“Hahaha” en la Cineteca

Aunque enemigo de la grandilocuencia (Kim Ki-duk y sus épicas morales) o del regocijo sádico (Park Chang-wook y su trilogía de la venganza), el celebrado autor sudcoreano (premio en Cannes), Hong Sang-soo, no es por ello menos elocuente y agudo en su visión de la relaciones humanas como lo prueba Hahaha (Corea del Sur, 2010), cinta que gira en torno a una conversación entre dos amigos, un director de cine a punto de emigrar a Canadá y un crítico de cine.

La charla ocurre durante un encuentro casual, justo cuando Jo Moon-kyung (Kim Sang-kyung) termina sus vacaciones en Tongyeong, una ciudad de veraneo junto al mar. Lo que sigue es la revelación de una curiosa acumulación de coincidencias, en tiempo y espacio, donde los amigos compartieron más de lo que imaginan. Por medio de una serie de escenas retrospectivas interrumpidas por fotografías fijas en blanco y negro del presente de la conversación, Hong expone con humor el tema presente en todos sus trabajos anteriores: la experiencia fragmentada del individuo en sociedad, especialmente en el área de la sexualidad donde los personajes se sienten inadecuados o salen del paso solicitando una felación, como ocurre en La mujer es el destino del hombre (2004), o en Puerta giratoria (2002).

No es la fatalidad la que impone la dificultad de plenitud sino el azar y el juego entre subjetividad y objetividad, eso que el hombre moderno cree resentir dentro de un mundo concreto y que arma en su mente como vivencia completa cuando en realidad desconoce la mayoría de las piezas; para Hong el yo, el ego, es una especie de rompecabezas lleno de agujeros. Gran parte de la historia de Hahaha transcurre alrededor de la comida y la bebida; la madre de Jo Moon-kyung tiene un restaurante especializado en bok, un pez globo delicia culinaria que en Corea y Japón (fugu) requiere de un severo control en su preparación debido al riesgo de envenenamiento.

El trabajo que las funciones biológicas imponen nutrición y reproducción, organiza también las necesidades afectivas; la madre de Jo Moon-kyung exige que todos, empleados y clientes, la vean como mamá. Interesante, a este respecto, la manera de Hong de dirigir a sus actores con quienes pasa mucho tiempo tomando alcohol; se rumora que en sus películas los actores están tan borrachos como se supone que están los personajes. Pero de pronto aparece lo imprevisible en gestos y ritos que ajustan la realidad, una mujer que termina con su amante y para sellar el rompimiento lo carga sobre la espalda hasta caer exhausta; o la golpiza que la madre de Moon-kyung le propina en las pantorrillas con una vara. Para sorpresa del espectador, el hijo comenta que nunca se sintió tan querido como en ese momento.

No es verdad que Hong Sang-soo excluya el sentimiento de sus relatos, su técnica anti climática simplemente rehúye ese romanticismo literario y cinematográfico que provoca la ilusión de un amor ideal que culmina en el orgasmo pleno.