó al puesto que hoy ocupa, y sobre el atolladero jurídico INBA-Conaculta se limita simplemente a aceptarlo.

 

La directora general del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA), Teresa Vicencio Álvarez, no cede. Viva aún la polémica sobre la rehabilitación del Palacio de Bellas Artes –que alcanzó sus puntos más candentes a principios de este año– defiende que los trabajos fueron pertinentes, necesarios y apegados a la normatividad; considera las críticas como resultado de un fenómeno mediático y no de estudios fundamentados; y se dice tranquila porque la UNESCO desestimó enviar una misión reactiva para analizar el caso.

Hija del político Abel Vicencio Tovar (1925-1994), quien presidió el Comité Ejecutivo Nacional del PAN de 1978 a 1984, la funcionaria se define sólo como “simpatizante” panista, pero no militante pues nunca ha estado en el comité ni ha ocupado ningún cargo de elección popular, y destaca sobre todo su trayectoria como “promotora cultural”.

Tras una espera de meses, Vicencio Álvarez acepta hablar con Proceso sobre el asunto del Palacio de Bellas Artes (PBA); de cómo llegó a la dirección general del instituto, luego de haber dirigido en dos periodos consecutivos el Centro Cultural Tijuana (Cecut); de su relación con el secretario de Educación Pública y, aunque jurídicamente el INBA no depende del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta), dice aceptar la “rectoría” de este organismo en materia de política cultural.

Meses duró la polémica sobre la intervención en la sala principal del PBA, que para los críticos fue “remodelación” y ella le llama “remozamiento”, pues asegura no se modificaron los elementos arquitectónicos esenciales del recinto. La semana pasada, con base en un boletín donde el INBA informó que los expertos internacionales avalan la “rehabilitación integral” del Palacio, el expresidente de la Comisión de Cultura de la Cámara de Diputados, Alfonso Suárez del Real, dijo que de esa manera la directora del INBA “violentó el presupuesto de egresos de la Federación al remodelar en lugar de restaurar”, a lo que se había comprometido, y la acusó de “desviación de recursos públicos”.

Por su parte, la presidenta del Comité Nacional Mexicano del Consejo Internacional de Monumentos y Sitios (Icomos), Olga Orive Bellinger, que ha sostenido también que sí hubo una alteración, llevó el caso ante el Comité del Patrimonio Mundial de la UNESCO.

Se habló incluso de que el PBA podría perder la declaratoria de Patrimonio Mundial de la Humanidad, cuando en realidad esa distinción, otorgada en 1987, no es exclusiva del monumento, corresponde a todo el Centro Histórico de la Ciudad de México, aunque en la lista oficial del Patrimonio Mundial (https://portal.unesco.org) se destaca al PBA como uno de los “hermosos edificios” de la zona.

Orive aclaró en entrevista con este semanario (Proceso, 1785) que la pérdida de la declaratoria no existe como sanción de la UNESCO, que en todo caso –si lo considera necesario– envía una misión reactiva y emite sólo “recomendaciones”.

Al final todo parece haber quedado en una llamarada de petate y no habrá misión alguna.

Vicencio destaca incluso que la UNESCO ni siquiera consideró incluir el tema del PBA en la reunión del Centro del Patrimonio Mundial (CPM), realizada en París el mes pasado, pues dijeron que no había elementos para ello. Sin embargo, agrega, el propio INBA ofreció, “con ánimo de encontrar una pista de aterrizaje, muy, muy seria”, crear un comité internacional de especialistas tanto del CPM como del Icomos:

“Para que quienes están inquietos puedan quedar tranquilos y si alguien me dice que debo modificar algo y técnicamente está muy bien sustentado, pues yo tendría que asumir esa responsabilidad.”

–¿Realmente estaría dispuesta?

–Yo estaría dispuesta, y ahora digo por qué: porque estoy absolutamente segura de que van a ser detalles. Si el Centro del Patrimonio Mundial está, digamos, avalando el informe que nosotros o sus informantes aquí en México le damos, quiere decir que no hay daño al patrimonio, lo que puede haber es discusión de la pertinencia de ciertas cosas o de la posible mejora de ciertos elementos que forman parte de este remozamiento.

Asegura sentirse tranquila pues no hay posibilidad de una misión de UNESCO, y hasta celebra la visita de Gustavo Araoz, presidente de Icomos internacional, pues dice ser la más interesada en aclarar el “supuesto dilema” desencadenado por la intervención en el Palacio.

