Ausente durante casi todo el mes pasado, el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, reapareció en la escena pública sólo para avisar que padece cáncer y lo tratarán en Cuba. Sin embargo nadie le dice a los venezolanos qué tan enfermo está el mandatario ni cuánto tardará en sanar, si lo logra. Aun así el militar se aferra al poder, a tal grado que seguirá gobernando a distancia porque no le da juego a su vicepresidente. Y tanto el chavismo como la oposición se hallan tan desconcertados que no aciertan a coordinar sus estrategias para las elecciones presidenciales del próximo año.
La incertidumbre reina en Venezuela por la falta de información oficial acerca de la salud de Hugo Chávez. El 6 de junio, el jefe de Estado inició la gira por Brasil, Ecuador y Cuba que un mes antes había pospuesto por una lesión en la rodilla. Cuatro días después, el canciller Nicolás Maduro informó que el presidente había sido sometido a una operación de emergencia en La Habana por un absceso pélvico.
Y no fue sino hasta el 30 de junio, 20 días después de las declaraciones de Maduro, cuando Chávez –visiblemente mermado– habló en cadena nacional de radio y televisión desde la capital cubana y confirmó lo que era un rumor a voces: tiene cáncer.
En esos 24 días de silencio oficial del gobierno venezolano, Chávez fue sometido a una segunda operación de emergencia y permaneció 10 días en terapia intensiva, según confesó luego, sin dejar de ser oficialmente el presidente de la República Bolivariana de Venezuela, pues se ha negado a delegar el cargo al vicepresidente Elías Jaua.
Con 56 años e intenciones de permanecer en el poder hasta 2021, la enfermedad vino a jugarle una mala pasada a Chávez pues tendrá que modificar sus ritmos de trabajo de 20 horas diarias.
Para los investigadores del Centro Miranda, un espacio de reflexión ligado al gobierno, la crisis por la salud presidencial ha evidenciado los límites del “modelo del hiperliderazgo” que ha encarnado Chávez en sus 12 años de ejercicio del poder.
Cuando el Centro Miranda, encabezado entre otros por el académico español Juan Carlos Monedero, sostuvo en 2009 que Chávez ejercía un “hiperliderazgo” que era dañino para la “revolución bolivariana”, el mandatario contestó:
“¿Hiperliderazgo mío? (…) yo respeto su opinión, pero vengan a discutirlo con el pueblo. ¿Dónde está mi hiperliderazgo? Yo creo que estoy haciendo el papel que me corresponde y más bien creo que en algunos temas debería meterme más. ¿Qué significa híper? Algo que está sobredimensionado (…) entonces yo debería bajar mi liderazgo. ¡Ah! Eso es lo que quiere el enemigo. ¿No les parece?”
Esa retadora declaración del 14 de junio de 2009 contrasta con el humilde Chávez que el miércoles 13 llamó por teléfono a un programa de la televisión gubernamental, donde entrevistaban a Monedero, para reconocer que deberá cambiar su forma de gobernar: “Tengo que aprender a delegar. No me considero imprescindible. Aquí hay un proceso desatado y uno juega un rol”.
Visto así, el cáncer de Chávez impondrá otro ritmo de gobierno y ello representa un serio reto para el mandatario, quien aspira a reelegirse en 2012. Se trata de una larga campaña electoral que el mandatario puso en marcha el 1 de mayo pasado cuando ratificó que quiere reelegirse y descartó la realización de elecciones primarias, con lo que cerró la puerta a potenciales aspirantes presidenciales dentro de su Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV).
“La única opción que tenemos para derrotar a la oposición es que Chávez sea candidato”, confiesa a Proceso un alcalde del PSUV a condición de mantener su anonimato. “En el partido analizamos diferentes escenarios y ningún otro dirigente podría ganar las presidenciales”. Diversos estudios de opinión confirman la tesis de que los otros líderes del chavismo no son presidenciables.
