Con la actuación estelar de Jorge Luke, galán protagonista de tantas cintas vaqueras de la década de los setentas, el director Juan Antonio de la Riva rinde homenaje a las historias de los clásicos del “Viejo Oeste” filmadas por Hollywood en su tierra natal con su nueva creación cinematográfica Érase una vez en Durango, cinta de estreno inspirada por un añejo guión que originalmente elaborara el también actor Alejandro Parodi, pero que en su momento no llegó a ser rodada.
DURANGO, DGO.- Juan Antonio de la Riva rinde un homenaje a la llamada Tierra del Cine, donde se hicieron un sinnúmero de westerns y vivió John Wayne, con el largometraje protagonizado por Jorge Luke Érase una vez en Durango, filme cuyo título incita al cineasta a reflexionar sobre los tiempos actuales, “en los cuales perdimos irremediablemente una forma de ver la vida y de vivir nuestro país”.
También en el estado habían filmado John Huston, Sam Peckinpah, George Sherman y Don Taylor, y trabajaron los actores Chuck Connors, Clark Gable, Charlton Heston, Burt Lancaster y Ringo Starr, entre muchos más.
Ahora, De la Riva vuelve a recordar esos tiempos en su película, con argumento original del actor Alejandro Parodi, que se proyectó durante el Tercer Festival de Cine Mexicano de Durango, efectuado del 29 de junio al 3 de julio:
“Es un argumento que tenía muchos años por ahí circulando, de hecho lo hicieron guión y en alguna ocasión estuvo a punto de filmarse; pero estaba escrito para ser realizado en aquel mítico pueblo del oeste de los Estudios Churubusco, el cual desapareció. Toda la acción ocurría allí. Y bueno, esa historia quedó un poco en el olvido, nunca se filmó.”
En algún momento, el realizador (nacido en Durango), siempre buscando un argumento o un tema para rodar, se acordó de la trama y visitó a Parodi:
“Me volvió a narrar impecablemente la historia. Es un gran narrador, aparte de ser muy buen actor, te va contando la anécdota y los detalles. Me la platicó toda. Y me dio la autorización para hacer un nuevo guión a partir de esa charla. Caí en la cuenta que el único lugar donde se podía filmar este relato era en Durango, pues aún existen aquí locaciones del pueblo del oeste donde filmaron varias cintas de ese género, los pueblos, las grandes llanuras y los desiertos.”
De la Riva recreó el guión (“desde luego, respetando las líneas generales de la idea de Parodi”) y también incluyó, como lo ha hecho en sus anteriores películas Vidas errantes, Pueblo de madera y El Gavilán de la Sierra, sus reflexiones sobre el cine: la amistad entre un viejo y un niño, la relación de maestro y aprendiz en la enseñanza y aprendizaje de un oficio en torno a los dobles del cine.
Sus obras han tenido como punto de partida elementos de carácter autobiográfico, enmarcados en la dura realidad que viven los habitantes de la sierra de Durango. Érase una vez en Durango se ubica en la región de los llanos del estado de Durango, justo donde se filmaron decenas de westerns nacionales y extranjeros. El lugar lo cuida el viejo Antonio (el actor Jorge Luke), cuando un día, Gabriel Nevárez (José Eduardo), niño de trece años, se mete clandestinamente al Pueblo del Oeste y descubre un mundo fascinante: distingue inmediatamente cada parte y rincón del lugar donde se han filmado muchas películas que él conoce y admira. Así, el chico logra convencer al cuidador (quien de joven trabajó en el cine haciendo las escenas de acción) para que le enseñe su oficio.
También actúan Lumi Cavazos, Jorge Galván y Guillermo Larrea. Hay actuaciones especiales: Armando Casas, Jorge de Los Reyes, Javier Escobar, Adriana Paz y Valentín Trujillo II, entre otros, para esta producción de Fidecine, Euved, Balero Film, Hilo Negro, En Rodaje y Duck Films, que aún no tiene fecha de estreno.
La tierra del cine
–¿Qué agregó al argumento de Parodi?
–Esencialmente no cambia, la línea es la misma. En el argumento original, por ejemplo, el niño veía las películas en la televisión y por eso se inclinaba al cine de acción; pero ubicada en Durango, eso me sonaba un poco difícil. Obviamente la cinta, sin estar precisado, se ubica a principios de los años ochenta cuando aún había los últimos cines ambulantes, de ahí que toco el tema de los cines ambulantes.
“Hay muchísimos elementos personales. Las citas a un montón de largometrajes existen, no son invenciones mías, tienen que ver mucho con el cine que vi y viví aquí en Durango. La reflexión de cómo se cierra un cine por la falta de público, por una condición económica que el actor Jorge Galván señala, cuando dice: ‘La gente ya no tiene dinero para ir al cine’, esa fue una realidad apabullante, independientemente de la llegada de la televisión y el video. Esas son aportaciones mías.”