 

Mucho ruido…

 

A decir suyo, fue el proyecto de infraestructura “más importante” de esta administración en el INBA. Se inició durante la gestión de Sergio Vela al frente del Conaculta y Teresa Franco en el INBA, pero ella lo continuó por juzgarlo “pertinente”. Sostiene que era necesario cambiar la mecánica teatral del foro e informa que la vieja maquinaria del siglo XIX está debidamente inventariada ante notario y guardada en una bodega que el instituto renta ex profeso y se decidirá más adelante si se convierte en una pieza de museo.

Asimismo, que en el “remozamiento” no hubo daño alguno al patrimonio arquitectónico. Pero hay opiniones contrarias como las de los arquitectos Víctor Jiménez, quien ocupó hace años la Dirección de Arquitectura del INBA, Alberto Pérez-Amador Adam, y la propia Orive.

Para Vicencio la controversia ha sido “más mediática que técnica” y afirma que si se hiciera una revisión de lo publicado por la prensa se vería “que no hay argumentos técnicos así contundentes y más bien hubo mucho ruido y mucha confusión…”

El punto del debate fue si se mantenía el foro del PBA como un teatro en función, con las innovaciones técnicas y tecnológicas de la actualidad, o como un “edificio intocable”, casi como un museo. La respuesta más sencilla, señala, la dio el escenógrafo Alejandro Luna al cuestionar si se quería un teatro vivo o un museo.

Algunos “detractores”, continua Vicencio, le dijeron que si quería un teatro nuevo lo hiciera en otro lugar y dejara Bellas Artes como un museo: “Vengan a ver cómo era una mecánica teatral en el siglo XIX. ¡Ah, qué interesante! Miren cómo es tener una butaca rota…” Pero consideró con su equipo y el consejo asesor que Bellas Artes debía conservar su función de teatro, “más que su arqueología” y se optó por intervenirlo.

Los críticos han dicho que los edificios artísticos e históricos pueden ser intervenidos sin alterar sus características esenciales, pero que en el caso del PBA se alteraron sus elementos, violando con ello la Ley Federal de Monumentos y Zonas Arqueológicos, Artísticos e Históricos, a la cual está sujeto el inmueble por estar declarado como monumento nacional. Vicencio asegura que las obras se hicieron con apego a las normas internacionales y sin violar dicha ley pues se respetó la estructura arquitectónica del inmueble.

–Dice que no hubo opiniones técnicas, pero sí hubo consideraciones de gente especializada en arquitectura, los mismos integrantes de ICOMOS están relacionados con el ámbito de la arquitectura y del patrimonio.

–Sí, desde luego. Pero a ver, no descalifico las trayectorias porque en efecto son arquitectos. A lo que me refiero es a que en resumen o al final, esta confrontación, hasta donde mi lectura da, es más mediática que técnica. O sea, algunos especialistas sí expusieron muy bien su posición pero muchas otras salidas mediáticas son confusas, están revueltas, están poco sustentadas, poco fundamentadas y muy (¿como decirlo?)… con poco rigor.

–¿Por ejemplo? –se le pregunta. Pero evade.

–Yo prefiero hablar del palacio mismo que del fenómeno mediático que suscitó, porque así es como lo veo, y pues si determinado grupo optó por una cosa mediática más que por tener primero una aproximación con nosotros o lo que sea, me es muy difícil hablar pues no puedo opinar por qué tomaron esas decisiones, desconozco sus motivaciones.

Destaca entonces que el PBA está funcionando, que se entregó con apenas un par de meses de retraso (en comparación con otra obras relacionadas con los festejos del Bicentenario, como la Estela de luz, cuyos trabajos no avanzan) y tuvo un costo de 690 millones de pesos, 40 millones más de los 650 que se habían anunciado originalmente.

Toda proporción guardada, la remodelación del PBA, junto con la Estela de luz, son las obras más emblemáticas del Bicentenario. Ambas están marcadas por una serie de cuestionamientos por su costo (la Estela ya rebasa los mil millones de pesos), la falta de transparencia en el ejercicio de los recursos y la falta de información. Se le pregunta a Vicencio por qué se dio esta situación, y revira preguntando si la cuestión es por qué hay esa percepción en la ciudadanía.

–No es percepción, realmente no ha habido la información que la ciudadanía ha demandado. Usted habla de un manejo mediático, tal vez ese fenómeno se dio por la falta de información.

