El acoso escolar, la humillación de un alumno por parte de sus compañeros, se generaliza en México. Se le conoce popularmente con el anglicismo de bullying y, si bien los estudios sobre el fenómeno son nuevos en el país, los pocos datos que existen indican que 19% de los estudiantes de primaria o secundaria lo padecen. Numerosas versiones no confirmadas sostienen que cientos de menores que no soportaron la presión se suicidaron…
De pronto la palabra bullying comenzó a ser parte del léxico de las familias mexicanas. Hasta hace poco nadie tenía idea de qué era el acoso escolar; ahora el término es aprovechado por partidos y gobiernos.
El bullying se ha definido como una actitud agresiva y repetitiva de algún estudiante hacia otro, sin más motivación que humillar y ridiculizar a la víctima.
Más allá de la politización del fenómeno, el país padece índices de acoso escolar que triplican la media internacional. Hay quien afirma que el bullying está cobrando cientos de vidas, pero los especialistas lo niegan rotundamente.
Se podría decir que cualquier adulto que alguna vez haya pasado por una escuela padeció, directa o indirectamente, las agresiones de sus compañeros; por eso hay quienes afirman que el bullying ya es un fenómeno muy viejo. El problema es que ahora se ha vuelto mucho más intenso y nocivo.
El pasado febrero, Francisco de Zataraín, presidente de la Fundación Contra el Bullying, dictó una conferencia ante alumnos de cuarto, quinto y sexto de primaria en Cancún. Al finalizar su charla, tres menores de edad, por separado, le preguntaron qué podían hacer si sentían ganas de suicidarse.
El 30.5% de los estudiantes en México ha llegado a pensar que “vale más morir que vivir”, advierte la Primera Encuesta Nacional de Exclusión, Intolerancia y Violencia en Escuelas Públicas de Educación Media Superior, elaborada por la SEP. Según el mismo estudio, 16.8% ha pensado en el suicidio y 11.9% ha intentado quitarse la vida.
Crecimiento desbocado
En agosto del año pasado, el Consejo Ciudadano de Seguridad Pública del Distrito Federal recibía cada dos días una llamada telefónica relacionada con el acoso escolar. Pero la frecuencia aumentó a tal grado que actualmente son cinco las llamadas diarias con ese motivo. En consecuencia, Luis Wertman Zaslav, presidente del organismo, tomó la decisión de capacitar a los psicólogos del Consejo en materia de bullying.
Hasta hace un año, la Asamblea Legislativa del Distrito Federal (ALDF) carecía de datos confiables respecto al bullying. Los legisladores pidieron a la Secretaría de Desarrollo Social información al respecto. Uno de los primeros reportes que recibió la presidenta de la Comisión de Salud, Maricela Contreras, fue que sólo entre marzo y junio de 2010 hubo 13 mil 633 denuncias por acoso escolar en el Distrito Federal.
En México, el nivel del bullying rebasa por mucho el promedio mundial.
Francisco de Zataraín, quien en su infancia fue víctima del bullying, se ha especializado en el tema al punto de desarrollar su propio método para detectar el acoso escolar en las aulas. Es un sistema en línea donde los alumnos, anónimamente, identifican a quienes se dedican a ridiculizar y menospreciar a sus compañeros.
El presidente de la Fundación contra el Bullying levantó una muestra con 14 mil 800 estudiantes y detectó que hay un promedio de entre 22 y 23% de agresores contra una media de entre 18 y 19% de víctimas, lo mismo en escuelas públicas que privadas. El promedio mundial, dice De Zataraín, es de 7% de agresores y 19% de víctimas. Esto quiere decir que en México hay tres veces más provocadores que la media y concentran sus ataques en un menor número de alumnos.
El mito de los suicidios
El pasado 22 de febrero, Trixia Valle, presidenta de la Fundación en Movimiento, aseguró que el año pasado en la Ciudad de México 194 menores de edad se habían suicidado a causa del bullying. Ahorcarse y cortarse las venas fueron los dos métodos utilizados por los menores para quitarse la vida, aseguró Valle ante los medios.
Un día después, el procurador capitalino, Miguel Ángel Mancera, desmintió la cifra. Afirmó que en 2010 hubo 34 suicidios de menores de edad, pero ninguno por bullying.
Proceso solicitó a Trixia Valle una entrevista sobre el tema, pero la presidenta de la Fundación en Movimiento declinó hablar de los menores de edad presuntamente muertos a consecuencia del acoso escolar.
Por su parte, el subprocurador de Averiguaciones Previas de la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal (PGJDF), Jesús Rodríguez Almeida, rechazó que la dependencia conozca de algún caso de suicidio por bullying.
Explicó que, de acuerdo con las investigaciones de la PGJDF, los 34 menores a los que aludió Mancera se suicidaron por “depresión, trastornos antisociales de la personalidad, falta de interés por la vida, por perder algún noviazgo o por sentirse aislados de su seno familiar.
