Existe un género televisivo que ha tenido mucho éxito de público: documentales sobre los animales y la naturaleza. Su origen se remonta a las producciones hechas por canales culturales públicos o privados. El formato original fue evolucionando, pasó de series instructivas con voz en off, grabadas con dificultades en las cuales los protagonistas eran los animales o el medio ambiente hasta incluir al humano que actúa dominando a las bestias, o sobreviviendo en condiciones poco creíbles. Se produjo un formato híbrido que combina la aventura en solitario con los paisajes espectaculares, tormentas, tornados, incendios, explosión de volcanes y la exhibición de animales no domesticados.
Hace algunos años Canal 11 desarrolló una línea que mostraba la diversidad geográfica, los ecosistemas y el bello paisaje mexicanos. Los conductores al frente de dichas series solían ser científicos enterados del tema que abordaría cada capítulo. La televisión de la UNAM también realizó algunos programas de este tipo, sustentados en el conocimiento.
Esos tiempos ya pasaron, hoy los canales culturales han preferido comprar a producir. No es una decisión meramente financiera, resulta de una política consistente en desdibujar el perfil propio, adoptar lo comercial y competir dentro del cuadrante. Es necesario acercarse a lo espectacular, al entretenimiento que atraiga a la audiencia menos exigente, lamentablemente mayoritaria luego de 50 años de entrenamiento a base de lo que se conoce como telebasura.
Los inconvenientes de adquirir en lugar de elaborar son varios: los programas suelen ser de escasa calidad, venir en paquete, carecer de creatividad. En el proceso de doblaje al español, el vocabulario se reduce, las expresiones se repiten, estandarizan, se vuelven muletillas. Hay una frase reiterada: “uno de los mejores, más grandes, más hermosos, del mundo”. Agréguese adjetivos superlativos y se tendrá completo el cuadro. Debido a la mala traducción se inventan palabras, términos y se distorsiona la sintaxis del castellano. Animales y paisaje tienen rasgos humanos: son “asesinos”, “salvajes”, “agresivos”. Vemos transmutarse un documental en mera fantasía.
El viajero presentador no está solo. Lleva consigo un equipo de camarógrafos, sonidistas e incluso guías para no perderse en selvas, desiertos, ríos o sabanas. Y nos quieren hacer creer que sí, es él contra todas las adversidades de un hábitat feroz. Caen en esta categoría varios programas de la barra de Canal Once. Las descripciones del explorador fotógrafo buscan ser científicas, utilizan lenguaje moderado, pero es imposible que aceptemos, entre otras audacias, sus incursiones en los ríos y cavernas subterráneas de Yucatán sin asesor ni tanque de oxígeno. Las aventuras de Jeff Corwin que también aparece en la pantalla de ese canal, es realmente repulsivo: el protagonista se arrastra por el lodo, come alimañas, duerme en huecos en la nieve, se lanza de precipicios y resulta ileso, ni un rasguño. Él se graba a sí mismo. Tales emisiones exageran, le mienten al espectador, intentan engañarlo con lo que resulta un fraude: ni ciencia ni ficción.