–Es probable, a lo mejor no fuimos lo suficientemente, digamos, eficientes en cómo transmitirlo.

Esgrime que ahora es difícil que los funcionarios queden exentos de rendir cuentas porque existen los portales de transparencia, la Ley y el Instituto Federal de Acceso a la Información y Protección de Datos (Ifai), que vigila las respuestas a las solicitudes ciudadanas de información. Pero hacer las solicitudes resulta a veces engorroso, hay que esperar un tiempo y la respuesta no siempre deja satisfecho al solicitante que entonces debe iniciar un nuevo trámite.

Vicencio dice que se han propuesto ser más “proactivos” en este terreno y plantea ir poniendo en su portal de internet la información que tengan completa, como por ejemplo el libro blanco que acaba de cerrarse, y poner una serie de preguntas que resulten las más recurrentes, con sus respuestas.

Pero no cede en más. Aunque reconoce un posible error: no haber informado adecuadamente a la sociedad sobre el proyecto, está convencida de que era necesario arreglar el foro y, como consecuencia, hacer cambios en el resto de la sala principal. En las próximas semanas comenzarán los trabajos entre especialistas de Icomos y el INBA y la funcionaria se ha comprometido a brindar, ahora sí, toda la información sobre las determinaciones que vayan tomándose.

 

Promotora sin militancia

 

El 15 de abril de 2009, Vicencio tomó posesión como directora general del INBA, un mes después del arribo de Consuelo Sáizar a la presidencia del Conaculta. Licenciada en Humanidades por la Universidad del Claustro de Sor Juana, la promotora cultural dice que el sello de sus dos años de gestión ha sido el trabajo en el área de educación artística: impulsando becas, revisando planes de académicos, haciendo estudios de rendimiento y de deserción.

“Estoy convencida de que la educación artística nos hace mejores personas aunque no te dediques profesionalmente al arte.”

Se le pregunta cómo fue su nombramiento, si fue invitada por Sáizar o por el actual titular de la Secretaría de Educación Pública (SEP), Alonso Lujambio. Relata que cuando llegó al INBA estaba saliendo la anterior secretaria, Josefina Vázquez Mota, y su nombramiento lo firmó “administrativamente” Lujambio.

–¿Pero la invita Consuelo Sáizar?

–Hay una terna que se le propone al señor presidente, o sea una terna que Consuelo arma y propone y viene esta invitación. Yo estaba cumpliendo mi segundo periodo en el Centro Cultural Tijuana. En mi primer periodo tuve el nombramiento de Sari Bermúdez y en el segundo la ratificación de Sergio Vela. Yo tenía la mira de estar hasta 2012 en el Cecut y llega esta invitación que es un absoluto privilegio y me toca regresar a la Ciudad de México, dejar el Pacífico –que mucho extraño– por el Periférico (ríe).

Relata que conocía a Sáizar desde que ésta dirigía el Fondo de Cultura Económica, pues coincidieron en varias ocasiones en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara. Además debido a que el Fondo tiene una sucursal en San Diego, California, Estados Unidos, su entonces directora viajaba mucho a aquella ciudad y a Tijuana, y crearon conjuntamente el programa Laboratorio de Literatura Fronteriza, con apoyo de la escritora Cristina Rivera Garza mediante el cual escritores emergentes realizaron una residencia en ambas ciudades. La ahora directora del INBA dice desconocer quienes más integraron la terna.

–¿Pero la eligió Felipe Calderón?

–Ése es un proceso que conoce mejor Consuelo, a mí me llama y me dice: “Estás invitada”.

Circula en el medio la versión de que Vicencio fue elegida por la relación política que tuvieron las familias Vicencio y Calderón al interior del PAN. En mayo pasado el ejecutivo inauguró en las instalaciones de su partido en el Distrito Federal un museo y una biblioteca que llevan el nombre de María Elena Álvarez Bernal, esposa de Abel Vicencio y madre de la titular del INBA. Según publicó el diario El Universal, al evocarla Calderón indicó:

“Cuando yo tenía la necesidad de un consejo, aunque ella no lo supiera, y estoy seguro que siempre lo supo, a final de cuentas recurría a ella. Siempre hubo decisiones difíciles en el partido y siempre las habrá.

“¡Qué barbaridad! Las decisiones de candidaturas, las expulsiones, las decisiones de participación, el de si se hablaba o no con el gobierno, el de si se hacía o no un evento o un mitin, y creo que siempre había una voz de talento de María Elena.”

