Señor director:
En estos tiempos en que por las triquiñuelas sindicales y oficialoides la educación pública deja todo que desear, no debe olvidarse la casi apostólica labor de los maestros rurales que aportaron su esfuerzo –y en algunos casos su vida– para la formación de los profesores que en la segunda mitad del siglo pasado construyeron la calidad educativa que alguna vez tuvo nuestro país.
Deseo mencionar el caso del profesor Teodoro Aguilar Bermea, quien nació el 9 de noviembre de 1929 en Villa de Juárez, Coahuila, y falleció en la Ciudad de México el 6 de mayo de 1969, siendo director de la Escuela Normal Rural de El Quinto, Sonora. El maestro Aguilar Bermea fue también docente destacado en instituciones similares de San Marcos, Zacatecas, y Ricardo Flores Magón, Chihuahua, además de haber dirigido con acierto las escuelas de ese nivel establecidas en Cañada Honda, Aguascalientes; Tenería, Estado de México, y Santa Teresa, Coahuila.
Con motivo de su reciente aniversario luctuoso, se presentó en San Miguel, Apozol, Zacatecas, el libro Teodoro Aguilar Bermea, un destacado maestro coahuilense, acto en el que participó como comentarista el profesor Ramón Zavala Cardoso, su discípulo en la Normal Rural de Santa Teresa, Coahuila (1961-1964), quien ante un auditorio de normalistas rurales convirtió esta obra biográfica en un real homenaje póstumo a la trascendental obra del maestro Aguilar Bermea.
Se destacó en ese acto emotivo el singular desempeño del profesor Bermea, ya que fue un gran descubridor de talentos en las escuelas normales donde laboró como docente y director, muchos de los cuales se dedican hoy a la redacción de textos en prosa y verso, a la pintura, al teatro, a la investigación arqueológica y, en fin, a varias ramas del quehacer humano que el maestro fomentó en sus alumnos.
No debe olvidarse la incesante labor del profesor Teodoro Aguilar Bermea en favor del mejoramiento de la vida de los campesinos, pues con su ideología de izquierda a toda prueba condenó públicamente, en su momento, el asesinato de Rubén Jaramillo, se enroló en la campaña de Ramón Danzós Palomino y vio con buenos ojos la invasión de tierras para los campesinos que no la tenían.
Sólo una escuela del estado de Durango y una calle en Cañada Honda, Aguascalientes, llevan el nombre de este ameritado maestro. En Coahuila, envuelto ahora en las vergonzantes actividades de sucesión gubernamental hereditaria, existe un museo dedicado al normalismo, pero claro que por su ideología y su distancia de los gobernantes corruptos no aparece el nombre del profesor Aguilar Bermea, sino solamente la gran lista de los dirigentes de las secciones sindicales que hoy están bajo el yugo de los que detentan el poder.
Ojalá que las últimas generaciones que el maestro formó se den a la tarea de presentar este libro biográfico en su natal Villa Juárez, Coahuila, donde reposan sus restos, y que se le rinda un merecido homenaje poniendo su nombre a escuelas, calles, bibliotecas, centros comunitarios, museos, etcétera. Honor a quien, en verdad, honor merece.
Atentamente
Eusebio Vázquez Navarro