El presidente venezolano no sólo debe luchar por su vida, como lo confesó en diversas intervenciones públicas entre el lunes 4 y el sábado 16 –cuando regresó a Cuba para iniciar un tratamiento de quimioterapia–, sino que también de su salud depende en buena medida la existencia de su proyecto.
Para Michael Shifter, director de Diálogo Interamericano, un think tank con sede en Washington, “Hugo Chávez ya no es el hombre fuerte de Venezuela. Con el anuncio de que está luchando contra algún tipo de cáncer las debilidades humanas de Chávez han sido reveladas. Para muchos de sus seguidores ha sido un golpe terrible”.
Shifter dice “algún tipo de cáncer” porque si bien Chávez admitió que padece esa enfermedad y anunció que el tratamiento de quimioterapia postoperatorio lo hará en Cuba, no dijo cuál órgano es el que está afectado.
Pronóstico reservado
El manejo informativo, con silencios prolongados, falta de claridad sobre el tipo de enfermedad y tratamiento de Chávez fuera del país, son ingredientes suficientes para que reine la incertidumbre en Venezuela, sostiene el sociólogo Tulio Hernández, consultado por Proceso.
Para el especialista Juan Correa, oncólogo y directivo de la Federación Médica Venezolana, desde un punto de vista estrictamente médico “lo que hay es incertidumbre, pues no hay un diagnóstico preciso, exacto, sobre la patología del presidente.
“Como oncólogo y con base en las informaciones que ha dado el propio presidente, se presume que en este caso se pudiera tratar de un carcinoma posiblemente ubicado en el colon sigmoide”, asevera a Proceso.
Según la experiencia del doctor Correa, a Chávez le podrían corresponder de seis a ocho ciclos de quimioterapia de 21 días cada uno. Eso significa que el jefe de Estado deberá estar bajo estricta observación y tratamientos lo que resta de 2011.
La Asamblea Nacional permitió a Chávez ausentarse del país por tiempo indeterminado. Sin embargo, pese a las presiones de la oposición, el jefe de Estado no delegó sus funciones en el vicepresidente y creó una firma electrónica para validar los decretos, leyes y decisiones presidenciales que tomará mientras está en La Habana.
El pronóstico médico no es esperanzador. La recuperación de un cáncer de colon, que ocupa el tercer lugar de prevalencia entre los hombres de Venezuela, depende del grado de la lesión. Chávez confesó que desoyó consejos médicos y no se sometió a revisiones pues la jefatura de Estado literalmente lo absorbía; esto pudo incidir en que el cáncer haya sido detectado tardíamente.
“Es presumible, por lo que ha dicho el presidente, que le encontraran células cancerígenas en el abdomen y que se trate de un estadio 4, el más grave, porque se ha regado a otros órganos”, diagnostica Correa, quien de nuevo apela a su experiencia y pronostica 20% de posibilidades de recuperación plena de un paciente que se somete correctamente a la quimioterapia para un cáncer en ese nivel.
Chávez sostuvo en su breve estadía de 11 días en Caracas que “estoy luchando por vivir (…) se trata de mi más dura batalla”.
Una prolongada recuperación de Chávez en Cuba, con impactos políticos concretos dentro de Venezuela, es, según el abogado constitucionalista Alberto Arteaga, lo que llevó al gobierno y a la bancada legislativa del PSUV a tomar una decisión al margen de la Constitución.
“Cuando el presidente de la república se ve impedido de ejercer sus funciones por motivos de enfermedad, como en este caso, el vicepresidente debe suplirlo, aunque el presidente sigue siendo el jefe de Estado. En este caso se optó por delegar facultades que no pueden delegarse, como las expropiaciones, que luego se refrendan con firmas que se envían vía electrónica. Es una situación al margen de la Constitución”, sostiene Arteaga, exdecano de derecho de la Universidad Central de Venezuela.
A juicio de Arteaga el gobierno está en una situación irregular que pudo “evitarse si se hubiese recurrido a la figura de la ausencia temporal, la cual se otorga por 90 días prorrogables 90 días más”.