–¿Influyó la relación con su padre? ¿Su nombramiento pudo ser más político que cultural? –se le insiste a Vicencio.

–No, definitivamente no. Eso no significa que yo no haya conocido antes al presidente Calderón, por supuesto que lo conocía desde antes a él y a su familia, a Margarita Zavala (su esposa). No era nada difícil porque sí, venimos de familias que estuvieron militando en el PAN desde siempre. Éramos pocos, muy pocos, era lógico que nos conociéramos, ¿no?, como conozco a la familia Zavala también y a muchísimas otras familias que son la segunda o tercera generación de una vida de participación política.

Dice estar consciente de la forma en que por décadas se hicieron los nombramientos en México, pero atribuye el suyo a su perfil profesional y su trayectoria en el ámbito de la promoción cultural en el cual realizó diversas actividades, desde su servicio social en el Instituto Mexicano de la Radio, hasta el día de hoy, pasando por la Dirección General de Bibliotecas, entonces a cargo de la Subsecretaría de Cultura de la SEP, Radio Educación y el Cecut que fue –indica– como un gran “propedéutico” para su llegada al INBA.

–¿Ha militado en el PAN?

–He estado absolutamente cerca, sobre todo la etapa que le tocó a mi padre de construcción de una vida democrática y de una militancia en la oposición. He estado muy cerca, desde luego he sido simpatizante, pero no tengo una militancia, nunca he tenido un cargo de elección popular, nunca he estado en el Comité Ejecutivo.

 

Rectoría

 

Desde que se creó el Conaculta por decreto presidencial de Carlos Salinas de Gortari en 1988, se ha puesto en tela de juicio su legalidad y el hecho de que se convirtiera en órgano rector de la política cultural, coordinando a los institutos Nacional de Antropología e Historia (INAH) e INBA, creados por leyes del Congreso de la Unión, lo cual es considerado por varios especialistas como una aberración jurídica. Se le pregunta a Vicencio cómo es su relación con Sáizar:

“Es una relación que se complementa, una relación donde podemos trabajar de manera coordinada, de manera complementada, a veces la manera en que está el sector no favorece que las cosas fluyan más rápido, pero siempre hay forma de ponerse de acuerdo.”

–¿Se refiere a la situación legal del Conaculta, a cómo se sobrepone al INBA?

–Bueno, no es algo que se desconozca el hecho de que el INBA depende jurídicamente de la SEP, por su ley de creación, pero por supuesto, en términos de una política cultural del gobierno federal, la rectoría es del Conaculta, absolutamente.

Niega en cambio que el instituto se someta a las disposiciones del titular en turno del Consejo, como se ha señalado desde hace tiempo. Dice que la relación con Sáizar es de absoluto respeto pues de lo que se trata es de unir voluntades para “tener una alineación de proyectos… por ejemplo la internacionalización de los talentos, es algo que ella impulsa mucho y bueno el INBA tiene también su manera de alinearse a una política de ese tipo”.

Quizá, agrega, algún tema le interesa más a una que a otra, pero van acordando. Descarta incluso que pueda recibir órdenes:

“Ella tiene una relación muy afable y respetuosa. La palabra (órdenes) como que no me suena. Acordamos, ella y yo acordamos. Y por supuesto que yo reconozco ahí una rectoría y ella también reconoce que hay algunas responsabilidades que jurídicamente son del INBA y, en ese sentido, las responsabilidades son mías.

“Yo creo que sobre todo, como está el sector en general, tanto con el INAH, Instituto Mexicano de la Radio (Imer), Radio Educación, tiene que haber una voluntad de acuerdo y reconocer esta rectoría, ¿no? La tiene.”

–Y con el secretario Lujambio, ¿cómo es su relación? Él reconoció públicamente, durante la creación de la Fundación INBA, que sólo dedica el 5% de su agenda de trabajo a la cultura, siendo que el INBA e INAH dependen directamente de la SEP.

–Claro, porque de alguna manera está delegado en el Conaculta, ¿no? Mi relación con el secretario es buena. Hay cosas que toca tratar directamente con la SEP, por ejemplo mucho de Educación Artística pues es necesariamente directito con la SEP.

Las declaratorias de monumento nacional de edificios artísticos también se gestionan a través del área jurídica de la SEP. Concluye la funcionaria:

“Hay una relación jurídica con la SEP, pero que no me parece que vaya en detrimento de la relación del INBA con la presidencia del Conaculta, yo creo que más bien es complementaria.”