En torno a Hemingway: el trauma que culminó en suicidio

De Rubén Mares Gallardo

Señor director:

Pido hospitalidad en Palabra de Lector para la presente carta, en torno a la nota titulada Hemingway: el trauma que culminó en suicidio.
Los lectores de Hemingway agradecemos a Proceso y a Rafael Vargas recordarnos el trágico 2 de julio de 1961. Sin embargo, no estoy de acuerdo con la causalidad de traumas infantiles descrita en A Psychologial Autopsy of a Suicide como activador del trágico hecho de esa mañana de julio que nos privó de la presencia del autor de: A Farewell to Arms, To Have and Have Not, For Whom The Bell Tolls, The Old Man and the Sea… pero sobre todo, de A Moveable Feast, que son las clásicas memorias de Hemingway en el París de los años 20 y que he tenido la fortuna de leer últimamente.
Lejos está el escritor del suicidio cuando en esas memorias parisinas relata las tendencias suicidas de Scott Fitzgerald, Scott and His Parisian Chauffeur o The Man Who was Marked for Death. En el estupendo viaje París-Lyon-París con Scott, es el futuro suicida quien salva del suicidio a Fitzgerald. ¡Genial!
No me imagino su suicidio siguiendo sus pasos en La Habana: Cojimar, la Marina Heming­way, el hotel Dos Mundos, cuya atmósfera es todo Hemingway; El Floridita, que le tiene su lugar asignado con sus daiquirís; en seguida, la Bodeguita del Medio y sus mojitos… todo exhala el aroma de la armonía de Ernest con la vida; una fotografía del saludo y abrazo de Heming­way con el líder triunfante de la Revolución, Fidel Castro.
¡Influencia de Albert Camus? En el mito de Sísifo, dice el francés-argelino: “No hay más que un problema filosófico verdaderamente serio: el suicidio”. No la psiquiatría en Hemingway, sino que la razón del suicidio seguramente fue lo que lleva a Sir Roger Casement a las fronteras entre la vida y la muerte, lo que vio en el Congo, en la Amazonia y en su Irlanda, la infinita crueldad demoniaca del hombre contra el hombre, las fronteras de la maldad infinita. (Vargas Llosa en El sueño del celta.)
Hemingway fue actor, no sólo testigo en la Primera Guerra Mundial, en la Guerra Civil Española, en la Segunda Guerra Mundial y en lo más crudo de la Guerra Fría con los orígenes de la era atómica. Probablemente toda esa maldad diabólica del hombre contra el hombre fue la intencionalidad del arma que hizo shot, y no de tequila, ese 2 de julio. Maldad del hombre contra el hombre. ¿Ejemplo? Las más de 40 mil víctimas de la guerra, en México, contra el crimen organizado.

Atentamente
Doctor Rubén Mares Gallardo
Escuela Superior de Física y
Matemáticas del IPN
Departamento de Física
Unidad Profesional de Zacatenco