“Algunos casos están relacionados con alcohol y drogas y esto genera que tengan una personalidad tendiente al aislamiento o a ser sujetos asociales que no tienen relaciones interpersonales permanentes.”
Rodríguez Almeida reconoció que existe sólo un caso detectado por la PGJDF de un menor que atentó contra su vida aparentemente a causa del bullying. Se trata de un estudiante de secundaria que a principios de este año bebió un destapador de cañerías por sufrir el continuo hostigamiento de una maestra. El joven sobrevivió.
De Zataraín tiene 10 años investigando el bullying y desde hace dos atiende en su organización a víctimas del acoso escolar. En esa década ha conocido unos 300 casos y sólo uno acabó en suicidio. Aclara que “nadie tiene las cifras de suicidios por bullying” y agrega que las autoridades “no saben ni siquiera tipificar si (los suicidios) son casos de bullying o no”.
No hay muchos casos documentados. El pasado 29 de mayo se difundió en algunos medios que un niño de nueve años se suicidó en Tlaxcala por las agresiones de sus compañeros. Utilizó una cuerda que su madre empleaba para colgar ropa.
El sábado 18 se publicó en algunos periódicos que Carlos Javier Aguilar Ortiz, un adolescente de 16 años, murió en Morelos tras sufrir una golpiza y ser aplastado por sus compañeros de aula en un caso que no fue propiamente de bullying. Pero en las hemerotecas no están documentados los 194 suicidios supuestamente ocurridos en el Distrito Federal…
Al respecto, María Jiménez, directora de Atención y Prevención de la Defensa Familiar de la Secretaría de Desarrollo Social del Distrito Federal, apunta que de acuerdo con el UNICEF, uno de cada seis niños que enfrenta bullying se suicida.
Si a los resultados de la encuesta de Francisco de Zataraín –según los cuales hasta 19% de los menores en México es víctima de bullying– se les aplica la relación establecida por el UNICEF, tendríamos un porcentaje de tres suicidios por cada 100 alumnos. Pero en las procuradurías no hay datos que sustenten esa cifra.
A juicio de Wertman, las autoridades ocultan las verdaderas cifras de suicidios por bullying. “¿Por qué te contesta una autoridad que los suicidios no son por bullying? Porque si tú como autoridad me estás diciendo que el bullying es un acoso, tiene que haber un culpable, ¿no? Tiene que haber un agresor, y ellos no tienen detenido a ningún agresor”, señala.
Guerra en la escuela
María Jiménez está en contacto con las 16 unidades de Prevención a la Violencia Familiar de la Ciudad de México. La terapeuta ha detectado que los estudiantes están afectados directamente por la violencia del narcotráfico: “La guerra también se lleva a la casa y la guerra también se está llevando a las escuelas; creo que la guerra se lleva adentro, en la subjetividad, en la forma de relacionarnos”.
El pasado 24 de febrero, la ALDF aprobó reformas a la Ley de Salud orientadas a atender el acoso en las aulas, lo que significa que se reconoce que aumentó la violencia en las escuelas.
Maricela Contreras explica que esas modificaciones incluyen orientación psicológica gratuita a las víctimas de acoso escolar. Los servicios de salud del gobierno del DF serán los responsables de la atención profesional. Como parte de la reforma, la Secretaría de Educación Pública deberá orientar a los maestros y padres de familia para detectar abusos en las escuelas.
Pero en cuanto a los profesores, los hechos indican que están lejos de contribuir a la disminución del bullying. De 100 llamadas que llegan al Consejo Ciudadano de Seguridad del Distrito Federal para reportar acoso escolar, sólo 3% son de maestros. Quienes sí denuncian son los padres de familia y los compañeros de escuela.
De Zataraín advierte que cuando los gobiernos intentan dar capacitación a los profesores en un tema adicional a su carga de trabajo, el resultado es contraproducente:
“Trabajo con los maestros y sé que están hasta el tope de trabajo, tienen que hacer montones de reportes, tienen que dar su materia, tienen que calificar, tienen que hacer muchas cosas. Cuando les mandas una nueva, lejos de decir ‘¡qué maravilla!’, la rechazan.”
Las autoridades y los partidos han volcado su atención al bullying. En estos días está por entrar en funciones la Unidad Especializada para la Atención de las o los Estudiantes Menores, de la PGJDF, orientada a atender denuncias por acoso escolar.
El grupo parlamentario del PAN en el DF abrió el sitio www.yodenuncio.org para recibir quejas por bullying. Tiene un video y hasta una encuesta para diagnosticar acoso escolar.
En septiembre pasado, el Gobierno del DF presentó su manual sobre bullying, distribuido en las escuelas de la capital.
El presidente de la Fundación Contra el Bullying critica: “En México está ocurriendo algo muy curioso: se pasó de no conocer ni siquiera el término a convertirlo en un tema político. Ya lo traen algunos en la agenda y empiezan a hacer competencias para ver quién saca más rápido un manual”.