Sin embargo, una lectura política refleja los temores de quien ha ejercido el poder más de una década: “Se puede tener temor al vencimiento de ese plazo (el de 180 días), pues luego debería recurrirse a la ausencia absoluta, en la que el vicepresidente asume las funciones del presidente”, dice Arteaga.
La Constitución vigente data de 1999 y según diversos analistas, como el editorialista Teodoro Petkoff, fue hecha según los requerimientos de Chávez al incluir, por ejemplo, la figura del vicepresidente ejecutivo (un cargo que no es de elección popular) o consagrar periodos presidenciales de seis años con posibilidad de reelección.
Rebelión interna
De acuerdo con el analista Friedrich Welsch, fundador de los posgrados en ciencia política de la Universidad Simón Bolívar, dentro del chavismo es indiscutible el liderazgo de Chávez, pero nada más. Eso dificulta que Chávez, por ejemplo, pueda delegar plenamente el poder en su vicepresidente.
“Intentó hacer cambios en estas dos semanas que estuvo en el país, pero agitó el avispero”, dice Welsch a Proceso recordando que en cuanto llegó, el lunes 4, dejó entrever que movería piezas dentro del gobierno, pero luego desistió.
Elías Jaua, según Petkoff, tiene la confianza de Chávez, pero no el consenso en las filas del gobierno y del PSUV, y carece de respaldo en las fuerzas armadas. Según Petkoff el alto mando militar se negó a que Jaua colocara una serie de condecoraciones por el Día del Ejército, el 24 de junio, y al contrario de lo que es tradición este acto no se hizo público para no mostrar esa fisura.
A juicio del analista Eduardo Semtei, expresidente del Consejo Nacional Electoral (CNE), dentro del chavismo coexisten tres corrientes: dos civiles –una formada por Jaua y Maduro, y otra por el diputado y exvicepresidente Diosdado Cabello– y una militar. Entre esos tres grupos, según Semtei, hay serias diferencias y lo único que los une es la fidelidad a Chávez, un asunto que nadie parece poner en discusión, ni siquiera en el escenario de un jefe de Estado convaleciente.
Para Welsch, “ante este panorama la oposición debe mostrar una dosis de compasión y darle la mano al presidente en este momento; pero por otro lado combatir al gobierno ineficaz e ineficiente. Caminar sobre ese filo de navaja no es fácil”.
Después de varios años de reveses, provocados tanto por Chávez como producto de sus propios errores (el más simbólico fue no presentarse a las elecciones parlamentarias de 2005), la oposición venezolana logró consolidar en 2010 la llamada Mesa de la Unidad Democrática (MUD), en la que confluyen agrupaciones de derecha junto a grupos que en el pasado protagonizaron la lucha guerrillera.
El año pasado, en unos nuevos comicios legislativos, los opositores presentaron candidaturas unitarias en la mayoría de los circuitos. Aunque en número de votos la oposición sacó más que el chavismo, el sistema electoral “mayoritario” benefició a Chávez.
El 26 de septiembre de 2010, el PSUV obtuvo 5 millones 423 mil 20 votos y la MUD, 5 millones 320 mil 364; una diferencia de 100 mil. Sin embargo el chavismo ganó 98 diputaciones, mientras los opositores sólo 65.
La experiencia, sin embargo, le dijo a los opositores que sí podían imponerse en las urnas. Hace un par de meses, mientras Chávez anunciaba su intención de reelegirse en 2012, cuando nada sabía de su enfermedad, la MUD lograba un meticuloso acuerdo para unas elecciones primarias pautadas para el 12 de febrero de 2012, de cuyas urnas emergerá un candidato unitario de las fuerzas políticas que contienden contra Chávez.
A juicio de los analistas, el desafío opositor –como se vive dentro de las filas del chavismo– será mantener la cohesión aunque Chávez no esté. No es un desafío cualquiera porque hasta ahora lo que los amalgama es justamente su identificación antichavista.