El personaje del viejo exhibidor que da la última función porque ya no acude la gente a su cine, De la Riva revela que él lo vivió cuando falleció su padre y tuvo que dejar el cine de la sierra de Durango.
–¿Qué pasó con el género western?
–El cine ha cambiado de acuerdo a las épocas, a las circunstancias, y el western desafortunadamente como muchos otros géneros, dejó de ser popular. Desde los inicios del cine, prácticamente hasta en los sesentas, hablar de western era hablar de cine en su totalidad, era como el sinónimo de cine. Ir al cine era ver acción, aventura, cabalgatas, en fin… Y eso se acabó. Fue el género que sustentó el eslogan de Durango como la Tierra del Cine.
Érase una vez en Durango se filmó en el Rancho de John Wayne, La Joya, Villas del Oeste, Las Ventanas y La Sierra de Órganos.
–¿Cuál es la preocupación de su cine?
–Es un género durangueño que no existe como tal más que en mi caso, y espero que algunos otros cineastas estén interesados en seguir tocando temas que ocurran en Durango. Cuando empecé a hacer cine en súper ocho milímetros aquí en Durango, siendo estudiante de preparatoria, fue descubrir primero que tenía esa vocación, que me gustaba ver las cosas a través de una cámara, porque hice documentales, hice ficciones como director y también, como fotógrafo de muchos otros compañeros.
“Un día caí en la cuenta de que no me gustaba que las películas de Wayne se situaran en Estados Unidos y le ponían Tucson, o cualquier otro nombre. Eran paisajes de Durango que servían para contar historias que ocurrían en Estados Unidos, y dije, no es justo, porque Durango podría ser la locación de sí misma.
“Entonces, de allí vino mi inquietud de irme a estudiar cine al DF, para regresar a filmar esas historias que ocurrían en Durango, y no era una promoción al estado, no era promover el turismo sino una voluntad de expresar mi visión de la vida en la sierra de Durango.”
–¿Y en sus obras de alguna manera ya toca el narcotráfico?
–Lo preludiaba de manera lamentable, ya era difícil pero no con los alcances que tiene ahora. Era un riesgo ir a la sierra porque había mucha violencia. En los filmes hay un juego de nostalgia, pero no de idealización.
–¿Cómo le podría llamar a esa etapa del cine de los Almada, Mario y Fernando?
–Las películas de los Almada son una derivación del western y del cine rural. Manejaban desde luego las unidades básicas de protagonista, antagonista, la lucha entre buenos y malos, el bien y el mal, pero además tocando temas ya del narcotráfico, la frontera, y su cine era muy cercano a la gente.
“Con todas las carencias que pudo tener, pero también con muchísimos aciertos, porque le hablaban al espectador de algo que le era conocido, cercano. Cuánta gente en este país no tenía un pariente en Estados Unidos, ya expuestos a una violencia por el hecho de abandonar su tierra en búsqueda de mejores fuentes de trabajo, todo eso lo tocaban en sus largos. Con ciertas concesiones al espectáculo cinematográfico, la violencia, etcétera, pero con muchas bases en una realidad.
“Las personas que veían a los Almada, les creían que fueran narcotraficantes, policías o vengadores que podían tomar la justicia por su propia mano, y eso es una cualidad que debe tener el cine, sea del género que sea. Antes, había un enlace del cine mexicano con su público. Ahora el cine se ha vuelto un medio elitista, clasista, al cual la clase popular ya no tiene acceso; pero ve aún esas producciones a través de la televisión y la piratería.”
En Pueblo madera y El Gavilán de la Sierra , Mario Almada formó parte del elenco.
–¿Se estigmatizó al cine de los Almada?
–Sí, por sus temas, sus balaceras, aunque pienso a la distancia viendo ese cine que estaban reflejando la situación del país de aquel momento. Cuando sale Camelia la Tejana o Pistoleros famosos, todo eso existía, no era ficción. Ahora, las series de la pantalla chica los retoman, treinta años después.
–Sin embargo, ¿el narcotráfico siempre ha estado en el cine mexicano?
–Sí, desde los años treinta. Hay una película que no he visto, filmada en Tijuana, Contrabando (1933), de Alberto Méndez Bernal… La provincia es rica en temas. El infierno, de Luis Estrada (donde también actúa Mario Almada), es una cinta ubicada en la provincia, pero era un cine relegado al cine popular.
“De las primeras películas de Alberto Mariscal, había una llamada El mundo de las drogas división narcóticos (1963). Ese cine no se tomaba en serio y la crítica lo relegaba rápidamente por sus corridas comerciales.”
Remata De la Riva al decir que “parte de la labor del cine mexicano es mostrar la realidad, e interpretarla”.








