Juan Ramón de la Fuente Ramírez ha sido señalado por segunda ocasión como posible candidato a la Presidencia de la República. La primera ocurrió en vísperas de las elecciones de 2006. Ahora esa percepción, que se ha mantenido viva, cobra fuerza, como lo muestra su inclusión en los análisis que realiza la revista Proceso a través de los suplementos que llevan por título: Los aspirantes 2012, así como las menciones que se han hecho sobre su persona como un posible candidato –hasta ahora hipotético– en el interior de algunos partidos políticos, a pesar de que no pertenece a ninguno. Entre todos los que han sido mencionados en diferentes medios como posibles candidatos, De la Fuente es el único que es un científico.
Nacido en la Ciudad de México en 1951, obtuvo el título de médico cirujano en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y realizó sus estudios de posgrado en psiquiatría en la Clínica Mayo en Rochester, Minnesota, Estados Unidos. En la UNAM, dirigió el Programa Universitario de Investigación en Salud y posteriormente fue designado director de la que había sido su escuela, la Facultad de Medicina. En 1999 fue nombrado rector de nuestra máxima casa de estudios, en medio de una crisis desatada por una huelga estudiantil. Durante su rectorado, esta institución llegó a ser considerada la más importante de Iberoamérica.
Se trata de un científico que cuenta con un gran reconocimiento, tanto a nivel nacional como internacional. Se mantiene como un investigador activo, y ha publicado numerosos libros y capítulos de libro en los campos de la ciencia, la educación y la salud, así como diversos trabajos en su especialidad en revistas internacionales. En 2006 era considerado el psiquiatra mexicano más citado en la literatura científica mundial. Obtuvo el Premio de la Academia Mexicana de Ciencias en 1989 –organismo que luego presidiría en 1996–, y en 2006 se le otorgó el Premio Nacional de Ciencias y Artes en el área de las ciencias físico-matemáticas y naturales.
Surge la pregunta de cómo un personaje con un perfil académico y científico como el descrito puede ser visualizado en un cargo que es eminentemente político, como la Presidencia del país. De la Fuente cuenta con una amplia experiencia en la administración pública, pues se desempeñó como secretario de Salud durante el gobierno del presidente Ernesto Zedillo. A su paso por la rectoría de la UNAM logró poner fin al conflicto que la mantuvo cerrada por más de 10 meses. Su conducción en el manejo de esta crisis le dio gran reputación como un político hábil. Previamente a las elecciones del 2006, como señalé antes, ya era mencionado, aunque marginalmente, como un posible candidato a la Presidencia, y en aquel momento uno de los más importantes contendientes para llegar a ese cargo, Andrés Manuel López Obrador (AMLO), llegó a proponerlo como integrante de su futuro gabinete como secretario de Gobernación.
La propuesta política que representa De la Fuente aparece como extraordinariamente oportuna y útil en los tiempos que hoy vive México. Plantea, por un lado, un cambio radical en la estrategia para el combate al crimen. Si bien no comparte la idea de legalizar las drogas, sino que preconiza enfrentar este problema de una manera integral, en diversas ocasiones se ha referido a la necesidad de ubicar el tema del narcotráfico como un problema de salud pública, el cual, en consecuencia, debería ser abordado desde esa óptica, y no con una perspectiva militar. Por otra parte, el impulso decidido que con él tendría la educación pública, terreno en el que es experto, permitiría ensanchar las oportunidades para los jóvenes, quienes son hoy las principales víctimas de la guerra; al mismo tiempo que la educación y la ciencia constituirían la columna vertebral para el desarrollo futuro del país. Entre todos los que han sido mencionados como posibles candidatos, es el único que puede conducir y comprometerse genuinamente con una auténtica revolución educativa.
Adicionalmente, el hecho de que De la Fuente sea visto con posibilidades de ser candidato a la Presidencia por vías diferentes, ya sea como candidato independiente, o postulado por algún partido de derecha o de izquierda –lo que implica ideologías muy distintas–, muestra que ante un panorama en el que existe una profunda división en la sociedad mexicana, representa una figura unificadora.
A pesar de todo lo dicho y de que, en mi opinión, sería una muy buena opción para México, las posibilidades reales de que Juan Ramón de la Fuente sea candidato a la Presidencia de la República en el 2012 son muy remotas; primero, porque la reforma que permitiría las candidaturas independientes sigue hasta hoy congelada en el Congreso; luego, porque, a pesar de que el licenciado Felipe Calderón ha venido jugando con la idea de una candidatura ciudadana en el Partido Acción Nacional, se ha expresado la objeción de varios de sus integrantes. En la izquierda hay algunos grupos que han manifestado simpatía con su candidatura, pero hasta ahora sólo se piensa en una selección entre dos personajes (Marcelo Ebrard y AMLO). Los partidos políticos no están pensando en el país. Como sea, todavía habrán de pasar muchas cosas y pueden ocurrir algunos reacomodos, por lo que si bien las posibilidades de que un científico como De la Fuente sea candidato son lejanas, todavía no se le puede descartar por completo.








